Carmen González. Miles de personas cruzan cada día la Plaza de San Francisco. La mayoría contempla la fachada del Ayuntamiento sin reparar en uno de los detalles más sorprendentes del edificio. A simple vista parece completamente terminada. Sin embargo, basta detenerse unos segundos para descubrir que solo una parte está decorada.
Mientras un sector luce una exuberante ornamentación renacentista, el otro permanece prácticamente liso. Los bloques de piedra están colocados, pero nunca llegaron a tallarse. Es una curiosidad que pasa desapercibida para la mayoría de los sevillanos y que ha dado pie a numerosas preguntas sobre por qué la fachada quedó a medio terminar.
La historia de este edificio comienza en uno de los momentos de mayor esplendor de Sevilla. En el siglo XVI, la ciudad se había convertido en la gran puerta del comercio con América y en uno de los principales centros económicos de Europa. Sin embargo, su sede municipal seguía ocupando unas antiguas dependencias situadas en el Corral de los Olmos, un espacio que ya no estaba a la altura de la importancia que había adquirido la ciudad.
Fue entonces cuando intervino el emperador Carlos V. Tras su estancia en Sevilla con motivo de su boda con Isabel de Portugal, el monarca impulsó la construcción de una nueva Casa Consistorial que representara el poder y la riqueza de la ciudad. Aquel proyecto sería un auténtico regalo para la Sevilla del Renacimiento.
Las obras comenzaron bajo la dirección del arquitecto Diego de Riaño, considerado uno de los grandes maestros del plateresco español. Su diseño convirtió al edificio en una de las mejores muestras de este estilo en Andalucía. Tras la muerte de Riaño en 1534, los trabajos continuaron con Juan Sánchez, que respetó el proyecto original mientras dirigía nuevas ampliaciones.
Sin embargo, el Ayuntamiento que conocemos hoy es el resultado de dos grandes etapas constructivas. La primera corresponde al siglo XVI y dio forma al edificio renacentista. La segunda llegó en el siglo XIX, después del derribo del antiguo convento de San Francisco. Aquella intervención modificó profundamente el entorno y permitió ampliar la Casa Consistorial hacia la actual Plaza Nueva.
Los arquitectos Balbino Marrón y Demetrio de los Ríos fueron los responsables de esta transformación. Entre sus objetivos figuraba prolongar la decoración plateresca de la fachada que mira a la Plaza de San Francisco para que todo el conjunto mantuviera una imagen uniforme.
Sin embargo, ese plan nunca llegó a completarse. Las obras sufrieron distintas interrupciones, el proyecto fue modificándose y la ornamentación quedó inacabada. Hoy todavía pueden verse los sillares preparados para recibir la talla, como si los escultores fueran a regresar en cualquier momento para terminar su trabajo.
Precisamente la parte ya decorada es uno de los conjuntos escultóricos más ricos de Sevilla. Entre sus relieves aparecen emperadores, reyes, santos, personajes bíblicos y figuras mitológicas. También puede reconocerse a Hércules, considerado por la tradición el fundador legendario de la ciudad, o a Fernando III, protagonista de la conquista cristiana de Sevilla.
Pero la fachada también esconde sorpresas mucho más recientes. Si se observan con atención algunos de los medallones incorporados durante restauraciones posteriores, aparecen dos rostros muy conocidos del siglo XX. Uno corresponde a la actriz y princesa de Mónaco Grace Kelly. El otro representa al actor y director Orson Welles, un apasionado de España que mantuvo una estrecha relación con Sevilla. Ambos fueron incorporados como un discreto homenaje por los escultores que participaron en las intervenciones modernas del edificio.
Otro de los rincones más conocidos del Ayuntamiento es el Arquillo. Cada Navidad se convierte en uno de los lugares más fotografiados del centro gracias al tradicional Belén instalado bajo su arco. Sin embargo, este espacio también conserva una curiosa leyenda popular. Según la tradición, quien atraviesa el Arquillo nunca llegará a casarse. No existe ninguna base histórica que respalde esta creencia, pero el relato ha sobrevivido durante generaciones como una de las muchas historias que rodean al edificio.
La fachada principal orientada hacia la Plaza Nueva quedó concluida en 1867. Pocos años después se completó la decoración del Salón Colón. Finalmente, en 1931, la Casa Consistorial fue declarada Monumento Histórico-Artístico, un reconocimiento que confirma su extraordinario valor patrimonial.
Hoy, el Ayuntamiento continúa siendo el centro de la vida política municipal. Allí trabajan el alcalde y los concejales de Sevilla. Sin embargo, también es uno de los edificios con más secretos de la ciudad. Entre esculturas renacentistas, personajes mitológicos, guiños inesperados a estrellas de Hollywood y una fachada que nunca llegó a terminarse, la Casa Consistorial demuestra que aún guarda detalles capaces de sorprender incluso a quienes pasan junto a ella todos los días.
La próxima vez que cruces la Plaza de San Francisco, merece la pena levantar la vista. Compara ambos lados de la fachada y observa dónde termina la decoración. Descubrirás que uno de los edificios más fotografiados de Sevilla lleva casi dos siglos mostrando una obra que, por razones que todavía siguen generando debate, nunca llegó a completarse.




2 comentarios en «El secreto de la fachada inacabada del Ayuntamiento de Sevilla»
Excelente explicación. Gracias Carmen
Gracias Carmen, estoy aprendiendo mucho contigo, con tus artículos que son historia en historias 😉