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El filólogo Alberto Reina Tormo es profesor de inglés en una universidad de Guadalajara, donde se mudó por amor hace tres años

Un verano en Inglaterra y una estancia Erasmus en Polonia le hicieron ver el mundo con otros ojos. Luego llegó Gloria y no dudó el cruzar el Atlántico para estar con su otra mitad. En México es feliz como docente, pero reconoce que sus planes pasan por regresar a su Sevilla del alma.

Alberto y su esposa Gloria viven actualmente en Guadalajara.

Ana Rodríguez. Conocer a la mujer de tu vida y que ésta viva al otro lado del ‘charco’, en concreto en Guadalajara (México), es un inconveniente que el sevillano Alberto Reina Tormo, de 32 años, decidió solventar hace tres años. Le presentaron a su ahora esposa, Gloria, en una fiesta Erasmus en Sevilla hace más de un lustro. Como recuerda, “la cosa empezó como la típica relación Erasmus, que después no sabes si va a continuar o no. Ella estuvo desde septiembre hasta marzo en Sevilla, y ahí se tuvo que volver porque terminaba su beca, pero a pesar de la distancia nunca perdimos el contacto, siempre hablábamos por Whatsapp y Skype. Poco a poco nos dimos cuenta que ahí había algo, y al tiempo tuvimos que decidir si yo me iba para México o ella se iba para España para poder estar juntos“.

Al final fue el sevillano quien, ante las poco halagüeñas perspectivas laborales en España, hizo las maletas en octubre de 2016 y puso rumbo a Guadalajara, dejando atrás el barrio de Huerta de la Salud en el que se había criado y formado. De hecho, Alberto estudió primaria y secundaria en el colegio Compañía de María, y Bachillerato en el IES Fernando de Herrera, iniciando luego estudios de Geografía en la Universidad de Sevilla. Sin embargo, abandonó esta carrera el primer año, comenzando al siguiente Filología Inglesa. “Actualmente me encuentro cursando las últimas materias del grado de Filología Inglesa por la UNED, teniendo que desplazarme para exámenes a la Ciudad de México. Tengo nivel C2 por Cambridge”, explica Reina.

La pareja junto a sus perritos.

Alberto ha trabajado en colegios como profesor de inglés, así como en la Universidad de Guadalajara. Actualmente es docente en la Universidad del Valle de Atemajac, un centro privado, formando parte del área de idiomas, “algo parecido al Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla. Doy clases de niveles de inglés, certificaciones de TOEIC y TOEFL e inglés especializado y enfocado para distintas carreras como Medicina, Ingeniería o Psicología”, apostilla el sevillano.




En México, el filólogo reconoce que vive “felizmente casado con Gloria”, la persona que le ha “cambiado la vida” y sus dos “perritos pomerania, Pinky y Banjo”, aunque por supuesto no olvida su tierra y a sus paisanos. Hablamos con él de ésta y otras experiencias:

– Alberto, creo que Guadalajara no es tu primera estancia en el extranjero. Háblame de las anteriores.
– Yo siempre he sido de las típicas personas que no se está quieta, me gusta salir y ver que hay por el mundo. La primera vez que salí fue con 18 años a Liverpool, Inglaterra. Acababa de dejar el primer año en la Facultad de Geografía porque vi que aquello no era lo mío, así que hablé con mis padres y me ayudaron con contactos para poder irme. En Liverpool estuve trabajando como “runner”, camarero de toda la vida, en un bar de tapas español, y estuve un par de meses y medio o así, lo que fue el verano en sí. Fue una experiencia increíble, aprendí mil cosas que a esa edad, 18 años, no se saben, como manejarse con el dinero, lo que es pagar el alquiler, comida, transporte, etc., el hecho de trabajar y vivir uno solo, además en un país cuya cultura e idioma no son los tuyos. Siempre voy a recordar salir del trabajo a las 11 de la noche e irme de bares por los pubs de Liverpool, rock y pop británico en vivo y pintas de cervezas en la ciudad de los Beatles. ¡Experiencia inolvidable!




