9 septiembre 2026
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Bernar USK: Sevilla en trazo vivo

Sus cuadernos mezclan patrimonio, activismo intersexual, cultura popular y escenas cotidianas para construir un retrato diferente de Sevilla desde el dibujo.

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Carmen González. Hay quien pasea por Sevilla con una cámara de fotos. Bernar USK (@bernar_usk en Instagram) lo hace con un cuaderno, lápices, bolis y pinceles de agua. Desde hace años recorre la ciudad dibujando calles, plazas, manifestaciones, conciertos, procesiones o simples escenas cotidianas que, quizá, mañana ya no existan.

Explicar quién es no le resulta sencillo. Se define como alguien que no sabe salir a la calle sin papel y tinta. La costumbre es tan fuerte que si un día se da cuenta en la parada de que se ha dejado el estuche en casa, prefiere perder el autobús, llegar tarde a donde vaya y desandar el camino antes que pasar la jornada con las manos vacías «para variar».

Para él, abrir una libreta en medio de la calle no es un gesto artístico ni pretencioso. Es una necesidad vital. Entre el bullicio de una masa de gente o a oscuras en una sala de conciertos abarrotada —lugares donde la cabeza se le satura con facilidad—, sacar el cuaderno funciona como un refugio: «Abro el cuaderno y es como si me transportase a una habitación donde estoy solo, sentado en un sofá con una tele delante mía, desaparece todo a mi alrededor y me puedo enfocar en lo que quiero. El dibujo diario me sirve como desahogo y descanso de todo lo que veo en el día a día, lo descargo todo ahí y así puedo descansar».

 

La ciudad que se coló en los apuntes

Bernar no planeó convertirse en una especie de cronista de la ciudad. Estudió Biología, y al principio sus libretas estaban llenas de esquemas de clase, apuntes de trabajo y pequeños dibujos de sus escapadas de senderismo los fines de semana. Pero al terminar la carrera, la vida cambió de ritmo. Los cuadernos de campo fueron dejando paso a las quedadas en los bares, a las charlas con amigos y a la sociabilidad sevillana. Con el tiempo, casi todo lo que dibuja no ha sido más que la excusa perfecta para terminar sentado alrededor de una mesa compartiendo unas cervezas con los suyos.

Tampoco eligió el lápiz por romanticismo. Durante años intentó hacer fotos, pero los primeros móviles apenas tenían resolución y un temblor crónico en las manos —vinculado a su propia genética— le complicaba el pulso. Compró una cámara réflex con estabilizador, pero la verdadera lección llegó al comprender la fragilidad de la tecnología digital. Ver cómo los disquetes quedaban inservibles o el impacto que le produjo el borrado total de Tuenti con todos sus archivos dentro le hizo comprender que internet y los discos duros no son de fiar. La única manera de preservar la memoria tenía que ser en papel.

Perderse sin mapa por la rueda sevillana

A Bernar no le gusta encerrarse a trabajar entre cuatro paredes. Para él, dibujar en un estudio huele a encierro o a estar enfermo. Lo que le da vida es la calle, salir a caminar sin saber qué se va a encontrar y dejarse llevar por la espontaneidad del momento. Apenas mira la agenda a más de una semana vista. Si sale un día cualquiera, lo normal es hacer su ruta circular de siempre: coger el autobús 37, bajarse en el centro y patear un circuito donde «siempre hay algún jaleo» —Puerta Jerez, Plaza Nueva, la Gavidia, San Lorenzo, la Alameda, San Juan de la Palma, las Setas, Santa Catalina, Puerta Carmona— para luego volver a casa en la línea 1 de Tussam.

