¿Cuántos reyes y reinas están enterrados en Sevilla?

Las tumbas reales en Sevilla, sus historias, vaivenes y desenlaces constituyen una apasionante fuente de relatos.

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Virginia López. Tres reyes y dos reinas son aquellos cuyos restos tienen descanso eterno en Sevilla. A los que se suman una consorte y diez infantes e infantas. Son un total de dieciséis los personajes de la realeza española que están enterrados en Sevilla. Y cuatro son los escenarios que cobijan tales sepulcros reales. Capilla Real junto a su Cripta, Real Monasterio de San Clemente y la Cripta de la Archicofradía de Pasión en la Iglesia del Salvador.

Cripta de la Capilla Real.
/ Foto: Raúl Doblado. Archsev.

Sin duda la Capilla Real es el principal espacio que funciona como capilla funeraria real de ahí su título. Y en el primer monarca que pensamos, también sin duda, es el Rey Fernando III apodado El Santo. Figura regia tan importante para nuestra ciudad en su doble faceta de conquistador y patrono.

En la historia de la monarquía española se sucedieron diversos mausoleos reales que culminaron en el fastuoso Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, erigido por el Rey Felipe II. Fue usual durante la Reconquista ser enterrado en el lugar conquistado. Esta premisa se cumple con el propio Fernando o el ejemplo más claro de los Reyes Católicos en Granada.

Un dato muy poco conocido es la disposición que tuvo Carlos V de respetar el deseo de sus abuelos en convertir la granadina Capilla Real en panteón real. Aún se conserva en la girola de la misma los nichos pero Felipe II se llevó a sus padres al Escorial.

Hay excepciones con mezcolanzas. Es el caso del Rey Alfonso X que más adelante relataremos. Y ciertamente ha habido casos de traslados que contrariaban la voluntad del finado. Así pues, conozcamos en detalle cada uno de estos principales personajes y sus sepulcros.

La Capilla Real es una construcción anexa y unida a la Catedral del siglo XVI. Dado que la mezquita fue reconvertida en templo cristiano, una anterior capilla real de la que nada se sabe fue el lugar destinado a acoger a los reyes  y reinas en Sevilla. Ocurrió tempranamente puesto que tan solo transcurren cuatro años desde la conquista y la muerte.

Todo debió realizarse con premura y un alto grado de improvisación puesto que el templo metropolitano no se consagra hasta 1262. Es a partir de esos años cuando el Rey Alfonso X acostumbra a residir en Sevilla de forma más constante, hasta morir aquí en el 1284.

Es fácil imaginar el periplo de traslados que sufrió la pareja real – Fernando y su esposa Beatriz de Suabia fallecida en 1235. Esta fue trasladada desde Toro donde murió –calibrándose hasta cinco espacios distintos. Una primitiva tumba que le dedicó su hijo, se sabe que estuvo en el espacio que hoy ocupa la Biblioteca Colombina.

Parroquia del Sagrario.

Ese lugar no se consideraba digno y los capellanes pidieron permiso a Carlos V para un nuevo traslado a la “librería vieja”. Lo que es la Parroquia del Sagrario hoy. Al terminarse la Capilla Real en 1579 – las últimas excavaciones indican que estuvo bajo el rosetón del suelo actual – y al trasladarse a la imponente urna un 14 de mayo de 1729.

Como proyectó el pintor Virgilio Mattoni que fueron las Postrimerías del Rey Santo, éste quería ser enterrado muy humildemente con el hábito terciario franciscano. Su primogénito, sin embargo, no le satisfizo y por eso hoy contemplamos una rica capa de armiño arropar su cuerpo incorrupto. Y además mandó colocar sendas esculturas de la pareja real adornadas con sus coronas y anillos bien surtidos de piedras preciosas.

El Rey Alfonso X apodado El Sabio conquistó Murcia en el año 1243 y ese hubiera sido el lugar de su enterramiento o quizá en las otras plazas conquistadas como Jerez o Cádiz. Expresó su deseo de ser enterrado junto a sus padres o en la murciana Santa María del Real e incluso en la gaditana de Santa Cruz cuando la mandó levantar.

Pero no dejó ninguna voluntad testamentaria al respecto por lo que sus cabezaleros optaron por un remedio salomónico: cuerpo en Sevilla y corazón en Murcia. En cambio, su mujer la Reina Violante de Aragón no está enterrada en Sevilla. Murió en Roncesvalles hacia el 1300 – se desconoce el lugar de su tumba que puede ser la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles o el Real Monasterio de Santa Clara de Allariz que fundó – y estuvo en desavenencias con su marido, el cual no le era precisamente fiel como ya os contamos en un precedente artículo.

Según la Crónica de los Reyes de Castilla de Jofré de Loaysa el rey había expresado su deseo de “que lo sotierren en Jherusalem, en el monte Calvario”. O no acataron su última voluntad o era muy dificultoso mandarlo a Tierra Santa o una vez más se mostraba una vacilación en el monarca del que se han cumplido ocho centurias de su nacimiento.

La segunda esposa de su padre, la Reina Juana de Ponthieu tampoco está en Sevilla puesto que marchó a su casa francesa al enviudar, pero su recuerdo ondula en la torre de su amado Don Fadrique.

