Dos infantes nacidos en Sevilla que podían haber sido reyes

Cuatro siglos y distintas vicisitudes separan las historias de Juan de Aragón y Antonio de Orleans y Borbón, que tenían en común su sangre real y ser sevillanos.

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Palacio de San Telmo.
clinica santa isabel
Tumba de Almutamid en Agmat (Marruecos).

Virginia López. Los monarcas que han estado más ligados a la ciudad de Sevilla no nacieron en ella. Por citar tres ejemplos: Almutamid, Pedro I o Alfonso X. Pero si dos infantes que podían haber sido reyes, Juan de Aragón y Antonio de Orleans y Borbón.

Almutamid, el famoso rey musulmán, nacido en Silves (Portugal), no estaba destinado al trono pero cuando lo ocupó en el año 1069, dejó su huella en el Reino de Taifa de Sevilla. Ciudad a la que amó y ensalzó en sus poesías y a la que lloró desde su destierro en Agmat (Marruecos).

La famosa Cabeza del Rey Don Pedro.

El rey Pedro I, el famoso “Pedro el Cruel” nació en Burgos y alcanzó el trono en el año 1350. Sevilla era su remanso de paz en medio de sus tribulaciones, en esas breves estancias que pasó en su palacio del Alcázar junto a María de Padilla. Y murió lejos, en medio del fragor de la batalla de Montiel, asesinado por Du Guesclin, el mercenario de su hermanastro Enrique de Trastámara.
Éste último puede que naciera en Sevilla un 13 de enero del año 1332, dos años antes que Pedro. Sí hay constancia de que pasó una infancia placentera en el Alcázar junto a su madre, la sevillana Leonor de Guzmán, favorita de su padre Alfonso XI, y sus nueve hermanos.

Alfonso X, el famoso rey sabio, sí murió en Sevilla, ya anciano en 1284 y nos legó el NO8DO como vimos en este artículo: https://sevillabuenasnoticias.com/sevilla-una-ciudad-con-cinco-titulos.
También murió aquí su padre, el famoso rey Fernando III “El Santo”, un 30 de mayo del año 1252 y cuyo nacimiento está envuelto en brumas tanto en fecha como en lugar.
La Historia de la Monarquía española, en sus distintas dinastías, está salpicada de inesperados giros del destino, reinando en ocasiones la persona que no estaba prevista en detrimento de la nacida para tal. Que se lo digan a los nietos de Alfonso X –los infantes de la Cerda- o a los aspirantes carlistas.
Son los casos del heredero de los Reyes Católicos y del primogénito del Duque de Montpensier. El primero sí estaba destinado al trono y el segundo pudo haberlo ocupado.

Alfonso X en el monumento a su padre en la Plaza Nueva.

El 30 de junio del año 1478 nacía en el Alcázar de Sevilla el segundo hijo de los Reyes Católicos, tras la primogénita Isabel y casi 10 años de matrimonio. La estancia se conoce como Cuarto del Príncipe.
Los Reyes Católicos visitaron nuestra ciudad hasta en ocho ocasiones y pasaron varias temporadas en ella. Este alumbramiento no solo no les pilló de sorpresa sino que el infante heredero fue concebido aquí.

Llegaron un 24 de julio del año 1477 en plena guerra de sucesión castellana, aquella que enfrentó a Isabel de Castilla con su hermano Enrique IV y su hija la que fue llamada Juana la Beltraneja.
El nacimiento fue en torno a las 11 de la mañana, asistida la reina Isabel la Católica por una partera de la calle Feria llamada “La Herradera” y con caballeros como testigos designados por el rey Fernando el Católico “para para disipar la menor duda de que era hijo de la reina.”

Isabel la Católica dio a luz en Sevilla.

La llegada de un heredero varón apuntalaba la unión dinástica y fue festejada a lo grande como cuenta Andrés Bernáldez “el cura de Los Palacios”:
“Ficieron muy grandes alegrías en la ciudad tres días, de día y de noche, así los ciudadanos como los cortesanos”.
Fue bautizado el 9 de julio en la Catedral de Sevilla, la cual aún permanecía en obras, por el Arzobispo hispalense Pedro González de Mendoza.

“Cubierta la capilla de la pila del bautismo de muchos paños de brocados y toda la iglesia y pilares de ella adornada de muchos paños de raso”.
El autor detalla el cortejo con los nobles que se reunieron, la cantidad de ministriles que le acompañaban y detalles prolijos sobre la indumentaria.

Sepulcro del príncipe Juan en el Real Monasterio de Santo Tomás en Ávila, realizado en 1510 por Domenico Fancelli.

Ortiz de Zúñiga recoge su testimonio pero añade un curioso apunte:
“Sirviendo de pasadizo desde el alcázar un palenque alto cubierto de ricas alfombras y defendió por el sol de espesos toldos”.
Resulta llamativo que las Actas Capitulares de la catedral apenas dedican unas líneas a tal magno acontecimiento, citando el consabido reparto de pan entre los pobres:
“Mandaron los dichos señores repartir cinco mil maravedís de pitanza de la procesión que se ha de faser mañana miércoles [1 de julio] para las alegrías del príncipe que parió nuestra señora la reina e que esta pitanza se reparta entre los presentes e interesentes”.