– Luego estuviste de Erasmus, ¿no?
– Sí, la segunda vez que me fui, fue mi año Erasmus. Llevaba dos años detrás de la beca, pero la Universidad de Sevilla siempre cambiaba los criterios para acceder a ella, hasta que por fin lo conseguí. Me dieron como destino Wroclaw (Breslavia), en el suroeste de Polonia, más cerca de Praga que de Varsovia, ciudad con río y canales, la Venecia polaca. La beca Erasmus es el mejor invento de la Unión Europea, conocí muchísimas personas, hice unos 15 viajes por toda Europa, aprendí más idiomas y muchas culturas diferentes (compartí mini piso en una residencia con un chico de Almería y dos turcos)… No sé cómo definir un año Erasmus, pero es todo lo que siempre te dicen que es y mucho más. Siempre voy a recomendar a todo el mundo que se vaya de Erasmus, cuanto más lejos y mayor tiempo mejor.

A Alberto le impresionó las dimensiones de la ciudad, pues para ver a sus suegros tiene que conducir una hora.

– Ahora vives en Guadalajara, ¿cómo es aquello?
– Lo primero que te llama la atención de Guadalajara es que es enorme, y cuando digo enorme lo digo de verdad. Es una ciudad de unos 6-7 millones de habitantes, la segunda en población del país, por delante sólo está Ciudad de México. La ciudad está dividida en municipios, yo actualmente vivo en uno de ellos, Zapopan. Como gran metrópoli que es, las distancias son grandes, por poner un ejemplo, para ir a ver a mis suegros, que viven en la misma ciudad, es más o menos una hora de coche.
De esta ciudad destacaría su comida, la gastronomía mexicana está considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Uno puede pensar que son solo tacos, y es verdad, pero son impresionantes, aquí en concreto en Guadalajara es algo muy típico la Torta Ahogada, una especie de pan, como si fuera una andaluza con carne, cebollita, limón, y por supuesto salsa. Los tapatíos (gentilicio de los propios de Guadalajara) dicen que no pican, pero para un español todo pica aquí.
Guadalajara es una gran ciudad con alma de pueblo, la gente es muy cercana, las familias suelen reunirse todos los fines de semana para ir a por tacos o en las casas etc. También hay mucha vida nocturna, la zona más popular, sin duda, es Chapultepec, puede ser el equivalente la Alameda en Sevilla, un boulevard enorme con bares, pubs y discotecas a ambos lados y sitios para pasear, bailar y tomarse algo con los amigos. A mí en particular me encanta ir al cine aquí, es muy barato, hay muchos cines y con grandes salas, 3D y 4DX (IMAX) y casi todas las películas están en V.O. lo cual un filólogo inglés siempre agradece.

– Siempre hablan de la inseguridad en México. ¿Es así en la realidad?
– El tema de la inseguridad en México es una realidad, es innegable, aunque por suerte a mí no me ha pasado nada hasta el momento. Pero sí es verdad que es un tema muy complejo, pues están involucrados el narco, la policía, el ejército y la política. Por ejemplo, me ha tocado vivir aquí un narco-bloqueo, es decir, los narcos controlaban las salidas de la ciudad para proteger a algunos de ellos y hubo tiroteos con la policía y el ejército en varias partes de la ciudad al mismo tiempo. Alguna vez han matado a políticos en la ciudad, y bueno el número de secuestros y violaciones es bastante alto, es decir, Guadalajara es una ciudad complicada en el aspecto de la seguridad, pero como ya digo, hasta el momento he tenido suerte.

