La fiscal de paso de la Esperanza de Triana: “Todavía me emociono”

Lola Olivero Pérez relata cómo ha vivido estos tres días intensos junto a la dolorosa de la calle Pureza.

Lola Olivero junto a los capataces ante el palio de la Esperanza de Triana.

Carmen Prieto. El 1 de noviembre, a las 16 horas, se abrían las puertas de la Capilla de los Marineros como preludio imprescindible de una procesión extraordinaria ya calificada como histórica, no sólo por lo que conmemoraba, seis siglos de devoción a la Esperanza en Triana, sino por el numeroso público que congregó, entre 250.000 y 260.000 personas en este traslado a la Catedral (el sábado 3, en la procesión de regreso, el Cecop calculó la presencia de 285.000 personas en algo menos de dos kilómetros de recorrido). Delante del paso, nerviosa y emocionada a partes iguales, Lola Olivero Pérez (Sevilla, 1966) asumía, por primera vez en una salida de estas características, la responsabilidad de ejercer como fiscal de palio.

La junta de gobierno de la hermandad de la Esperanza de Triana, presidida por Alfonso de Julios-Campuzano, su hermano mayor, le había encomendado esta tarea en la que Lola ya tenía cierta experiencia, “aunque una salida así es muy diferente”. En la Madrugá de 2012, “en la que la lluvia nos obligó a tomar directamente por Pureza al alcanzar el Altozano”, ocupó este puesto ante el misterio del Cristo de las Tres Caídas. Al año siguiente, en 2013, se estrenó como fiscal del palio. En esta ocasión extraordinaria, “la presión de los horarios no era la misma que en una Madrugá: no había cruces con otras hermandades ni teníamos que llegar a la Catedral a una hora exacta”, pero aún así cumplieron.

Procesión extraordinaria de la Esperanza de Triana. / Foto: Manuel Gómez

La corporación, pese a la cantidad de público, y “gracias al esfuerzo de todos y del dispositivo especial del Cecop”, se ajustó en todo momento a lo previsto: “Esta vez entendíamos que debíamos cumplir para evitar los cortes de tráfico. La ciudad no puede estar paralizada por una procesión. Había que cumplir de la forma más seria y entorpecer lo menos posible”, explica esta administrativa de la Universidad de Sevilla. No obstante, no ha sido fácil. La cantidad de gente, “siempre tenemos mucho público, pero esta vez las expectativas eran mayores”, y el paso por calles más estrechas, como Rodrigo de Triana a la vuelta, en la que también había mucho público, ralentizaba el ritmo, pero “lo importante es que la Virgen se ha paseado magníficamente” y la banda de Las Cigarreras, que se estrenaba tras el palio, “se ha volcado”.

La procesión extraordinaria de la Esperanza de Triana desde Torre Sevilla. / Foto: Manuel Gómez

“Todavía estoy en una nube”, confiesa días después. “Al principio, cuando me eligieron, me puse muy nerviosa. Es una responsabilidad grande para un hecho histórico. Un honor que no se puede tomar a la ligera. Pero también con mucha alegría”, relata sin ocultar su satisfacción por el resultado: “No ha habido incidente alguno y creo que toda la hermandad ha disfrutado mucho”. Por esto, a Lola le cuesta quedarse con un momento concreto de todo lo vivido estos tres intensos días. Para ella, lo más importante es la “devoción a la Virgen. La cara, las lágrimas de la gente que llevaba mucho tiempo en la calle esperando la salida. Los niños gritándole guapa, la gente mayor con lágrimas en los ojos… Se ve que la gente quiere a la Virgen. Todavía me emociono”.

Nuestra Señora de la Esperanza entra en Pastor y Landero. / Foto: Hdad Esperanza de Triana.

Y es que Lola se hizo hermana por iniciativa propia en 1985. “Mi familia siempre ha sido devota de la Esperanza pero ninguno se había hecho hermano”, hasta que ella empezó a relacionarse con el grupo joven, justo el año de la coronación de la dolorosa de la calle Pureza, en 1984, y entró en el coro de la hermandad y pidió los papeles para formar parte de esa legión (la nómina supera los 12.500 hermanos) que cada Madrugá viste túnica y antifaz de terciopelo morado o verde y capa blanca. Desde entonces se ha ido implicando cada día un poco más en la vida de la corporación hasta entrar a formar parte de la junta de gobierno, primero con Adolfo Vela, como secretaria segunda y conciliaria tercera, y después con Alfonso de Julios-Campuzano, como secretaria primera y, en este segundo mandato, como diputada de culto.

Con esta responsabilidad, Lola Olivero ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de los actos del Año Jubilar. En sus manos estaba la organización y recepción de las distintas peregrinaciones a la Capilla de los Marineros: “Hemos recibido unas 240 peregrinaciones, más de 8.000 peregrinos han pasado por la capilla. Y los que quedan”, porque a esta celebración le queda aún un mes.

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