Se le puso por nombre Juan, todo un símbolo, siendo sus abuelos el rey Juan II de Castilla –materno- y Juan II de Aragón –paterno-. No ha habido un monarca Juan III en España aunque el Rey Juan Carlos I quiso enterrar a su padre, el Conde de Barcelona, como tal.
Además la reina sentía gran devoción por San Juan Evangelista y el águila sanjuanista se convirtió en emblema del reinado. Cuando ella pudo asistir “a misa de parida” el 9 de agosto, se repitieron los festejos.

Juan de Aragón, como ha pasado a la Historia, nació enclenque y pasó enfermizo toda su vida. Pudo casarse el 3 de abril con Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso y una de las damas más inteligentes de la realeza europea del Quinientos, pero falleció el 4 de octubre con apenas 19 años.
Parece que el ardor sexual del joven Príncipe de Asturias lo llevó a la tumba y aunque hoy se sabe que fue la tuberculosis, en su época se atribuyó a que estaba “preso del amor de la doncella”.

“Nuestro joven príncipe vuelve a estar demasiado pálido. Tanto los médicos como el rey aconsejan a la reina que, de cuando en cuando, aparte a Margarita del lado del príncipe, que los separe y les conceda treguas, pretextando el peligro que la cópula tan frecuente constituye para el príncipe”, escribió Pedro Mártir de Anglería, Capellán de la Reina.

Desde luego la Historia hubiera sido otra enumerando los condicionantes: si Juan de Aragón hubiera sido monarca, si llega a nacer su hija, o si le nace un hijo. Pero tampoco hubiera sido rey si nace su hermano mayor: la Reina Isabel tuvo un aborto de un niño el 31 de mayo de 1475.

Antonio de Orleans, padre de uno de nuestros protagonistas.

El 23 de febrero de 1866 nacía en el Palacio de San Telmo el único hijo varón de los Duques de Montpensier que llegaría a la edad adulta.
Aunque era seis años menor que su hermana María de las Mercedes, quizá no hubiera hecho falta que ésta se casara con Alfonso XII. Lo más curioso de su nacimiento es la fecha pues tuvo lugar 2 años antes del destronamiento de la Reina Isabel II. Implicado como estuvo el Duque de Montpensier en el mismo, puede decirse que el nacimiento de su hijo espoleó aún más sus aspiraciones al trono y que por entonces ya estaría involucrado.

Llamado Antonio como su padre, que hubiera estrenado ese nombre en nuestra monarquía.
Lo curioso de la vida del Duque de Montpensier es que está plagada de momentos en los que parece obtener el trono español o está muy cerca de
ello. No lo casan con Isabel II sino con su hermana la Infanta Luisa Fernanda pero se rumorea que la reina no tendrá descendencia. Sufraga la Revolución de 1868 pero lo mandan al exilio.

Cuando se vota por un nuevo monarca, pierde frente a Amadeo de Saboya. Su hija María de las Mercedes es coronada reina pero muere sin descendencia. Y de haber muerto Alfonso XII antes de casarse con María Cristina de Habsburgo… nos estamos adelantando.
Volvamos al joven infante Antonio de Orleans y Borbón. De su infancia entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda poco ha trascendido. Quizá un tanto sobrecogida por las sucesivas muertes de sus hermanos mayores o el que le seguía, con el que se llevaba un año y que murió a los siete.

Su matrimonio con su prima carnal María Eulalia el 6 de marzo de 1886 lo acerca al trono siquiera tangencialmente. Y para añadir emoción al asunto, hay que destacar que no es una fecha cualquiera. Ya han muerto su hermana María de las Mercedes –en 1878-, su cuñado el Rey Alfonso XII- en 1885- y la Regente María Cristina está encinta. Dará a luz a Alfonso XIII ese mismo año pero dos meses y medios después de la boda.
¿Qué hubiera pasado de nacer una niña o malograrse el parto?

Hay que tener en cuenta que el Duque de Montpensier vive, si bien el Duelo de Carabanchel en 1870 con su primo Enrique de Borbón, Duque de Sevilla, lo aparta definitivamente de la Corona.
Pero su hijo no hubiera reinado porque Eulalia de Borbón tenía una hermana mayor, Isabel apodada La Chata y Alfonso XIII también, María de las Mercedes. Pero se da el caso de que las hermanas de Alfonso XIII murieron muy jóvenes de sobreparto, así que el trono hubiera recaído quizá en sus hijos, dado que La Chata murió sin descendencia.

De todos los hijos de los Duques de Montpensier la que pudo llegar “más lejos” fue la primogénita que se casó con el aspirante al trono francés y cuyo descendiente directo es el actual Conde de París.
El rey Juan Carlos I siempre ha apoyado la rama orleanista en vez de la borbónica en el entramado de aspirantes franceses. Resulta sorprendente y nunca ha hecho declaraciones al respecto. Como apunte histórico: su madre, es una Orleans y bisnieta del Duque de Montpensier.

Antonio de Orleans y Borbón vivió a expensas de los acontecimientos. Con la Restauración puede volver a vivir en Sevilla en 1878 y en 1892 viaja a América con su esposa, en representación de la familia real, para los fastos del IV Centenario del Descubrimiento. Su papel en la corte fue discreto y exento de toda conspiración a diferencia de su ambicioso padre.
En cambio su matrimonio fue un desastre por sus infidelidades y como Eulalia no aceptaba sus humillaciones la pareja se separó en 1900. Murió en la pobreza en 1930. Solo sobrevivió su primogénito y su actual descendiente directo es el piloto Alfonso de Orleans-Borbón y Ferrara-Pignatelli.

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