“En invierno echo de menos el sol de Sevilla, y todo el año el pescaíto”

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Llegó hace un año a Holanda y ha conseguido empleo estable.
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Llegó hace un año a Holanda y ha conseguido empleo estable.

M.C. Contreras. Tilburgo (Tilburg en neerlandés) es un municipio y una ciudad situados en la provincia de Brabante Septentrional, en el sur de los Países Bajos.

El municipio incluye la propia Tilburg, y los pueblos aledaños de Berkel-Enschot y Udenhout. Todos ellos suman una población de 201.259 habitantes, en lo que supone ser la sexta ciudad más poblada de los Países Bajos, y la segunda del Brabante Septentrional, sólo por detrás de Eindhoven.

A esta zona del centro europeo llegó hace un año Juan Antonio Peralías, un vecino de Gerena de 54 años de edad que encontró trabajo en Holanda como fontanero, y ha sabido labrarse un futuro en esas tierras, aunque confiesa que, aunque le va bien, echa de menos en invierno el sol de Andalucía, y todo el año el pescaíto frito.

Su historia es la de muchos españoles que se vieron atrapados por la crisis económica siendo profesionales cualificados.

Ha encontrado un empleo gracias a su perseverancia.

Llevaba algún tiempo desempleado “cuando encontré un anuncio en el periódico ’20 Minutos’, que buscaba fontaneros en Holanda, así que decidir mandé mi currículum”,

Desde ese momento, todo se precipitó -en positivo- para Juan Antonio: “Me llamaron, me dijeron las condiciones que ofrecían y en tres días estaba en Ámsterdam”, así de fácil.

Lamentablemente, se tuvo que montar en un avión y dejar su país a pesar de ser una persona sobradamente preparada, “porque en España no hay trabajo para la gente de mi edad”

De momento, lleva en Holanda un año, y espera estar dos o tres más. Trabaja “para lo que llamaríamos en España una ETT, que se llama De Uitlener”, que en su página web se define como “empresa especializada en la mediación de personal. Instalaciones técnicas. Construcción de vivienda nueva. Renovación de vivienda. Construcciones…”.

Sus momentos de ocio los aprovecha para conocer otras ciudades.

“El trabajo no está mal, pero nosotros hacemos el trabajo que los holandeses no quieren hacer, en definitiva, aquí te das cuenta lo que sienten allí los migrantes”, explica, sentenciando que supone “una buena cura de humildad”.

El tiempo que le queda libre lo invierte “prácticamente en lo mismo que he hecho siempre, como oír música, tocar la guitarra, leer… Lo único extraordinario es cuando salgo a ver las ciudades cercanas a la que vivo”.

Con todo, echa de menos del sur “en invierno, el sol y el cielo azul. Los olores, como el del azahar, el pescaíto pescado frito…”, y de momento no se plantea volver a corto plazo, en función de cómo lo vaya tratando la vida en Holanda.

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