El castillo de Pruna, testigo de siglos de historia

Las fortificaciones principales que se yerguen a lo largo de la Banda Morisca son el castillo de Morón de la Frontera, el castillo de Cote (Montellano), el castillo del Hierro (Pruna), el castillo de Osuna y el castillo de Estepa.

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Fermín Cabanillas. A la salida de Pruna hacia Olvera, en un cerro de una altura aparentemente insalvable, se encuentra una de las joyas arquitectónicas de la provincia de Sevilla, desde donde se pueden ver los primeros pueblos que comparten sierra en Cádiz con los sevillanos más al sur.

Es el Castillo de Hierro, que se alza sobre un cerro rocoso de 663 metros cerca de la población de Pruna, en la provincia de Sevilla. El acceso al camino de subida a la cima del cerro se encuentra en la carretera A-363 Olvera-Pruna, a la altura de la Fuente del Pilarillo (cuyo manantial se cree que se encuentra bajo el castillo). Se encuentra a aproximadamente siete kilómetros de Olvera y uno de Pruna.

Historia 

Como se recoge en la web oficial del Ayuntamiento, desde el siglo XIII se conocía como la Frontera toda la franja de separación entre cristianos y granadinos: el territorio que correspondía a los antiguos reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla, nacidos de las conquistas de Fernando III y Alfonso X el Sabio.

El acceso al castillo es un paraíso para los senderistas.

En el siglo XIV se acuñó la expresión Banda Morisca para referirse a la parte de esta amplia frontera que discurría en el sector fronterizo del Reino de Sevilla, la formada por el conjunto de territorios fronterizos que dependieron de la jurisdicción de Sevilla durante todo el periodo de inestabilidad comprendido entre mediados del siglo XIII y finales del XV.

Las fortificaciones principales que se yerguen a lo largo de la Banda Morisca son el castillo de Morón de la Frontera, el castillo de Cote (Montellano), el castillo del Hierro (Pruna), el castillo de Osuna y el castillo de Estepa.

Otros castillos que pertenecieron a la Banda Morisca se localizaban en El Coronil, Coripe, La Puebla de Cazalla, Villanueva de San Juan, Algámitas, El Saucejo, Los Corrales, Martín de la Jara, Aguadulce, Gilena, Pedrera, Lora de Estepa, Casariche, La Roda de Andalucía y Badotalosa.

Fernando III

La localidad de Pruna pasó a manos cristianas cuando Fernando III conquistó Sevilla. En 1253, Alfonso X el Sabio dona el castillo de Pruna a la Orden de Calatrava, pero poco después localidad y castillo son nuevamente conquistados por los musulmanes.

Así, en 1407 Pruna se conquista definitivamente por los cristianos, volviendo el castillo a manos de los caballeros de la Orden de Calatrava. En el año 1457, Enrique IV concede la custodia de Pruna a Rodrigo de Ribera, Caballero XXIV de Sevilla. 1482, el año en que es vendida a Rodrigo Ponce de León; en el siglo XVI pasa a depender del Ducado de Arcos y en el XVIII al Ducado de Osuna, hasta el siglo XIX que son abolidos los señoríos.

Un antiguo campamento romano

El castillo del Hierro se asienta sobre la localización de un campamento romano que se levantó a su vez sobre el poblado túrdulo de Callet. Su estructura principal consistía en una gran torre de planta rectangular, rodeada de cerca por una camisa torreada y más perimetralmente por una muralla con acceso mediante una puerta en recodo.

Las vistas desde el cerro son impresionantes.

En la torre se diferencian dos fases constructivas: la inicial (con una planta de 8 por 5,80 metros) del siglo XIV y una posterior (en la que pasa a medir 11,90 por 9,50 metros y se le añade la camisa) del siglo XV. Su interior presenta dos cámaras superpuestas, una a la altura del suelo y la otra a la altura del adarve de la muralla. La cubierta consiste en una bóveda vaída apoyada mediante pechinas en un resalte de los muros de la torre.

Tras una reciente restauración se recuperó y consolidó la estructura principal del castillo, así como los restos que quedaban de la camisa y de la muralla exterior.

Ahora, puede accederse fácilmente, mediante una escalera metálica, a la cubierta de la torre. También se ha acondicionado la subida a la cima.

Desde arriba, las vistas compensan todos los esfuerzos que se han hecho para llegar arriba del todo.

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