En esa deriva, Sevilla se le presenta como un reloj que no para de girar: «Cuando no es Navidad y se están sacando Niños Jesuses, es Cuaresma y estamos de Vía Crucis, luego la Semana Santa, de ahí a las Glorias (con las Cruces de Mayo en medio), el luto otoñal y vuelta a empezar». Pero en medio de esa rueda tradicional, Bernar busca siempre dos momentos en los que la gente corriente vuelve a tomar el espacio público: las procesiones religiosas y las manifestaciones políticas. Son los dos únicos motores capaces de devolver la ciudad a sus vecinos y disputarle el terreno al turismo masivo en lugares gentrificados como la Avenida de la Constitución o las Setas.
 

La memoria que los periódicos no cuentan

Dibujar la calle le ha enseñado a mirar con sospecha la historia oficial. Al comparar sus propios cuadernos con la prensa local en papel, descubrió que hay realidades enteras que los periódicos deciden ignorar simplemente porque «lo que no les gusta pues no existe». Le inquieta qué pasará cuando alguien dentro de cincuenta años acuda a las hemerotecas a investigar nuestra época: si nadie lo remedia, parecerá que en Sevilla jamás hubo movilizaciones por Palestina o que la ciudad era solo un escenario idílico para pudientes, tal como ocurrió con los relatos del siglo XIX. Sus libretas son, en el fondo, una contra-hemeroteca de trinchera.

Esa mirada atenta le hace dolerse también cuando la ciudad muta y pierde su identidad popular. Cada cinco o siete años nota cómo desaparecen negocios centenarios y cómo los inmuebles históricos se convierten en hoteles. Intenta no caer en el discurso derrotista de que todo tiempo pasado fue mejor, sabiendo que para la chavalería de veinte años esta Sevilla actual será su mejor época. Sin embargo, hay heridas que no cierran. Cuando presenció el derribo de las casitas bajas de pescadores junto al río Guadaíra en su propio barrio —un rincón que él había dibujado incansablemente e incluso construido en miniaturas de cartón—, el dolor de ver la demolición fue tan grande que no pudo ni sacar el lápiz.

Cuarenta lápices, un estuche y la búsqueda del trazo

En 2017 se incorporó al colectivo Urban Sketchers de Sevilla, una experiencia que recuerda con cariño y que le sirvió para perder la vergüenza de dibujar rodeado de miradas curiosas. Sin embargo, hacia 2023 se fue alejando de las quedadas colectivas para seguir su propio ritmo, mucho más individual y acelerado.

Aunque en la calle todo el mundo reconoce sus dibujos al instante, él afirma irónicamente que aún no ha encontrado su estilo: «Veo una escena, imagino al momento cómo dibujarlo pero cuando mi mano traduce las órdenes del cerebro pues no sale como quiero. Si algo sale muy mal le meto mucho colorido para distraer la mirada de que a lo mejor hay una persona retratada con 8 dedos en una de sus manos». Con los años ha pasado del trazo austero en blanco y negro a cargar a diario con un estuche de cuarenta lápices y rotuladores que llama su «color en HD», provisto de siete tonos de verde para la vegetación y seis de rojo para las túnicas cofrades, marcando distancia con la tradición del cartelismo hiperrealista.

La creatividad no descansa

La cabeza de Bernar no descansa ni durante el sueño. A menudo se despierta de golpe con una idea clara en la mente y siente la necesidad de levantarse a recortar cartón o escribir antes de poder volver a la cama. Trabaja de manera directa, sin bocetos previos. Así han nacido maquetas de cartón de más de cien edificios de Sevilla que en diciembre le sirven como Belén, disfraces, pegatinas y fanzines hechos a mano.

El fanzine es para él un pulmón de libertad frente a los algoritmos y la censura de las redes sociales. Así nació Corpore, su primer fanzine personal escrito en apenas dos días de fiebre para volcar en lenguaje coloquial andaluz su vivencia como persona intersexual, rompiendo con la frialdad del idioma médico y perdiendo el miedo a hablar públicamente.

