Cuando Sissi la emperatriz y el gran compositor Giuseppe Verdi visitaron Sevilla

A mediados del siglo XIX, ambos se alojaron en la antigua Fonda de Londres, de la Plaza Nueva. Ella causó gran sensación por su personalidad y cercanía a la gente; y él en una fugaz visita tuvo oportunidad de admirar nuestra ciudad.

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Sissi, la popular emperatriz austriaca.

Virginia López. En el siglo XIX numerosos viajeros visitaron Sevilla. Desde las primeras décadas de esa centuria, los aires morunos de nuestra ciudad unido al peculiar arte del flamenco y al rico e importante legado artístico de tiempos pretéritos, forjaron una imagen pintoresca, cuando no, tópica, que caló en Europa y que atrajo a estos visitantes.

Estando ya avanzado el siglo, y con escasos años de diferencias entre ambas visitas, la ciudad hispalense acogió a la Emperatriz Isabel de Austria, la popular Sissi, y al no menos popular compositor Giuseppe Verdi.

A las tres de la tarde del miércoles 1 de mayo del año 1861, se apeó Sissi del ferrocarril, en la primitiva estación de Cádiz. Así lo contó el diario “El Porvenir”:

Recorte de prensa del diario La Andalucía del jueves 2 de mayo de 1861 recogiendo la noticia de la llegada de la Emperatriz Isabel de Austria a nuestra ciudad.

“[…] -de riguroso incógnito-, cuando en el andén la esperaban S.A.R. el duque de Montpensier, el señor gobernador de la provincia y el honorable capitán general. La estación fue adornada para recibirla, aunque ella había anunciado un viaje de incógnito y rechazó casi todas las invitaciones que le hicieron, incluidas la del duque para alojarse en San Telmo. La Fonda de Londres la esperaba y en ella permanecería durante cuatro días rodeada por su propio servicio, recibiendo a las autoridades en sus habitaciones.

Los Duques de Montpensier la visitaron en el hotel y Sissi respondió a la invitación de éstos, asistiendo al baile de gala en su honor, que se celebró en el Salón de Espejos del Palacio de San Telmo, la “corte chica” de los Montpensier, desde que lo compraron al estado – con dinero de Isabel II- en 1849 para hacerla su residencia.

En sus últimos años la emperatriz vestía de luto y rehuía ser fotografiada.

Esta estancia rectangular de medianas proporciones ha llegado a la actualidad, despojada de sus muebles, pero conservando las pinturas del techo de Rafael Tegeo y las vidrieras modernistas que enmarcan los espejos y los accesos a los jardines.

Cuenta la prensa que la emperatriz visitó el día 2 la Catedral, admirando los Murillos.

Parece ser que cada día el Alcalde de la ciudad, el inefable Juan José García de Vinuesa, la obsequiaba en nombre de la ciudad y del cabildo municipal con espléndidos ramos de flores, que hacía mandar a sus habitaciones. Cuentan que se dejó ver por la ciudad sin protocolo ni pompas y que en sus paseos públicos se mostró como una persona más, recibiendo sinceras muestras de respeto y simpatía por parte de los sevillanos.

Sissi sorprendió en Sevilla acudiendo a una corrida de toros.

El domingo 5 de mayo presidió una corrida de toros en la Real Maestranza, cuya plaza estaba profusamente engalanada y con lleno de público. Se lidiaron reses de la renombrada ganadería Miura y la emperatriz regaló tres onzas de oro a Antonio Carmona “El Gordito” –¡menudo apodo para un torero!- que destacó con las banderillas según las crónicas.

Que se indique que la ilustre dama se retiró con su séquito tras el cuarto toro, nos hace pensar que no disfrutara con el espectáculo. Como amante de los animales y con su espíritu libre rayando el anarquismo, nos cuesta imaginar su presencia en el coso taurino.

Postal con el primitivo Hotel Inglaterra que ocupaba toda la fachada occidental de la Plaza Nueva llegando a lo que hoy es el cruce de las calles Méndez Núñez con Bilbao.

Esa noche, víspera de su marcha, las bandas de música de los cuerpos de guarnición de Sevilla – Regimiento de Infantería Soria 9, de Artillería 14, de Caballería Sagunto 7 y de Ingenieros 2 – le ofrecieron una serenata en la Plaza Nueva, a los pies de la balconada de sus habitaciones y que duró de 8 a 10 de la noche.

La filantropía de la emperatriz quedó manifiesta en el envío que hizo al alcalde, mediante el Conde de Crivelli, Ministro plenipotenciario del Imperio Austriaco en Madrid, de 6.000 reales para obras benéficas.

Así era el Salón de los Espejos del Palacio de San Telmo.

Posteriormente volvió Isabel de Baviera nuestro país: el 28 de diciembre de 1892 su barco fondeó el Levante español visitando Valencia y Mallorca. El 4 de enero de 1893 arribó en barco a Málaga y el 6 de enero estampó su firma en el libro de visitas de la Alhambra de Granada.

En el otoño de 1894 visitó nuevamente a su primo el Archiduque Luis Salvadorde Habsburgo-Lorena en la isla de Palma. Una tormenta desvió el barco y se refugió en Elche. Es famosa la tradición que cuenta que visitó un palmeral y una palmera fue bautizada “Imperial” en su honor.

