Redacción. Sevilla vive este 29 de marzo de 2026 con ese temblor contenido que sólo se reconoce en los días grandes. El Domingo de Ramos despliega su liturgia extensa y exigente, la más larga de toda la Semana Santa, en una jornada que se desarrolla de manera continua desde el mediodía hasta la medianoche.
Desde primeras horas, la ciudad ya ofrece su imagen más característica: palmas, túnicas recién planchadas, balcones dispuestos y ese murmullo previo que anuncia que Sevilla deja de ser ciudad para convertirse en escenario.
La jornada arranca con la salida de La Paz, desde el Porvenir, poniendo en la calle uno de los cortejos más numerosos del día. Su discurrir es ordenado y luminoso, marcando el tono de una jornada que comienza con amplitud y elegancia.
Le sigue La Borriquita, que representa la Entrada en Jerusalén y que vuelve a ser la hermandad de los más jóvenes. Su cortejo, lleno de niños, aporta el carácter catequético y fundacional del día.
Desde Los Terceros, La Cena despliega su sello sacramental con el imponente misterio de la Sagrada Cena, uno de los conjuntos más complejos de la Semana Santa, acompañado por el palio de la Virgen del Subterráneo. Su paso por el centro concentra miradas y silencios.
Jesús Despojado, desde el Arenal, confirma su crecimiento con un cortejo consolidado. Su misterio avanza con dinamismo, mientras el palio de la Virgen de los Dolores y Misericordia aporta equilibrio al conjunto.
Por su parte, La Hiniesta, desde San Julián, llena de identidad el eje de la calle Feria. Su presencia mantiene ese vínculo popular que conecta barrio y centro, tradición y presente.
Con la tarde asentándose, San Roque ofrece una de las estampas más sobrias de la jornada. Su cortejo avanza con recogimiento, destacando por la seriedad y el equilibrio de sus formas.
Uno de los momentos más esperados se vive con La Estrella, que cruza desde Triana congregando a miles de personas. Su avance se convierte en uno de los grandes focos de la jornada, con un público completamente volcado.
Desde San Juan de la Palma, La Amargura reafirma su papel como referencia clásica. Su cortejo impone silencio, un silencio que no es ausencia, sino respeto absoluto. Su paso marca uno de los momentos más depurados del día.
Ya en la noche, El Amor cierra la jornada con su doble presencia: la Entrada en Jerusalén y el Cristo del Amor. Su recorrido pone el broche a un día que no se detiene, sino que fluye lentamente hacia la madrugada.
Las nueve hermandades —La Paz, La Borriquita, La Cena, Jesús Despojado, La Hiniesta, San Roque, La Estrella, La Amargura y El Amor— completan una jornada que está en pleno desarrollo, con miles de personas acompañando cada tramo del recorrido.
A esta hora, Sevilla está completamente tomada. El centro es un río humano, los barrios siguen latiendo y las cofradías continúan avanzando con ese ritmo propio que no entiende de prisas pero tampoco de pausas.
El Domingo de Ramos no ha terminado. Está ocurriendo. Y Sevilla, una vez más, no sólo asiste a su Semana Santa: la está viviendo en presente.
La jornada se prolonga hasta bien entrada la madrugada, con una sucesión de recogidas que reflejan la larga dimensión del Domingo de Ramos: La Borriquita entra a las 21:10, La Cena a las 22:00 y Jesús Despojado a las 22:45; ya en la noche, La Hiniesta y La Amargura lo hacen a las 23:45, mientras San Roque se recoge a las 23:50. La Paz alcanza su templo a las 00:45, El Amor lo hace a las 00:56 y La Estrella pone el cierre definitivo a las 01:05, culminando así una jornada que, fiel a su naturaleza, no se apaga, sino que se diluye lentamente en la madrugada sevillana.



