El Servicio de Idiomas de la UPO ofrece por primera vez cursos de Lengua de Signos Española

La LSE tiene gramática, fonología, semántica y pragmática propias, puesto que no se trata de una lengua basada en la mímica.

Nueva oferta del Servicio de Idiomas de la UPO. / Foto: UPO.

Redacción. El Servicio de Idiomas de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla amplía a partir del presente curso 2018/19 su oferta académica con cursos de Lengua de Signos Española, además de los cursos de Inglés, Francés, Alemán, Chino, Japonés y Portugués que ya se podían recibir. De esta manera, la UPO quiere resaltar el “carácter inclusivo” de este servicio, “adaptándose a las demandas de la sociedad actual”.

La lengua de signos es la lengua natural de comunicación y expresión de las personas sordas. Como importante activo de la cultura española, está reconocida, promovida y difundida como vehículo de comunicación de estas personas para su desenvolvimiento en la vida cotidiana, así como considerada una herramienta fundamental para la plena participación social, política, cultural y económica. No se trata una lengua basada en la mímica, sino que al igual que las lenguas orales, posee gramática, fonología, semántica y pragmática propias. En este caso, el canal empleado para la comunicación es el viso-gestual y su gramática, que es muy rica, se caracteriza por movimientos, configuraciones, orientaciones y ubicación espacial de las manos, a los que se añaden elementos no manuales.

Existen diferentes lenguas de signos y cada una de ellas tiene unas características propias que las diferencian de las demás. Durante este curso académico, se estudiará la Lengua de Signos Española (LSE), que es una de las que conviven en nuestro país junto con la Lengua de Signos Catalana (LSC). Los orígenes de la LSE datan del siglo XVI pero no es hasta 2007 cuando el ordenamiento jurídico regula su existencia mediante la Ley 27/2007, de 23 de octubre, por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) estima que en España puede haber alrededor de un millón de personas sordas, con más incidencia en las mujeres que en los hombres. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) contabiliza sobre 100.000 los españoles que utilizan la Lengua de Signos.

Atendiendo a una visión ampliada de la lengua como comunicación, desde un punto de vista pedagógico, las lenguas de signos y las orales se sitúan en el mismo espacio común. Del mismo modo que las competencias, actividades comunicativas y estrategias que se presentan en las escalas de descriptores del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL) permiten desarrollar diseños curriculares coherentes entre lenguas orales, las lenguas de signos, con las debidas adaptaciones, también pueden sustentarse en la base común del documento europeo para establecer su propio modelo descriptivo. Ambas lenguas -orales y de signos- tienen la oportunidad de establecer una relación de mutuo provecho basada en el análisis de las dimensiones lingüística y pedagógica que comparten desde su papel común de instrumentos de comunicación.




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