Cartel del popular filme ‘Sissi emperatriz’.

Sin duda no solo hay una diferencia de edad entre la visita a Sevilla y al resto de ciudades españolas, pues son más de treinta años, sino que la etapa finisecular de Sissi es la que se ciñe a su personalidad más extraña y esquiva. Ya sabemos que la imagen edulcorada que nos trajo el cine con Romy Schneider nada tiene que ver con la real.

Pero la muerte de su hijo Rodolfo en la tragedia de Mayerling agudizaron esa huida adelante en que se convirtió su vida con caminatas y galopadas kilométricas que la dejaron al borde de la anorexia y con un total rechazo a la etiqueta – viajaba con falsos nombres como Condesa de Hollms que usó en Málaga-y a ser fotografiada.

Retrato de Giuseppe Verdi por Giovanni Boldini de 1886.

El 1 de marzo de 1863 llegó Verdi a Sevilla acompañado de su segunda mujer, la soprano Giuseppina Strepponi, que le había dado fama con la ópera Nabucco. Se alojaron también en la Fonda de Londres, origen indirecto del actual Hotel Inglaterra.

Este establecimiento hotelero, no se entiende sin la aparición de la Plaza Nueva, un inmenso solar que surgió a raíz del derribo del Convento Casa Grande de San Francisco, el cual superaba el actual perímetro de la plaza pues llegaba hasta casi la mitad de la actual calle Méndez Núñez.

La Plaza Nueva, que ha recibido diversos nombres al compás de los tiempos y que desde la democracia se rotuló con el apelativo que le dio precisamente el pueblo sevillano, quedó configurada en 1856 y al año siguiente se abre la Fonda de Londres cuyo lujo despertó la admiración de todos. La prensa de la época destacó lo cómodas y bien iluminadas que eran sus habitaciones, decoradas con mucho gusto y elegancia y que el mobiliario vino de París e Italia.

El comedor con capacidad para más de cien comensales, tenía empapeladas sus paredes, alumbrado de gas y un piano. Su propietario fue Carlo Antonio Ricca y con su muerte en 1873 se cierra el establecimiento cuyo edificio fue demolido en 1967. El actual Hotel Inglaterra ha recogido la esencia de su legado. Reabierto ya tras el confinamiento, le deseamos lo mejor y recomendamos visitar su increíble terraza.

Verdi visitó la Catedral, el Museo de Bellas Artes acompañado de su director, el pintor Manuel Cabral Bejarano y cuentan que le agradaron las casas del Barrio de Santa Cruz con sus patios. El marqués de Pickman, gran melómano. puso a su disposición un  carruaje para sus desplazamientos. Asistió a una velada nocturna del Circo Ciniselli, instalado delante de la Puerta de Triana y cuyo director era el italiano Streponi.

Le gustaba tanto lo español que había compuesto “La fuerza del destino”, inspirada en la obra “Don Álvaro o la fuerza del sino”, del Duque de Rivas y cuyo estreno en Madrid el 21 de febrero motivó que quisiera conocer Sevilla. En la trianera Plaza del Altozano se desarrolla una escena de esa ópera.

Cabe reseñar que la visita de Verdi a Sevilla coincide con lo que los críticos llaman el período tardío, menos prolífico pero igual de brillante, con óperas como Don Carlos – también de inspiración española – y Aída. Fue una fugaz visita pues abandonó la ciudad en dirección a Granada.

Su repentina marcha quizá explique que no fuera agasajado por el alcalde, que no era otro que García de Vinuesa, hombre culto y aficionado a la música, ni pudiera asistir al concierto que le iba a ofrecer la Sociedad Filarmónica de Sevilla.

Todo ello lo documenta detalladamente Rosario Gutiérrez Cordero, que en sus investigaciones habla de los gustos musicales de la aristocracia – la ópera- y de la burguesía sevillanas – la zarzuela- o la anécdota al visitar la tumba de los Reyes Católicos en Granada que le hizo exclamar “¡O sommo Carlo!” de la ópera “Ernani”, también basada en la Historia de España.

Al derribarse la Fonda de Londres se perdió la placa que la Sociedad Filarmónica puso en su fachada para recordar tal esclarecida visita. Ayuntamiento u hotel: tomen nota para volver a colocarla. Incluso se podrían poner una serie de placas con imágenes pintadas en cerámica de los que han admirado in situ nuestra ciudad.

2 Comentarios

  1. La fuerza del destino está ambientado en el Aljarafe, por San Juan más o menos, pues ahí transcurre la novela, DON ALVARO O LA FUERZA DEL SINO.

    En Triana, concretamente en el Castillo de San Jorge transcurre FIDELIO, única ópera de BEETHOVEN.

  2. Hola Natacha. La fuerza del destino tiene múltiples localizaciones. El primer acto se desarrolla en el Altozano y el libreto original está acotado por el propio Verdi por lo que no hay duda.

    Además después de asistir a su representación en Madrid vino expresamente a Sevilla. El marqués de Pickman le cedió un carruaje para moverse por la ciudad.

    Un saludo.

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