El sevillano Andrés Tolón Rodríguez narra su experiencia en el paradisíaco Cabo Verde, donde es subdirector de un hotel de lujo

Técnico en Posproducción Digital Cinematográfica, periodista y directivo en cadenas hoteleras de renombre, este treintañero camaleónico ha residido en Alemania y Portugal antes de aterrizar en la increíble isla de la costa africana.

Andrés Tolón Rodríguez es subdirector de un hotel de lujo en Cabo Verde.

Ana Rodríguez. Mudarse al paraíso es una oportunidad de esas que se presentan una vez en la vida. Al sevillano Andrés Tolón Rodríguez se le planteó a finales de 2018 y después de haber recorrido gran parte de Europa. No se lo pensó. Cuando le propusieron ser el subdirector del mejor hotel de la isla de Sal (Cabo Verde), el Hotel Riu Palace Cabo Verde -cinco estrellas lujo-, dijo sí e hizo las maletas para desembarcar en ese pedacito de cielo en la tierra.

Andrés llegaba al archipiélago situado frente a la costa de Senegal a principios del pasado noviembre procedente de Albufeira, ciudad portuguesa donde trabajaba también como subdirector en un hotel de cuatro estrellas, con 500 habitaciones y capacidad para 1.300 personas.

A sus 32 años, Tolón se ha labrado una amplia trayectoria tanto en el sector turístico como en su vocación original, el periodismo.




Criado en Sevilla capital, sus primeros recuerdos son de Ciudad Jardín, donde vivía su abuela Dolores y él jugaba al fútbol en la calle. Creció entre Sevilla-Este, zona en la que estudió en el Colegio Alemán Alberto Durero y su padre, médico, tiene una clínica y la urbanización Pinogrande, en las afueras.

El sevillano disfruta cada día de estas hermosas playas.

Aunque siempre estuvo muy vinculado al deporte -fútbol, tenis, natación…- se formó como técnico en Posproducción Digital Cinematográfica, licenciándose posteriormente en Periodismo y haciendo luego un máster en Dirección de Hoteles.




Su primera experiencia fuera de su Sevilla natal llegó en 2009, cuando viajó a Braunschweig (Alemania), con una beca Erasmus para hacer un año de ‘Gestión y Diseño de Medios de Comunicación’. Luego realizó unas prácticas como redactor y fotógrafo en Berlín y acabó viviendo cinco años en Frankfurt.

Andrés ha vivido varios años en Alemania y también ha residido en Ibiza y Albufeira.

Desde 2012 se dedica en exclusiva al sector hotelero, en el que ha desarrollado una carrera fulgurante, tanto en departamentos comerciales como en puestos directivos.

De su trayectoria nos habla Andrés con más detalle:

– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Hay trenes que pasan una vez en la vida y hay que cogerlos. Era joven y, aunque trabajaba en mi gran vocación -el periodismo deportivo- me surgió una oportunidad profesional que no pude rechazar, ya que me abría las puertas de un futuro muy ilusionante y que nunca me había planteado en el sector turístico. Hoy, ya varios años después, me alegro enormemente de haber tomado esa decisión y estaré igualmente agradecido por siempre a quien me dio la oportunidad.

Tolón es licenciado en Periodismo y máster en Dirección de Hoteles.

– Háblanos de tus primeras estancias en el extranjero.
– He estado en Braunschweig, en la Baja Sajonia alemana, donde estudié ‘Diseño y Gestión de Medios de Comunicación’ junto a la que entonces era mi novia, Violeta. Hicimos juntos el Erasmus y además de que nos unió muchísimo, nos sirvió para pasar uno de los mejores años de nuestra vida. Luego en Berlín, también juntos, fui redactor y fotógrafo para un magazin online de mucho éxito en Alemania, Promiflash, donde tuve algunas experiencias maravillosas, como asistir a premieres de cine, fiestas y hacer grandes amigos que aún están en mi vida. El trabajo era muy divertido y, después de haber conocido algunos medios españoles, me pareció por ese entonces dar un salto de gigantes.
Luego fue Frankfurt y el turismo. Empecé como delegado comercial en Europa para cadenas y hoteles independientes de lujo, una oportunidad única que me sirvió para conocer el país entero por carretera, toda Europa a base de viajes y ferias e, incluso, Sudamérica, ya que una de las compañías para las que trabajaba era colombiana. Siempre estaré agradecido a Ana de Oliveira, una emprendedora gallega que apostó por mí cuando mi camino parecía otro totalmente distinto.

