Avenzoar, un gran sabio de la Sevilla musulmana

Avenzoar fue uno de los sabios más famosos del Islam, y tal vez el más célebre de la escuela arábigo española en Sevilla.

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Virginia López. La Fundación Avenzoar, del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla, cumplirá 45 años el próximo 16 de diciembre. Queremos adelantarnos en felicitarla por su larga y fructífera trayectoria, en este artículo dedicado a dar a conocer a su titular. Merece también sin duda toda clase de reconocimientos, pues entre sus paisanos permanece en el olvido.

Avenzoar, en su grafía con be o uve, no es más que el nombre latinizado, o castellanizado, de Ibn Zuhr. Fue un científico musulmán que alcanzó las mayores cotas de sabiduría entre un copioso colectivo.

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No se conoce con precisión su año de nacimiento. Pudo ser en la localidad de Peñaflor, pero no hay duda que Abū Marwān ‘Abd al-Malik ibn Abū-l-‘Alā’ ibn Abū Marwān ibn ‘Abd al-Malik ibn Abū Bakr Muḥammad ibn Marwān ibn Zuhr al-Isbīlī al Iyādī, rebautizado también como Abumeron en diferentes grafías, murió en la Sevilla almohade, hacia el año 1162, el 557 del calendario islámico, tras superar noventa y dos años lunares.

Perteneció a una saga de seis generaciones de médicos. Ello facilitó su aprendizaje e incorporación al gremio, sucedido por su hijo, con quien se le confunde a menudo, por su hija y probablemente más de alguna mujer de la familia. Sobre su nieta Sarah Benzoah, fabuló el médico escritor Francisco Gallardo, cuya novela La última noche, fue ganadora del Premio Ateneo de 2012.

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La vida de Avenzoar fue usualmente azarosa, propia del tiempo histórico que le tocó vivir, tónica general de Al Andalus en realidad, donde sirvió a las dos dinastías reinantes, almorávide y almohade sucesivamente, cuya dualidad geográfica, a caballo entre Marrakech y Sevilla, experimentó el galeno.

Frente a la tradición que le atribuye un estreno tardío cuarentón, hay una declaración atribuible donde manifiesta que, siendo muy joven, promulgó ante su padre el juramento Hipocrático, empezando en el acto a practicar la medicina como su ayudante e incluso sustituto. El padre ya estaba instalado en Sevilla tras recuperar las propiedades confiscadas por los Abbadíes. Su formación fue acorde a la de su tiempo y su clase social alta: ciencias coránicas, derecho, lenguas y literatura y gracias a la biblioteca paterna, con amplias referencias grecolatinas, engrosada con los estudios de sus familiares, tuvo una amplísima formación médica.

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Al servicio de la corte, atendía a ambos lados del estrecho y parece que le encomendaron misiones políticas. Ostentó el cargo de Visir, quizá de carácter únicamente honorífico como ocurría en el occidente musulmán.

Un episodio importante en su vida fue el encarcelamiento que sufrió en Marrakech a raíz de perder el favor real. Las fuentes sitúan a su familia con una posición privilegiada en la corte y con un ascendente capaz de influir en la destitución del príncipe Abu Bakr ben ‘AlīBen Yusuf como Gobernador de Sevilla, hacia el 1124. Su caída en desgracia lo alejó en exilio de su mujer e hijos, cayendo a su vez gravemente enfermo. No se sabe cuándo fue encarcelado, pero ya no pudo asistir al entierro de su padre. Como curiosidad, llegó a tener discípulos en su cautiverio. Al morir el jerarca que le encarceló recuperó su libertad pero permaneció algún tiempo en la capital magrebí, siendo testigo directo del cambio dinástico en el año 1146.

Pese a estar encarcelado atendió a familiares y altos dignatarios almorávides para posteriormente acogerse desde pronto a la protección del primer califa almohade. Una vez Avenzoar regresa a Sevilla, no volverá al norte de África.

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Avenzoar muere en Sevilla a consecuencia de una nagla, término identificado como epitelioma. Fue enterrado junto a sus ancestros, en la Bab al-Fath o Puerta de la Victoria, junto a la Torre de Abdelaziz, hoy conocido como Arquillo de Plata, restaurado por Aníbal González. En aquel tiempo era un solaz espacio denominado Mary al-fidda (Pradera de la Plata). Se mantuvo plantado de olmos hasta el siglo XIII y cuentan las crónicas que siempre estuvo vinculado a echar barzones por la sociedad elegante.