Al sevillano le encanta la gastronomía mexicana.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?
– Podría hablar de dos obstáculos principales. El primero de ellos es laboral. En México en general los profesores no estamos muy bien pagados, los sueldos son bajos, y lo peor que llevo es el hecho de que en vacaciones no cobramos, solo en algunas instituciones educativas, pero no en todas. Es decir, que llega Navidad, por ejemplo, y tenemos vacaciones, y como aquí se cobra por quincena en vez de mensualmente, pues es un mes donde no entra dinero. Lo mismo pasa en Semana Santa y Pascua, son otras dos semanas que no hay dinero, es algo que me sorprende mucho y para mal.
El otro obstáculo es el cultural, sin duda alguna, los españoles tenemos muchos nexos con México, pero esta ciudad en concreto, Guadalajara, tiene dos aspectos culturales con los que tengo que lidiar mucho. El hecho de que es una ciudad muy conservadora, y yo no lo soy en absoluto, es una sociedad con bastantes temas tabú, hasta con cierto infantilismo a veces y el hecho de que es una ciudad muy “americanizada”, es decir, es una ciudad con gente hiper consumista, todo el día en coche, y coches cuanto más grandes mejor, con lo que eso conlleva en contaminación y gasto en gasolina. Todo está empezando a ser muy artificial, la gente se fija mucho en las apariencias. Estos dos aspectos hacen que mi vida aquí no sea tan buena como sería deseable.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido.
– Tengo infinidad, pero bueno puedo contar, por ejemplo, los albures. Aquí en México son los reyes de los albures y los memes. Recién llegado yo apenas podía hablar dos palabras y ya había caído en algún doble sentido, por ejemplo, aquí no se puede decir la palabra “coger”, para mí es lo más normal, coger el autobús o coger el móvil, pero aquí “coger” tiene otro contexto… y me decían que vaya suerte que tenemos los españoles que estamos todo el día cogiendo jajaja.

– ¿Cómo es un día cualquiera de tu vida allí?
– Pues es un día muy intenso, como ya he dicho es todo un poco a la americana. Me levanto sobre las 5:30 de la mañana, hago algo de deporte, luego cogemos o agarramos el coche, dejo a mi esposa en la parada del autobús de su empresa y yo me voy a la universidad. Mi primera clase del día es a las 7 de la mañana, allí doy una media de 6-7 horas de clase. Luego como, hago deporte otra vez, después sobre las 6 de la tarde recojo a mi esposa y llegamos a casa sobre las 6:30-7 de la tarde. Ahí suelo jugar un rato con mis perros, y luego ya prepararme para el día siguiente. Siempre hay algo que hacer: exámenes por corregir, planificación de clases, preparar dinámicas, etc. La vida aquí te deja muy poco tiempo para ti mismo la verdad.

– ¿Cuál es tu lugar favorito?
– Sin duda alguna Chapultepec, el boulevard que mencioné antes donde hay muchos pubs y sitios para tomarse algo. A mí concretamente me gusta uno que se llama York Pub, es un pub estilo británico.

Aunque ha hecho buenos amigos, sus planes pasan por regresar a Sevilla.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
– Nuestros planes son irnos para Sevilla el año que viene, en primavera, no sabemos todavía bien los detalles. Yo creo que mi etapa aquí está llegando a su fin, debido sobre todo a las condiciones laborales antes mencionadas, y que en teoría la situación ya está algo a mejor en Sevilla.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Sevilla?
– Hay muchas cosas que echo de menos, por supuesto a mi familia y amigos, pero aparte de eso, pues por ejemplo el poder ir en bicicleta a los sitios, yo usaba el Sevici, aún tengo mi tarjeta. Echo de menos el poder salir a los sitios andando, por supuesto también la comida, como el gazpacho de mi madre, la tortilla de patatas, una buena tostada por la mañana, los serranitos o una Cruzcampo.

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? ¿Por qué?
– Sin duda alguna, todo el mundo debería vivir fuera al menos durante un tiempo, porque te ayuda a comprender mucho mejor el mundo en el que vivimos, enfrentas nuevas situaciones, conoces nuevas personas y nuevas formas de pensar, te sales de tu burbuja y vives experiencias, algunas serán buenas y otras malas, pero todo es aprovechable en términos de experiencia y enseñanza para la vida. Yo no descarto que mi vuelta a Sevilla sea momentánea, el mundo es un lugar muy grande y me faltan muchas cosas por ver y vivir.

– Para terminar: un mensaje a los sevillanos
– En Sevilla se vive muy bien, es una ciudad muy bonita y acogedora, y el hecho de vivir fuera parte de tu vida te da otra perspectiva y te ayuda a apreciarla un poco más. Por eso, salid y vivid experiencias en el extranjero y luego regresad a casa con más conocimientos y ganas de vivir en nuestra ciudad. Como digo, el mundo es muy grande y hay muchas cosas que aprender. En breve nos vemos por allí. Un saludo.



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