Andrés llegó a Cabo Verde a finales de 2018.

– Entonces comenzó tu carrera en la dirección de hoteles ¿no es así?
– Sí, una carrera que labré paso a paso y que no habría sido posible sin que Tarik Aria, empresario afgano-alemán que me dio el gran impulso y de quien aprendí a gestionar una pequeña cadena hotelera. Por ese entonces le di demasiada importancia al trabajo y, mi novia, que siempre me había apoyado, empezó a necesitar más que nunca volver a España, donde yo, cada vez menos, veía mi futuro. Fue difícil, pero siendo aún muy joven aposté por mi carrera y, por las circunstancias, acabamos separándonos. A veces es muy difícil no estar más cerca de casa… y todo se me complicó. Deprimido, cambié de trabajo y llegué a Ibiza como director adjunto a un beach club y restaurante de una cadena de mucho prestigio como Iberostar. Había conseguido mi objetivo: dar un salto cualitativo en mi currículum, pues pasé a formar parte de un grupo con mucho nombre, aunque de manera un tanto efímera. Luego regresé nuevamente a Frankfurt y acepté un nuevo reto como director general en un gran hotel de convenciones cerca de la fábrica de Opel. Por motivos personales, un año después, me mudé a Portugal, donde Riu me dio una gran oportunidad. Fue un nuevo fracaso amoroso con la persona equivocada la gota que colmó el vaso, pero siempre creo que todo ocurre por alguna razón y el cambio a Albufeira, tan cerca de casa, además después de tantos años, me abrió un sinfín de puertas a la felicidad que por mucho tiempo tenía cerradas.

El sevillano es un apasionado del Betis y de los deportes náuticos.

– ¿Cómo fueron tus primeros días en Albufeira?
– Después de tantos años en el extranjero y tantas y tan diferentes experiencias acumuladas no tenía miedo. El hecho de empezar como subdirector viniendo de tantos años cono director me quitaba también algo de presión, pero a nivel personal necesitaba un cambio. Además, el calor de la gente, el cariño de los más de 200 empleados y la paciencia de mis compañeros, especialmente de Samuel y Miguel, hicieron el resto. Muy fácil.

– ¿Cómo fue el cambio de Albufeira a Cabo Verde? ¿Qué pensaste cuándo te ofrecieron el puesto?- Tenía un poco de miedo, pero no lo dudé. Venía cociéndose lentamente desde unos meses atrás y cuando surgió la oportunidad ya estaba mentalizado. Siempre soy reacio a los cambios drásticos, pero al final, con el tiempo y las experiencias me he convertido en un auténtico camaleón. Me adapto a todo rápido y la verdad que lo disfruto.

Formar parte del equipo directivo de grandes hoteles entraña una gran responsabilidad.

– Como subdirector, ¿cuáles son tus funciones?
– Desde que comienza la jornada hasta que acaba, desde la dirección, nos preocupamos por el perfecto funcionamiento de las instalaciones, el personal y los detalles. Las relaciones públicas, la calidad del servicio y, por supuesto, que los números cuadren son algunas de nuestras tareas.

– ¿Cómo es Cabo Verde?
– El clima es una maravilla, sol prácticamente todos los días del año y una temperatura lo suficientemente agradable para tomar un baño en sus playas color turquesa, ponerse moreno y disfrutar de sus noches en bermudas y manga de camisa. Un paraíso. La gente es extraordinaria, de corazón noble y humilde, siempre con una sonrisa y una amabilidad sin límites. ¡Es imposible no enamorarse! Además, tanto los habitantes como la gastronomía y las culturas son una mezcla entre lo africano, lo europeo colonial y lo brasileño. También la música, que es en sí una forma de vida. Tiene lo mejor de todos ellos y a mí me encanta.

Andrés habla perfectamente alemán y portugués.