Al igual que su padre y otros antepasados, escribió varios tratados médicos, siendo su obra Kitab al-Taysir, la más importante. Un tratado de patología y terapéutica que tuvo tal impacto en Europa desde su traducción en 1281 por Juan de Capua, que seguía siendo manual universitario en el siglo XVIII. Se cree encargo de Averroes aunque oficialmente es una obra auspiciada por su mecenas político. Lo cierto es que su tratado se imprimió junto al Kitab al-Kullyat fi-l-tibb, de Averrores, como un conjunto de medicina teórica y práctica. No parece que Averroes fuera su discípulo pese a que el filósofo lo menciona al final de su compendio médico.

Imagen retrospectiva del ‘Arco de Plata’.

Entre sus logros científicos se le atribuye la primera descripción de determinadas patologías como los tumores del mediastino (parte del tórax que está entre el esternón y la columna vertebral, y entre los pulmones y contiene el corazón, los vasos sanguíneos grandes, la tráquea, el timo, el esófago y tejidos conectivos),el absceso de pericardio y la erosión intestinal. También la introducción o perfeccionamiento de la alimentación artificial por vía esofágica o rectal. Se le considera uno de los primeros médicos que trató el Sarcoptes Scabiei, agente de la sarna. Así mismo, es considerado uno de los primeros en recomendar la traqueotomía. Parece que solo la practicó una vez y a una cabra. Descubrimientos y recursos terapéuticos que, sin embargo, carecían de un juicio crítico definitivo.

Tenía gran seguridad a la hora de ejercer la medicina. Era claramente reluctante a la sangría y las cirugías, por suponerlas inferiores, así como a la preparación de medicamentos, que consideraba tarea impropia de un hombre intelectual. Así, es el primero en separar la medicina, de la cirugía y de la farmacia, así como la oftalmología de la medicina. Siendo eminentemente práctico, sigue el método empírico de apoyar siempre sus observaciones en la experiencia. Su interés se centra en los problemas prácticos de la medicina (diagnóstico, pronóstico y terapéutica), más que en cuestiones meramente teóricas.

Representación de médicos islámicos medievales interviniendo.

Hasta ahora hablamos de su faceta médica pero su reconocimiento llega por la farmacopea. Confesó verdadera afición por la farmacología. Hizo gala del perfeccionamiento de fórmulas y habilidad en preparar excipientes o disimular el mal sabor u olor de los medicamentos. Es uno de los pocos médicos islámicos que dedican especial atención a la cosmética, que desarrolla en un libro. En este sentido va más allá de sus predecesores. No solo de perfumes, ungüentos, colirios y tratamientos corporales y capilares o normas de higiene dental y sexual, sino también se ocupa de malformaciones físicas para cuyo arreglo llega a preponer operaciones quirúrgicas.

Si se percatan, los estudiosos de Avenzoar entran en contradicciones sobre su espectro de actuación, pero las recogemos como tal.

En cuanto al estudio de la cosmética, su original enfoque se trasluce en un interés que va más allá de mejorar la funcionalidad de las distintas partes del cuerpo. Subordina el embellecimiento y la eliminación de la fealdad a un ideal estético que concibe como parte destacada de la Medicina y por tanto al servicio del Sumo Hacedor.

Su obra se caracteriza, bien por convicción religiosa como parece, bien por sometimiento al fanatismo imperante, por una estricta observancia de los preceptos islámicos.

Como recoge la fundación en su web: “Avenzoar fue uno de los sabios más famosos del Islam, tal vez el más célebre, de la escuela arábigo española. Superior a Avicena, por el carácter práctico de sus escritos. Más profundo que ningún otro en medicina, porque se especializó en ella huyendo del carácter enciclopedista de sus contemporáneos.”

La Fundación Farmacéutica Avenzoar nace el 16 de diciembre de 1977. Este reconocimiento a Avenzoar resultó fruto de un acuerdo de la Asamblea General del Real e Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de Sevilla. Entonces era presidente de éste Rafael Álvarez Colunga. Fue promovida por un grupo de farmacéuticos sevillanos interesados en fomentar la formación científica, profesional y humanística del colectivo profesional y revertir sus frutos a la sociedad. Es la primera Fundación de carácter sanitario de Andalucía y una de las primeras de España. En 2010 se creó junto con la Universidad de Sevilla la Cátedra Avenzoar, con el fin de contribuir a la formación de futuros profesionales.

Casi en la esquina de la calle Alfonso XII con Bailén, está la sede. Avenzoar tiene dedicada una calle a la espalda de la Facultad de Fisioterapia y Podología. Pero no existe, por ejemplo, ningún centro escolar o un jardín que lleve su nombre, ni una estatua.

Quizá los albarelos del Museo de la Historia de la Farmacia, uno de los secretos de Sevilla, en la Facultad homónima, atesoren su elixir de la belleza.

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