Redacción. La Consejería de Cultura y Deporte, dirigida por Patricia del Pozo, ha adquirido en subasta dos obras de la pintora Luisa Puiggener, artista relevante del panorama sevillano de comienzos del siglo XX. Esta incorporación supone un hito para el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que hasta ahora no contaba con obras de la autora en sus fondos.
Las piezas adquiridas son los lienzos ‘Consulta gratis’ (1904) y ‘Riña’ (ca. 1900-1910). Ambas obras reflejan dos vertientes fundamentales de su producción pictórica: el realismo social y el costumbrismo, corrientes muy presentes en la Sevilla de la época.
Según ha señalado Patricia del Pozo, esta compra “amplía la presencia de las mujeres en la colección del museo y pone fin a la ausencia de Luisa Puiggener en sus salas”. Además, ha recordado el compromiso continuado de la pinacoteca, bajo la dirección de Valme Muñoz, con la reivindicación del papel de la mujer en el arte.
María Luisa Puiggener Sánchez nació en Jerez de la Frontera en 1867, aunque se trasladó a Sevilla desde joven. Allí desarrolló su formación artística y completó sus estudios en el taller de José Jiménez Aranda. Su participación constante en certámenes locales y nacionales demuestra una dedicación profesional sostenida a la pintura.
Sin embargo, su condición de mujer limitó la difusión de su obra durante décadas. Aun así, su figura ha comenzado a ser reconocida recientemente. Un punto de inflexión fue la adquisición, en 2022, del lienzo ‘Una artista’ por parte del Museo del Prado, obra clave para su revalorización.
El cuadro ‘Consulta gratis’, presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904, muestra a varios pacientes esperando atención médica gratuita. La escena refleja con sobriedad la miseria y el desamparo social de la Sevilla de 1900.
La composición reúne a personajes humildes y resignados en un espacio arquitectónico reducido, lo que refuerza la carga emocional de la obra. La escena está construida con sencillez y una cuidada observación psicológica.
Por su parte, ‘Riña’ representa una escena interior marcada por gestos contenidos y una tensión silenciosa. La autora sitúa al espectador ante un conflicto cotidiano sin recurrir al dramatismo excesivo.
En esta obra destaca el uso experimental de la iluminación, con dos focos de luz opuestos que eliminan las sombras profundas. El tratamiento de la indumentaria confirma su dominio técnico y su sensibilidad pictórica.



