Cuando Isabel II visitó Sevilla por primera vez

Rechazó que la nueva plaza resultante del derribo del Convento Casa Grande de San Francisco llevara su nombre y su estatua. Y fue idea suya que estuviera dedicada al Rey Fernando III “El Santo”, patrono de Sevilla. Sin estatua ni calle, solo el puente lleva su nombre.

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Virginia López. Isabel II visitó Sevilla por primera vez en 1862. Dada la multitud de elementos que están relacionados en Sevilla con la Reina Isabel II pareciera que nos visitó en multitud de ocasiones. Y así fue. A ello se suma que su hermana, la Infanta María Luisa casada con el Duque de Montpensier, viviera aquí.

Moneda conmemorativa de la primera visita de Isabel II a Sevilla.

Pero vamos a detenernos en la que fue su primera visita oficial, justo diez años después que bautizaran con su nombre el nuevo puente de Sevilla que sustituyera al emblemático Puente de Barcas existente desde el año 1171. Pero los sevillanos lo llamaron siempre Puente de Triana… y así se quedó. Aunque oficialmente y tal y como vemos en sendos rótulos que hay en cada extremo, su nombre sea Puente de Isabel II.

Retrato de Isabel II en 1859 por Dionisio Fierros Álvarez.

El 18 de septiembre de 1862 a las cinco y diez de la tarde el tren real entra en la Estación de Córdoba, adornada a los efectos como un idílico jardín, con fuente incluida, y de él se apean la Reina y su séquito. La Giralda y otros campanarios repican junto con las salvas de los cañones. Suenan la Marcha Real y continuos vítores en su honor. En un apartado de la estación preparado al efecto le saludan el alcalde García de Vinuesa junto a los Duques de Montpensier y demás autoridades civiles y militares de la provincia.

Arco de triunfo efímero levantado frente a la Torre de Abdelaziz.

En la calle un espléndido carruaje a la andaluza, obsequio municipal a su graciosa majestad, esperaba a la reina que se dio el gusto de saludar al inmenso gentío que se arremolinaba.

Otro arco de triunfo efímero en la Avenida de la Constitución

No podemos pasar por alto la crónica social pues la reina lucía traje de brocado y velo blanco, su marido Francisco de Asís de Borbón vestía el uniforme de Capitán General y los niños iban ataviados con trajes de majos andaluces, regalo también del Ayuntamiento que los había enviado a la corte. En ese momento la Infanta Isabel “La Chata” tenía 10 años, le seguía el futuro Alfonso XII con 4 años y la Infanta Pilar con quince meses.

El recién inaugurado Puente de Isabel II (litografía de los años 50 del siglo XIX).

Hacía menos de un año que había muerto la Infanta María de la Concepción y en junio de ese mismo año de 1862 había nacido la Infanta María de la Paz. A su vez, los Duques de Montpensier tuvieron el 12 de mayo al Infante Felipe Raimundo María que fallecería dos años después.

En el Alcázar se conserva el dormitorio de Isabel II. por desgracia no se visita en el cuarto real.

El cortejo dio un paseo por la ciudad pasando por los arcos de triunfo efímeros levantados para la ocasión. Tras una breve parada de acción de gracias en la Catedral – donde no estaba el Arzobispo pues el 26 de agosto había fallecido Monseñor Tarancón y hasta el 15 de noviembre no se publicó en la Gaceta de Madrid el nombramiento por la reina del Cardenal Luis de Lastra – se dirigieron al Palacio de San Telmo. En el séquito real se encontraba el Confesor de la reina,Claret, cuya presencia sirvió de prédica en nuestra ciudad y con gran apego a las hermandades.

Carreras de caballos en Tablada (1877).

Ya a la tarde tuvo lugar el consabido besamanos en el Salón de Embajadores de los Reales Alcázares. Durante su estancia, la Reina Isabel II visitó la Real Fábrica de Tabacos, el Museo de Bellas Artes, la Escuela Superior Industrial – fundada en 1850 y con sede en el Convento de San Pedro de Alcántara junto al primer instituto de la ciudad, el San Isidoro, fundado en 1845 y que el año pasado vio frustrarse la celebración de su 175º aniversario –, la Universidad Literaria, el Beaterio de la Santísima Trinidad, la Real Fábrica de Artillería, la Pirotecnia militar, el Hospital de la Caridad… Y como diversión subió a la Giralda y el día 20 asistió a una corrida en su honor en la Maestranza.

Otro arco de triunfo efímero levantado junto a la Estación de Córdoba.

