El otro gran museo de carruajes de Sevilla

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La pasión de los responsables de la hacienda ha hecho que se reúna una colección impresionante.
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La pasión de los responsables de la hacienda ha hecho que se reúna una colección impresionante.

Fermín Cabanillas. La localidad de Dos Hermanas esconde muchos secretos, muchos rincones en los que perderse unos instantes, pero uno de ellos llama la atención por su originalidad, porque en este municipio se encuentra uno de los museos de carruajes más importantes del mundo.

Son 160 piezas de distintas épocas y tamaños, y es una colección que se ha conseguido por la pasión de un malagueño, Gregorio Aranda, que tiene celosamente agrupados los carruajes en inmensos salones que sólo son visitables esporádicamente en el entorno de varios edificios dedicados a eventos, congresos o grandes reuniones de todo tipo.

Toda la colección se custodia en la hacienda ‘San Miguel de Montelirio’, donde se pueden ver ejemplares de carruajes desde el siglo XVII hasta principios del XX.

Ha sido posible gracias a la afición que desde muy joven empezó este hombre nacido en San Pedro de Alcántara, pero que ha vivido a caballo entre este pueblo y el sevillano de La Puebla del Río, como explica su hijo Rafael, que detalla que “la afición la ha tenido desde siempre, pero cuando ha ido pudiendo la ha ido aumentando con más ejemplares, hasta tener lo que se ve ahora”.

Una colección muy importante. Rafael Aranda afirma que la importancia de la colección en España no tiene comparación, “y hay alguna similar en Alemania, pero como ésta, ninguna”, explica, para destacar la importancia de todo lo reunido y cómo llama la atención para las personas que la ven cuando acceden a lo que creen que es solamente un salón de celebraciones.

Los propios carruajes “que se pueden ver, pero está totalmente prohibido tocar”, ya son un espectáculo en sí mismos, aunque la colección no se ciñe a eso, sino que también se abre a los ojos del visitante una colección de la ropa que llevaban los encargados del cuidado o guía de los carruajes, bajo la denominación de cocheros, mayorales o caneleros.

Se puede visitar en momentos concretos, o bien cuando se acude a alguna celebración.

Un rincón de este particular “museo” permite ver también en unas cristaleras algunos de los enseres que las familias de clase alta de la época tenían para pasar los días fuera de casa, con completos conjuntos de “picnic” para que nada faltase cuando se salía de casa dentro del carruaje familiar.

La hacienda de Dos Hermanas fue construida como casa de los jesuitas dependientes de la orden de Buenos Aires, y llamada inicialmente ‘El Hospicio de Indias’, constituyendo uno de los ejemplos más claros y espectaculares de arquitectura barroca en suelo andaluz.

Fue concebida para ayudar a descansar y curarse a los monjes que volvían de las Indias Americanas hasta las haciendas en Sevilla, y entre otras manos, pasó por las del Marqués de las Marismas, Alejandro de Aguado, conocido por ayudar a los franceses durante la guerra franco-española, lo que le condujo al exilio a París.

Cuenta incluso con una capilla en sus instalaciones con retablo e imágenes del siglo XVIII, para que el visitante, una vez vistos los carruajes, se siga haciendo todas las preguntas que le vengan a la mente sobre este inmenso lugar, y sobre las historias particulares que cada carruaje habrá vivido desde su construcción.

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