El primer coche eléctrico de la historia, que es sevillano, y otros inventos

Rescatamos y homenajeamos a dos inventores sevillanos que aportaron importantes trabajos para la ciencia y la inventiva, Francisco Domínguez-Adame Romero y Felipe Guillén.

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Virginia López. El primer coche eléctrico es sevillano y otros relevantes inventos y descubrimientos. El pasado 9 de noviembre fue el Día Internacional de los Inventores. Aunque a España se le achacan más campanarios que chimeneas, ha aportado a la ciencia y a la inventiva ilustres nombres. En muchos casos desconocidos u olvidados, cuando no arrinconados por ser mujer.

Sevilla en el siglo XVI, atribuido a Sánchez Coello (detalle).

El caso sevillano va de la mano, de ahí que me detenga en los inventos – y sus correspondientes biografías – de dos ilustres sevillanos. Son muy desconocidos por el gran público y merecen rescatarse y homenajear.

Por un lado está Felipe Guillén a quien se le atribuye la invención de la brújula y por otro lado está Francisco Domínguez-Adame Romero que inventó y fabricó el primer coche eléctrico de la Historia, el coche eléctrico sevillano.

La brújula tiene en realidad muchos padres, no puede decirse que sea invento o creación exclusiva de un solo par de manos. Pero nuestro paisano aportó su granito de arena en la mejora del aparato y se le atribuye la invención de la Brújula de Desviación. Esta servía para medir la declinación magnética y también llevó a cabo un método para calcular la longitud geográfica a partir de dicha medida.

Retrato de Felipe Guillén, por Eulogia Merle.

Esa atribución no ha sido un rescate actual sino que ya fue su contemporáneo y compatriota, el cosmógrafo e historiador Alonso de Santa Cruz, quien lo afirmaba, aduciendo que habría llegado a tal hallazgo mediante las conversaciones mantenidas con los pilotos que hacían la Carrera de Indias entre Sevilla y el Nuevo Mundo.

Felipe Guillén nace en Sevilla en fecha incierta, cotejándose 1487 o 1492. Así es, Colón surcó el océano sin brújula. Solo llevaba cinco instrumentos náuticos: la aguja náutica, el astrolabio, el cuadrante, la ampolleta y el escandallo. No olvidemos que fue el primero en superar el cabotaje.

No hay noticias de Felipe Guillén en Sevilla, salvo la descripción del propio Santa Cruz:

Boticario, vecino de Sevilla, hombre muy entendido e ingenioso, gran jugador de ajedrez y cortador de tijera»,

Mapa de Juan de la Cosa con la primera representación cartográfica de América (en verde).

Parece que en el año 1519 ya estaba en Portugal, hasta que se pierde su rastro en Brasil hacia 1561, donde había recibido el encargo de organizar la explotación de minas de oro.

Llama la atención su profesión de boticario, debió coincidir con Monardes, cuya fama es mucho más notoria. Y sorprende que no participara en la expedición de Magallanes que iba en busca precisamente de especias en las Molucas, una vez confirmado que América no era Asia.

Me atrevo a sugerir que algo debió ocurrir, una especie de exilio o huida por algún motivo pues no regresa a su país natal, triunfando plenamente en el país vecino donde Philippe Guilhem, como es conocido, está al servicio de la corona desde 1525 como “veedor e evaluador de drogas” en la Casa da India y allí es premiado por su invento con el hábito de la Orden de Cristo.

En cuanto a su familia, muerta esposa y un hijo, le sobreviven tres hijas.

El desconocimiento de este personaje explicaría su ausencia en el callejero, no obstante, el Carrer de Guillem, en el barcelonés Born, no está sino dedicado a nuestro hombre, desde 1907. Hay quien dice que el invento era un ardid y que un experto astrónomo lo desenmascaró. Huyó, siendo encontrado en Galicia y acabó su vida en galeras. Demasiado novelero y sin fuente histórica de base. Nos quedamos con las palabras del científico Humboldt que proclamó que el boticario sevillano “tenía derecho a la inmortalidad”.

Francisco Domíguez-Adame Romero.

No hay nada más en boga hoy día que un coche eléctrico. Pero solo a un puñado de sevillanos les sonó en los años 50 el D.A.R. que es como bautizó Francisco Domínguez-Adame Romero – con las siglas de sus apellidos – este artesanal coche construido por él mismo. Lo empezó en su casa del Porvenir y lo terminó en el taller de la Escuela de Peritos Industriales de Sevilla.

Apenas hay datos biográficos suyos, desconozco si su nieto Mauricio Domínguez-Adame, el insigne Jefe de Protocolo del Ayuntamiento durante décadas, publicó alguna reseña.

El coche electrico para sus hijos y planos del DAR.

Francisco Domínguez-Adame Romero (1905 – 1987) era Catedrático de Termodinámica y Motores y desde los años 30 venía realizando diversos inventos, relacionados todos con la automovilística. Ya en 40 creó para los pequeños de la familia, un coche eléctrico con 0.5 CV y a pedales. El primer vehículo que diseñó es de 1944 y dos años después aparece el DAR. La escasez de combustible en plena posguerra mundial, agudizó, sin duda, el ingenio.

Una vez que lo construyó, el coche eléctrico sevillano fue dotado de dos motores de 2CV cada uno aunque con el tiempo lo convirtió en coche híbrido y de igual modo pasó de descapotable a cubierto. Teniendo en cuenta que no había plástico aún, diseñó y elaboró todo el chasis y el interior. Logró que se lo matricularan con la placa SE 19935 y registró DAR como marca comercial.

Fue una fabricación artesanal pero también colectiva y familiar. Hasta su mujer se encargó de los asientos y forrado interior. Tenía una autonomía de 80 km y la velocidad dependía del número de ocupantes siendo la máxima 50km/hora. Como curiosidad, era extremadamente silencioso.

El DAR junto a un ‘seita’.

Vendido el coche eléctrico sevillano en 1958, se perdió el rastro, pues nadie se interesó por la patente de un coche que tuvo un uso exclusivamente familiar – de doce años – para solventar la escasez de gasolina.

En la actualidad, su bisnieto Ignacio Domínguez-Adame forma parte de un equipo de la Universidad de Sevilla que trabaja en la construcción de un coche eléctrico, aportando toda la documentación y planos de aquel coche eléctrico sevillano que dejó su antepasado. Lo diseñó en una noche, lo fabricó en unos meses y se topó con la administración que tardó en matricularlo. Tampoco tiene una calle.

Studebaker, el coche que iba a contramano.

Sevilla ocupa un lugar destacado en el mundo de la navegación y queda pendiente una obra enciclopédica que recopile los logros y biografías de tantos cosmógrafos que nacieron o trabajaron aquí. En una ocasión hablamos por ejemplo del eximio Pedro de Medina:

https://sevillabuenasnoticias.com/pedro-de-medina-un-sevillano-estelar-en-el-avance-de-la-navegacion-europea-del-siglo-xvi/

Y hubo un momento de la Historia especialmente floreciente en las ciencias como es Al Andalus, por lo que en este caso hablamos de científicos e inventores andaluces, como Abbās Ibn Firnās, el sabio andalusí que inventó el paracaídas y vivió para contar su primer vuelo.

Una de las cosas más maravillosas de la humanidad es su curiosidad y ansias de aprender. Que no caigan en el olvido los hombres y mujeres inventores y que cada 9 de noviembre reciban algo más que, como siempre sin tarjeta, un ramito de la flor más humilde.

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