Beatriz Carrillo, la gitana que derriba muros cada día

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Carrillo lleva muchos años peleando por derribar estereotipos.
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Carrillo lleva muchos años peleando por derribar estereotipos.

M.C. Contreras. Es una mujer, una más, que desde la Universidad se vio que no se iba a resignar a ver que había distinciones entre su sangre gitana y la castellana. Es Beatriz Carrillo. La Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas  (FAKALI), se ha felicitado del nombramiento de la presidenta de esta entidad, la sevillana Beatriz Carrillo, como presidenta de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Estado contra la Violencia de Género en el Congreso de los Diputados, la primera mujer gitana que preside una comisión en el Congreso.

A través de un comunicado, FAKALI ha entendido que “es un orgullo que nuestra máxima representante ostente un cargo de tanta responsabilidad como este, y en un ámbito de máximo interés para nuestra sociedad, como es la lucha contra la violencia machista, que cada año se lleva la vida de decenas de mujeres en nuestro país”. Esta semana se ha dado un nuevo caso.

Por ello, “enviamos nuestra más calurosa felicitación a Beatriz Carrillo. Le deseamos todo el éxito posible en su nueva y ardua tarea encomendada”.

“Sin duda alguna contribuye a seguir derribando estereotipos y prejuicios que impiden el desarrollo para la plena inclusión de la población gitana en nuestra sociedad”, concluye.

Beatriz Carrillo ya hizo historia en noviembre de 2017, cuando se convirtió en la primera mujer en ocupar un cargo de responsabilidad en el Consejo Estatal del Pueblo Gitano, desde el que “hay mucho que trabajar para eliminar la gitanofobia que aún existe en la sociedad” y luchar contra las desigualdades de género.

Ahora, preside la comisión del Congreso, todo un hito para una mujer gitana.

La vicepresidenta primera del Consejo del Pueblo Gitano, el máximo órgano a nivel nacional de este ámbito, admite con cierta naturalidad la relevancia del cargo que asumió hace poco más de un mes, aunque entiende que “es un orgullo haber sido elegida por las organizaciones más representativas de todo el país, y es bueno reconocer que no son espacios a donde llegan las mujeres”.

Junto a los casos más llamativos, hay pequeñas historias que eliminar, “como la de chicos que no los dejan entrar en espacios de ocio, bares y discotecas, gitanas que se sienten perseguidas y les abren los bolsos para ver si se han llevado algo de un comercio o personas que no les alquilan viviendas por los apellidos”, casos que “muchas veces no se denuncian” y, por tanto, no se pueden combatir.

“El antigitanismo es algo histórico, pero vivimos en una época convulsa, una deriva hacia la fobia al pueblo gitano que en algunos casos se ha justificado por la crisis económica, de modo que ha estado debajo de las alfombras, pero ha saltado de forma más violenta, sobre todo en Europa”.

Por eso, lamenta que los hechos tangibles de fobia a los gitanos “aumentan cada día” y hay que enfrentarse ellos, en una pelea que no es fácil, porque “todo lo negativo se asocia con los gitanos, entendiendo que los otros son los malos, los forasteros, y así nos siguen considerando, los salvajes, siempre con connotaciones negativas”.

Cambiar eso no va a ser tarea de un día para otro, y es una labor “en la que la responsabilidad la tienen las instituciones, los poderes públicos, que tienen que eliminar obstáculos que impiden la inclusión a pie de igualdad, de la misma forma que el resto de la ciudadanía”.

Su pelea es diaria, y poco a poco se van viendo los frutos de una labor que, nunca mejor dicho, Beatriz lleva en la sangre,

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