Universidad de Sevilla

Arantxa Echevarría: “Hablo de lo que me duele”

De las historias más impactantes, sin duda Carmen y Lola es un filme que consigue transmitir emociones y crear reflexiones, sobre temas que muchas veces quedan ocultos.

La realizadora se plantea hacer otras temáticas, pero sabe que con la película visibilizó un colectivo.

Adriana Ciccaglione. Al subir al escenario lo manifestó abiertamente: “Soy una niña”. Y sí ciertamente, sólo una niña grande puede ver de manera transparente y al mismo tiempo hacer de la denuncia un grito, convertido en película: Carmen y Lola.

Su directora Arantxa Echevarría ganó el Goya a Directora Novel, y entre risas y emoción, muestra su lado más humano, el mismo que necesitó para grabar y adecuar las escenas de su ópera prima.

“Lo bueno de escribir el guión y de dirigir, es que cuando se presentan situaciones o complicaciones, puedes adaptar la escena. Eso me pasó con Carmen y Lola, con una gitana a la que estaba grabando y se tuvo que ir del lugar donde hacíamos el rodaje. La película la hice con personas que no son profesionales de la actuación, porque necesitaba lo real, que se sintiera y viviera, quería que fueran gitanas que conocen su cultura quienes la representaran”, explicó la directora.

Es así, como una de las anécdotas de grabación era hacer una escena en la que el padre enviaba a su hija al cuarto sin cenar. Los intérpretes enmudecieron y explicaron a Echevarría que por más disgustado que esté un padre gitano, jamás lo dejaría sin el pan y la comida.

En cuanto a la filmografía que quiere hacer, la realizadora comentó que “no me sale otra cosa que hablar de lo que me duele. No tiene por qué ser sólo cine social. La película ha servido para visibilizar un colectivo, para que los diferentes no se sientan solos”.

Cree que el cine tiene una función social enriquecedora, y comentó que dos jóvenes gitanas se han comunicado con ella, para manifestarle lo que ha ocurrido en sus vidas luego de ver la película. Una de ellas, al igual que el personaje de Lola, se tatuó el colibrí en el brazo. Mientras que la otra muchacha, le manifestó que después de verla, quería conversar con su padre e incluso invitarlo al cine.

Hay muchos padres gitanos que han cambiado la visión, sobre tener un hijo homosexual.  Sin embargo, hasta en la homosexualidad femenina hay patriarcado. Siempre se ha podido esconder bajo los términos de amistad o las personas no lo quieren ver. Esto hay que decirlo”.

Estaba feliz, lloró de la alegría al tener el Goya en sus manos, pero pide que sean cada vez más mujeres las realizadoras de cine.





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