Carmen González. Sevilla está repleta de historias que se transmiten de generación en generación. Algunas tienen como escenario sus calles, otras sus monumentos y muchas nacen de pequeños detalles que pasan desapercibidos para la mayoría. Una de las más populares se encuentra en plena Iglesia de San Pedro, donde un pajarito escondido en un azulejo ha dado origen a una de las leyendas más curiosas de la ciudad.
Cada día son muchas las personas que se detienen frente al retablo cerámico situado en la fachada del templo. A simple vista parece una representación religiosa más, pero quienes conocen la tradición saben que en él se esconde un pequeño secreto que, según la creencia popular, podría cambiar la vida sentimental de quien consiga descubrirlo.
Un jilguero escondido entre las Ánimas del Purgatorio
El protagonista de esta historia no es un santo ni una imagen milagrosa, sino un pequeño pájaro oculto en el retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, una obra cerámica realizada en 1960 por el artista Juan Oliver Míguez y elaborada en la histórica fábrica de Ramos Rejano. Originalmente, el panel tenía un carácter devocional y servía para invitar a los fieles a dejar limosnas destinadas a sufragar misas por las almas del purgatorio.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el interés por el retablo dejó de centrarse únicamente en su significado religioso. La atención comenzó a dirigirse hacia un diminuto jilguero que el ceramista ocultó entre los numerosos detalles de la composición.
No era una casualidad. Juan Oliver acostumbraba a incluir un pequeño pájaro como firma personal en muchas de sus obras, un detalle que terminó convirtiéndose en el origen de una curiosa tradición sevillana.
La leyenda que promete encontrar el amor
La creencia popular asegura que quien logre localizar el pajarito, rece por las Ánimas del Purgatorio y deje una limosna verá cómo su suerte en el amor cambia y acabará encontrando pareja o incluso casándose.
No existe ninguna prueba de que la tradición tenga un origen histórico concreto, pero eso no ha impedido que siga viva décadas después. De hecho, son muchos los sevillanos que conocen la historia y no dudan en acercar a familiares o amigos solteros hasta la plaza para poner a prueba la leyenda.
Su popularidad llegó a ser tal que, en 2008, se instaló bajo el retablo un pequeño azulejo explicativo que recuerda esta curiosa costumbre y anima a los visitantes a buscar el famoso jilguero sin revelar su ubicación exacta.
Un pequeño detalle convertido en tradición
Encontrar el pájaro no resulta tan sencillo como podría parecer. Su reducido tamaño y la cantidad de elementos que aparecen en el retablo obligan a observar la obra con calma, algo que provoca escenas habituales de grupos de personas señalando el panel mientras intentan descubrir dónde está escondido.
Esa búsqueda se ha convertido casi en un juego para quienes pasean por el centro histórico de Sevilla y demuestra cómo un detalle aparentemente insignificante puede acabar formando parte del patrimonio popular de la ciudad.
Una curiosidad que sigue sorprendiendo
La Iglesia de San Pedro, uno de los templos gótico-mudéjares más antiguos de Sevilla y lugar donde fue bautizado Diego Velázquez, guarda numerosos elementos de interés artístico. Sin embargo, pocos despiertan tanta curiosidad entre vecinos y visitantes como este pequeño jilguero oculto a plena vista.
Quizá esa sea una de las grandes virtudes de Sevilla: convertir los detalles más inesperados en historias que sobreviven al paso del tiempo. Y mientras el pajarito siga escondido entre los azulejos de San Pedro, siempre habrá alguien dispuesto a detenerse unos minutos, buscarlo con paciencia y comprobar si la vieja leyenda tiene, o no, algo de verdad.




1 comentario en «El azulejo del pajarito de San Pedro: la leyenda sevillana que promete acabar con la soltería»
A cuántos visitantes hemos llevado a encontrar el pajarito los sevillanos… Precioso artículo.