– ¿Cómo te defiendes con el portugués? ¿Y con el alemán?
– El portugués lo voy mejorando día tras día, siempre tuve facilidad para los idiomas. Sin embargo, el hecho de que el portugués en general habla y entiende bastante bien el español, me dificulta la práctica. El alemán lo domino casi a nivel nativo, estudié en una escuela ‘casi’ bilingüe y pasé muchos años allí… es lo mínimo.

– ¿Cuáles son, a tu parecer, los pros y contras de vivir en el extranjero?
– Los pros son muchos, sobre todo la capacidad de reunir experiencias y adquirir visiones y conocimientos que solo son posibles vivir fuera de tu propio país. Sin embargo, la lejanía de la familia y los amigos de siempre es el gran hándicap con el que nos encontramos los emigrados.

Su tierra le llama pero reconoce que vivir fuera es una experiencia enriquecedora.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?
– La verdad que me adapto a todo. Además siempre me ha ido bien. Por tanto, los obstáculos no me parecen tantos. Quizás, al final, el hecho de no ser de un mismo país provoca situaciones un tanto racistas, como cuando el alemán, que siempre se cree superior, piensa que estoy en su país porque en el mío no hay trabajo ni dinero. Y más allá de que allí las cifras no sean tan dramáticas, lo cierto es que fui yo el que elegí irme, nunca fue una necesidad. Luego está la barrera idiomática. Quizás no tanto para mí, pero sí que lo viví con mi expareja, que se esforzó muchísimo para integrarse partiendo desde cero. Pero se esforzó y lo consiguió. Con esfuerzo todo es posible.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia.
– Un ejemplo del contraste cultural entre los fríos y, a veces, inhumanos alemanes y el carácter amigable y gentil del español se puede resumir en la siguiente anécdota: cuando aún vivíamos en Berlín, mi por entonces novia, mi todavía buen amigo Gabriel (argentino) y yo, comíamos con otros dos compañeros alemanes a diario. A veces incluso salíamos juntos. Un día durante el almuerzo uno de ellos requirió de nuestra ayuda para una mudanza esa misma noche, a lo que nosotros tres lógicamente nos ofrecimos con gusto. Sin embargo, el otro compañero alemán dijo que no podía ir porque iba a ser padre esa misma noche o al día siguiente… ¡ni siquiera sabíamos que tenía novia, ni que estuviera embarazada! Y efectivamente, fue padre. Pero eso demuestra que para ellos el trabajo es trabajo y la vida personal está completamente separada. Es muy difícil cruzar esa barrera.

La gastronomía es un buen motivo para visitar Cabo Verde.

– ¿Piensas volver a España, a Sevilla, en breve?
– Sin duda, a la mayor brevedad, pero sin renunciar a nada de lo que he conseguido con mi esfuerzo y mi dedicación diaria. Creo que fue Pio Baroja quien dijo que el nacionalismo se curaba viajando y sí, seguramente. Pero con más de tres cuartos de la nueva y la vieja Europa recorrida a mis espaldas, sigo pensando que Sevilla es la ciudad más bonita de la tierra.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
– La ciudad en sí. El buen ambiente en cada esquina. Ver al Betis en su templo cada dos domingos. El olor de sus calles. Son tantas cosas…

– ¿Se echa más de menos Sevilla en Feria?
– Sin duda que sí. Y en Semana Santa. Pero perdérselas de vez en cuando son cosas que hay que aceptar. Por otro lado, estoy enriqueciéndome con experiencias y culturas que son diferentes y no están al alcance de todos. Hay que quedarse con lo positivo siempre.

Para Andrés Sevilla sigue siendo la ciudad más bonita del mundo.

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España?
– Sí. No se sabe cuánto tan bueno o malo es algo si no lo comparas con otra cosa. Y eso sirve también para las ciudades y sus habitantes. Si además eres lo ‘auficientemente’ inteligente como para admirar lo bueno y adaptarlo a tus circunstancias, tendrás una mejor visión del mundo, más completa y, además, harás del mismo un lugar mejor.

– Para terminar: un mensaje a los sevillanos.
– Que sean críticos. Que sean valientes. Que no se conformen con menos de lo que merecen. Y que no se dejen amedrentar por nadie. Tenemos una ciudad maravillosa que todavía puede y debe dar mucho más de sí. Luchemos por ello todos juntos, desde dentro y desde fuera.

Muchas gracias Andrés



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