Y así nació también su colección de maquetas a escala de vehículos militares en cartón. En 2012, tras el estallido de la Guerra Civil Siria, un amigo de su padre desapareció en el conflicto. Mientras pasaba incontables horas rastreando noticias y contactando con periodistas hasta saber que estaba a salvo en 2016, Bernar canalizó la angustia recreando en cartón los tanques y camionetas que observaba en las imágenes del conflicto.

Visibilidad intersexual

Al preguntarle, Bernar cuenta que esto es algo que casi nace como necesidad, es decir, como apenas nadie hablaba del tema, lo hizo él.

«Muchas veces traducir el «idioma científico» al del día a día es un asunto complejo pues dio la casualidad que yo lo soy, estudié biología (y por tanto genética, que de por sí es de las materias más engorrosas de la propia carrera) y encima mi forma de desahogo es el dibujo. En un principio, en los propios cuadernos no hablaba del tema al considerarlo demasiado personal. Mi forma de entrar en el mundo del fanzinero fue a finales de 2019 haciendo un zine volcando, o como dije en su día, vomitando todo lo que no había contado en años (porque el mismo lo escribí y dibujé en apenas dos días a la vez que estaba malo con fiebre). Escrito en lenguaje coloquial andalú sirvió como un punto de partida pa perder el miedo a hablar en público de este tema».

 

La calle, el miedo y la vida que no espera

Estar expuesto en la acera entraña riesgos. En las redes lidia a diario con descalificaciones, pero en ocasiones la violencia ha traspasado la pantalla: ha llegado a recibir fotos amenazantes con balas, cuchillos o imágenes suyas tomadas a distancia para hacerle saber que lo vigilan mientras dibujaba en eventos como la Cabalgata de Reyes. Aun así, sigue compartiendo su trabajo porque no soporta la idea de dejar los cuadernos guardados en un cajón.

A pie de calle ha vivido episodios surrealistas. Durante una procesión del Gran Poder, un hombre se le acercó de forma intimidante y le soltó: «Como dibujes mal a mi padre te mato». Al comprender que hablaba de la imagen sagrada, el impacto fue tal que Bernar modificó su técnica para siempre: dejó de detallar las facciones de las imágenes religiosas, dejando los rostros de las Vírgenes despejados y los Cristos solo sugeridos. En el lado opuesto, recuerda con humor el día que dibujó un radar militar en el Parque de María Luisa:

«Una militar se emocionó porque nunca les dibujan ni les hacen fotos porque son informáticos y no llevan armas, solo ordenadores. Por ese dibujo, luego me invitaron a dibujar en la base de Tablada un montón de veces y me regalaron mermelada».


Un archivo de tinta para cuando ya no estemos

Si tuviera que elegir una sola página de sus casi cincuenta cuadernos para resumir la identidad de Sevilla, se decantaría por los contrastes violentos que conviven en la ciudad: esas páginas dobles donde en un lado quedó registrada la capilla ardiente del cardenal Amigo Vallejo en el Arzobispado y, en el reverso exacto, una conferencia de trabajadoras sexuales en un espacio cultural alternativo. En sus libretas casi nunca se dibuja a sí mismo, pues considera que su presencia queda implícita en la propia mirada que construye la escena.

A punto de arrancar su cuaderno número cincuenta, Bernar contempla su obra como una lección de historia para el futuro: «Me gustaría que usen mis cuadernos para desmentir los mitos que en su presente se usen para hablar del pasado. Obvio que el clima es de crispación por el ascenso fascista pero oye, que hubo gente aquí tratando de frenarlo y que también tuvimos tiempo pa divertirnos y ocupar la calle como nos daba la gana». Confía en que sus cuadernos resistan el paso del tiempo junto a los de otras ilustradoras de la ciudad, guardando en papel la memoria viva e incorruptible de la Sevilla real.

1 comentario en «Bernar USK: Sevilla en trazo vivo»

  1. Tuve la suerte de conocer a este chico y es puro arte, magia y sentimiento. Ojalá no deje nunca de enseñarnos la vida a través de sus trazos.

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