Al cumplirse el séptimo centenario de la conquista, el Cabildo encargó sendas esculturas orantes del Rey Alfonso y su madre la Reina Beatriz. Antonio Cano Correa y Carmen Jiménez Serrano son sus autores. Están colocadas en los arcosolios platerescos que hay a la entrada de la capilla.

Retrato de Pedro I, imaginario. Cuadro en el Ayuntamiento de Sevilla. / Foto: J. Dguez. Becquer.

Ante la magnificencia artística del monumento y el recogimiento devocional que inspira la Virgen de los Reyes, solo la curiosidad y el hábito de observar repararán en los escalones que descienden a la cripta.

Allí está enterrado el Rey Pedro I, el más sevillano sin nacer ni morir aquí y que carga con su doble sobrenombre del Cruel o Justiciero. Descabezado en Montiel – de Guadalajara o de Cáceres donde lo reclaman los vecinos de Casas de Don Pedro – sus huesos acabaron en un convento madrileño fundado por su nieta Constanza.

Tras el derribo de este convento, los restos quedaron en una caja de frutas (sic) almacenado en el museo arqueológico hasta que lo reclamaron desde Sevilla y lo trajeron en 1876. Pero ahí sigue escondido. Junto a sus antepasados, a los cuales despojó de las piedras preciosas que adornaban sus estatuas con la excusa de fundirlas para la guerra.

Junto a él reposa su amante María de Padilla y sus hijos los infantes Alfonso y Juan de Castilla. También está enterrado su hermanastro Don Fadrique el que, según la famosa leyenda, asesinado por orden real, dejó la impronta de la sangre en el pavimento del Alcázar. Quizá llamarla amante quede un poco desubicado en pleno siglo XXI pero los historiadores se ponen de acuerdo en aclarar que nunca fue reina de Castilla y así aparece nombrada en el diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia.

Sepulcro de María de Portugal.

Nos trasladamos al prístino Real Monasterio de San Clemente para contemplar el sarcófago que acoge a la Reina María de Portugal. Su cuerpo fue trasladado pues murió en Évora, pero se incumplió su deseo de ser enterrada en la Catedral de Sevilla junto a su esposo el Rey Alfonso XI, el cuál acabó siendo enterrado en la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba. De separarlos se encargó su hijo el Rey Enrique II, el famoso hermanastro Trastámara del Rey Pedro.

En el coro están enterrados la Infanta Berenguela, hija de Alfonso X; el Infante Fernando de Castilla, hijo de Alfonso XI y María de Portugal – hermano mayor del Rey Pedro que vivió un año – y Beatriz de Castilla, hija ilegítima de Enrique II y esposa de Juan Alonso Pérez de Guzmán, IV Señor de Sanlúcar de Barrameda. Ambas profesaron como religiosas.

La vinculación de Pasión con la familia real se remonta al nombramiento de la Reina Isabel II como Hermano mayor honorífico en 1844. Fue en agradecimiento a las licencias concedidas para su estación de penitencia. Cinco años después serán nombrados hermanos los Duques de Montpensier.

Mª de las Mercedes, en la cripta.

Será la sevillanía de la madre del rey, María de las Mercedes, que vivió aquí de 1921 a 1931, la que conlleve los enterramientos reales en la cripta situada en el Patio de Naranjos. Allí están sus padres el Infante Carlos de Borbón-Dos Sicilias y la Infanta Luisa de Orleans. Fallecieron en Sevilla en 1949 y 1958. También sus hermanos el Infante Carlos y la Infanta María Dolores. Su hijo, el Príncipe Adam Karon Czartoryski obtuvo en 2014 el permiso para ser enterrado allí.

Por último, en Sevilla hay un espacio con desconocida función de Panteón Real. Se trata de las Sagradas Cárceles. Allí recibieron martirio las Santas Patronas Justa y Rufina. Y acoge también a dos miembros de la citada Casa Czartoryski, descendientes de la familia reinante del Gran Ducado de Lituania.

Lápida de Luís Czartoryski.

Se trata de los príncipes José Augusto y Luis, esposo e hijo de la Infanta María Dolores de Orleans. El motivo de que estén aquí es porque su hermanastro y heredero, el Príncipe Augusto, renunció a todo para ordenarse salesiano. Es beato desde 2004. También está emparentado con la familia real española pues su madre, María Amparo, es hija de la Reina Cristina de Borbón, madre de Isabel II.

Otro artículo daría para rastrear los enterramientos nobiliarios y de políticos que hay en Sevilla. Su número, en contra de lo que pueda parecer, es bastante ínfimo.

Como curiosidad, solo dos monarcas han fallecido en Sevilla: Fernando III y su hijo Alfonso. Y dos han nacido aquí: Enrique II y Fernando IV, ambos con calles dedicadas.

Hablamos de reyes cristianos porque los auténticos reyes sevillanos o andaluces, en toda su extensión, son los andalusíes. Ni una tumba de monarca musulmán se conoce, salvo la de Almutamid, pero en Marruecos.

Hace unos años se oyó que Pasión quería abrir su cripta al público pues parece que tenía los permisos. Lo que es inconcebible y tremendamente injusto es el cierre que el cabildo mantiene a la Capilla Real. Y jamás ha permitido el acceso a la Cripta Real. Monseñor Saiz, cambie las tornas, por favor.

 

Reyes y reinas enterrados en Sevilla.

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