El 26 de septiembre por la mañana la reina dejaba Sevilla y partió rumbo a Cádiz.

Los nueve días de estancia dieron para mucho y el ambiente festivo se mantuvo en todo momento. Desde el 20 de agosto la ciudad se había preparado para la real visita y algo tan moderno como una comisión política, se creó en nuestro ayuntamiento con ocho munícipes y el alcalde al frente, para recibir y agasajar a la reina del mejor modo. A lo que ya estaba más que acostumbrada la ciudad pues desde Fernando III hasta Felipe VI todos los monarcas, sin excepción, han pisado tierra hispalense.

Pabellón levantado en la Plaza Nueva.

El 30 de agosto el ayuntamiento había tomado una serie de medidas encaminadas a la beneficencia y aliviar las penosas supervivencias de algunos vecinos.Los comerciantes sevillanos distribuyeron cien mil reales en donativos y la Real Maestranza de Caballería acordó repartir entre los más pobres la carne de los ocho toros de la corrida a la que acudió la reina.Antes de su partida, la reina firmó una Real Orden para que el Gobierno hiciese entrega de un donativo de seiscientos mil reales para socorrer a necesitados de la capital y la provincia. También donó diez mil reales para la continuación de las obras de excavación en Itálica.

El famoso manto blanco de castillos y leones y su saya hechos con un vestido de la reina.

Sevilla festejó y vivió con gran algarabía esta visita de la reina, de ésta y de todas las que han pasado. Ya lo cantan las sevillanas:

“Por el Puente Triana pasa la reina,
no llevaba corona, recógete la cola que te arrastra
pero llevaba un mantón de manila”.

Muchas personas vinieron a Sevilla atraídas por la visita. Desde primeros de septiembre ya se notaba ese incremente de forasteros paseando por las calles, abarrotando los hoteles y fondas e incluso casas particulares. También se veían peones del ayuntamiento arreglando fachadas y colocando luminarias de gas. Y todo aquél que se creía alguien en la ciudad se acicalaba para la ocasión, estando los peluqueros, sastres, sombrereros, guarnicioneros y demás, desbordados.

Este viaje en el que Isabel II visitó Sevilla se inserta en la gira de la reina por Murcia y Andalucía. Se conoce muy bien pues se hizo acompañar por el periodista Fernando Cos-Gayón, quien dejó escrita una crónica que se conserva en la Biblioteca Nacional; y por el fotógrafo Charles Clifford, asiduo de nuestra ciudad desde mediados de siglo acompañando a los Duques de Montpensier. Sus fotografías formaron un álbum que fue propiedad del duque y que hoy conserva la Hispanic Society of America.

En sus sucesivas estancias, la reina se sentía cada vez más a gusto en la ciudad. En diciembre de 1883 escribió así al Marqués de Novalinches:

“Aquí [en el Alcázar de Sevilla] hay una tranquilidad grandísima ¡que contraste con la bulla de los últimos días en Madrid! Este Alcanzar (sic) va estando bien y confortable, los primeros días que he pasado aquí hacía un frío horrible“.

Gustaba de mostrar una gran liberalidad en sus limosnas, que no eran más que fondos del erario público. Entre sus enormes gastos y sus continuas dádivas, su hijo le acabó colocando un secretario que ajustara las cuentas.

Todos los honores iban dirigidos a ella, que en los últimos años adoptó con complacencia el rol de reina madre.

“Aquí en Sevilla todo el mundo (ilegible) se desviven por complacerme y están (sic) contentos de verme aquí”

Confesaba al Marqués de Novalinches en un pésimo castellano, fruto de la pésima preparación que había recibido de niña.

Quizá donde más visible sea el vínculo entre la reina y la ciudad sea con las devociones religiosas. Casi en lid con los cuñados que gustaban de patrocinar a las hermandades.

También su huella pervive en los numerosos retratos que se custodian en varias instituciones, aspecto muy poco conocido. En el Alcázar, el Hospital de la Caridad, el Museo de Bellas Artes, el Ayuntamiento, el Museo Militar, el Colegio de Médicos, etc.

Cabe reseñar que en su primera visita rechazó que la nueva plaza resultante del derribo del Convento Casa Grande de San Francisco llevara su nombre y su estatua. Y fue idea suya que estuviera dedicada al Rey Fernando III “El Santo”, patrono de Sevilla. Sin estatua ni calle, solo el puente lleva su nombre.

En 1862 Isabel II visitó Sevilla por primera vez y en 1988 nos visitó la “otra” Isabel II, la inglesa, junto al difunto Duque de Edimburgo.

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