“Estoy bien en Nueva York, pero la familia y la comida se extrañan”

José Juan Panduro cogió un avión en 2013, dejando atrás todo para encontrar su futuro, y hoy día es uno de los profesionales más importantes de su trabajo.

Natural de Gerena, su vida está unida a buscarse el porvenir allí donde puede.

M.C. Contreras. “Soy una persona a la que le encanta hablar describiendo su vida con todo lujo de detalles”. Así empieza a contar su historia al otro lado del Atlántico José Juan Panduro, nacido en Gerena hace 39 años, en Nueva York desde 2013 “y un nómada desde los 20 años”.

Su historia es la de muchas personas que quisieron prosperar hace algunos años: “Yo decidí venirme a Estados Unidos en 2012, cuando sufrí una depresión laboral en el área de Animación Turística de Hoteles, tras trabajar dos años de Jefe de Animación y tres como Animador para Sol Meliá”.
“Me vine porque tenía una conocida aquí en Nueva York que me encantaba y llevaba cinco años hablando con ella, y pensé que iba a ser la mujer de mi vida, pero también me vine porque estaba harto de luchar en España en la Empresa Sol Meliá en la cuál trabajaba de Animador en las temporadas de Verano y en la Empresa Correos S.L. donde trabajaba en las temporadas de invierno”, explica.
Consejo de su amigo. Él autor de su decisión fue su mejor amigo, Paco Carreño, “que se venía un año antes de lo que yo lo hice y que me animó a venir aquí ilusionándome con un mejor futuro. La decisión no fue fácil, es cierto que no tenía estabilidad laboral en España, pero no me lo montaba nada mal, solía trabajar de cinco a cuatro meses como Animador en verano, y de tres a cinco meses en Correos como repartidor en moto. Es cierto que me fastidiaba quedarme en paro cinco o seis meses al año, y que tenía que trabajar todos los fines de semana de camarero en mi pueblo para no gastar todos mis ahorros, y que los años que no tenía paro, a veces lo pasaba mal”, explica.
Lleva más de 20 años buscándose la vida por el planeta.

No obstante, explica que “en el fondo tenía una calidad de vida que si lo piensas no tiene todo el mundo, en esos meses de parado, tenía tiempo libre por un tubo, y podía hacer mucho deporte y cuidar mi salud física y mental muchísimo. Pero de todo se cansa uno, y yo siempre me quejaba cuando no tenía un sueldo mensual de cartero o animador, así que dejándome llevar primero por mis sentimientos hacía esa chica neoyorquina que tanto me gustaba y por los consejos de mi amigo Paco, el amigo que más inteligente era de todos los que tengo, me tiré la manta al cuello como decimos en Andalucía, puse en venta todas mis cosas materiales, motos, coche, bicis, material técnico y deportivo, etc., y me vine un 9 de octubre a Nueva York, en contra de toda mi familia, que no apoyaba mi apuesta por una chica que solo conocía por internet”.

Sin embargo, “había decidido venir a empezar una nueva vida aquí a su lado, así que vendí todo, ahorré lo máximo y hablé con ella la idea de casarnos para así yo no estar ilegal aquí en este país. Así que así hicimos, nos casamos al mes de yo llegar, a la semana de estar aquí ya estaba currando en un restaurante italiano, de tres de la tarde a dos de la madrugada, de martes a sábado”.
“En mis primeros 6 meses aquí viví una locura de sensaciones, primero cuando no pensé que me iba a encontrar lo que me encontré, segundo me puse a trabajar de sol a sol, que ni veía el sol de martes a sábado y me libré en cierto modo de todos los marrones que se me presentaron. Pero, llegó mi desilusión sentimental”.
Pasado el tiempo “me enfoqué en estudiar para sacar el curso de entrenador personal, gasté todos los ahorros que conseguí en España, y vendiendo mis cosas, pero sólo por nueve preguntas fracasé, así que me vi sin dinero y un poco triste, pero el novio de una tía de mi mujer me ofreció irme con él a currar de pintor a otro Estado de lunes a viernes, Rhode Island, y me pegué un verano entero pintando yo solo un colegio de Jesuítas, ganando 1.000 dólares semanales, una pasada”.
Ha sabido hacerse de buenos amigos para sentirse como en casa.

Cuando pasó el verano “y ya estaba recuperado económicamente, un fin de semana de visita a un amigo de la infancia de mi exmujer, en Conneticut, conocí a un hombre super inteligente que había sido vecino de ella en su infancia, y conectamos del tirón, y para mi sorpresa me ofreció la oportunidad de trabajar de exterminador. Yo ni sabía qué era, pero él me metió en la cabeza que era mejor que ser entrenador personal, y bueno por tal vez darle una oportunidad, lo intenté. Me puse a aprender una nueva profesión, mi jefe era super buena gente, me pagaba bien, mejor que en el restaurante, incluso el almuerzo, y no me dejaba hacer nada, solo quería que observara y aprendiera, y me indicó qué pasos dar para conseguir los requisitos educativos, incluso me ayudo económicamente a conseguirlos”.




De esta forma, en menos de año y medio “ya yo era Técnico en Control de plagas, tenía un sueldo que jamás tuve en mi país, y estaba contento. Siempre he ido subiendo de categoría y profesionalidad, o sea, me he ido haciendo más profesional tanto en lo laboral como educativo, y a día de hoy tengo la máxima categoría profesional como Controlador de Plagas en el Estado de Nueva York y soy experto en dos Licencias Profesionales”.
Todo ello le hizo superarse, salir adelante de problemas personales y profesionales, y ha sabido asentar su vida en la Gran Manzana, “pero la Tierra de uno, es la Tierra de uno”, sentencia.



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