
A.R.E. Inquieta y aventurera, deseosa de conocer nuevas culturas y de vivir experiencias de esas que se atesoran para narrárselas años después a hijos y nietos. Así es Guadalupe Dastis Barrantes, una sevillana de los Remedios que a sus 28 años puede presumir de haber recorrido mucho mundo, convirtiendo su pasión por viajar en una opción de vida.
Guadalupe se crió en Sevilla, en el seno de una familia tradicional y de mucho arte. Estudió en el colegio Santa Ana, siendo desde pequeña una niña bastante centrada en sus tareas y que en sus ratos libres siempre acudía a clases extraescolares de flamenco, gimnasia rítmica o deporte.
Estudió Ciencias de la Comunicación en CEADE, para luego especializarse con un máster en Relaciones Internacionales. Aunque realizó prácticas en televisión, radio y en gabinetes de comunicación, incluso en agencias humanitarias y de Cooperación al Desarrollo, al final la coyuntura económica española y sus ganas de viajar la acabaron llevando muy lejos de su Sevilla natal, como ella misma nos cuenta:
– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Todos los españoles somos conscientes de que la situación de nuestro país en casi esta última década no se ha caracterizado por ser ni muy boyante ni muy próspera, en cuanto a salidas profesionales se refiere. Aún así, consideraría injusto culpar o sentenciar a España de mi partida, ya que otro de los principales motivos por los que decidí irme, fue mi espíritu aventurero, mis ganas de explorar el mundo y cultivarme con nuevas experiencias y personas diferentes a mí. Fue entonces, cuando estudié un curso en una academia de idiomas en Sevilla que me capacitaría para ser profesora de español en el extranjero.

– ¿Dónde has estado?
– Estuve un verano en Londres trabajando (de segundo a tercer curso en la Universidad) con el deseo de perfeccionar el inglés. Más tarde, en 2016, fue cuando decidí irme a Australia a vivir con tan solo un billete de ida, para finalmente quedarme casi dos años.
– ¿Cómo fueron tus primeros días en Australia?
– Tras soltar infinitas lágrimas en el aeropuerto despidiéndome de mi familia, he de reconocer que justo al montarme en el avión una sensación de incertidumbre y miedo se apoderó de mí.

Los primeros días me sirvieron para una primera toma de contacto con el país, con la lengua y su particular acento, con sus costumbres y diferentes maneras de ser y de pensar.
Los comienzos nunca son fáciles y por ello son tan especiales. Aquí haré mención a la agencia Growpro Experience, la cual me ayudó a dar los primeros pasos en las Antípodas (tips para la búsqueda de trabajo y alojamiento, cuentas bancarias, etc.)

– Has pasado mucho tiempo en Sydney, ¿cómo es esta ciudad y sus habitantes?
– Sydney es una ciudad preciosa, llena de vida y no solo por los australianos, sino por la inmensa mezcla de culturas que conviven en paz y armonía, algo enriquecedor y que me fascina.
En cuanto a las condiciones meteorológicas, son parecidas a las de España, aunque con las estaciones invertidas, pues allí nos comíamos las uvas en la playa. Tiene playas de ensueño y un sinfín de especies de animales, incluyendo arañas gigantes y tiburones blancos.
En cuanto a sus ciudadanos, se puede palpar fácilmente las raíces anglosajonas de las que provienen. Al principio son personas que les cuesta abrirse, pero una vez que lo consiguen, son gente encantadora.

– Háblame del tema de las visas… ¿cómo lo hiciste?
– Australia es el país de los visados, ya que para cualquier tipo de visita, ya sea ocio, turismo, trabajo o estudios, necesitas uno de ellos. El primer año opté por ir con una Visa de estudiante, que me habilitaría para estudiar un curso de inglés -que más tarde certificaría con los correspondientes exámenes- y que me permitiría trabajar un total de 20 horas semanales. Pensé que para una primera toma de contacto con el país sería la opción más conveniente.
Encontré trabajo rápidamente en un colegio con una localización inmejorable, en la famosa playa de Bondi Beach, parada obligatoria para todo aquel que visite Sydney. Mis funciones principales eran impartir clases de español y ejercer como monitora de numerosas actividades extraescolares.

– ¿Qué pasó después?
– Para mi siguiente estancia en Sydney, opté por aplicar a la Visa Work and Holiday que me permitiría trabajar 40 horas semanales sin la necesidad de matricularme en ningún curso. Debido a que en este segundo año mis propósitos eran diferentes -perfeccionar del todo el idioma y ahorrar para viajar-, busqué trabajo en Hospitality, uno de los sectores más fáciles y rápidos donde encontrar trabajo, y en el que si tienes suerte y te lo montas bien, puedes llegar a ahorrar mucho. Encontré trabajo en el mejor de los mejores restaurantes de cocina japonesa de Sydney con un sueldo más que decente, donde celebrities como Chris Hemsworth (Thor) y Mark Ruffalo (Hulk) eran visitas asiduas.
Era justo lo que estaba buscando, un restaurante carente de hispano hablantes y con un nivel de exigencias muy alto, en el que era obligatorio pasar una serie de rigurosos y continuos exámenes para asegurar un trato óptimo al cliente, tanto en el ámbito personal como en el contenido del servicio.

– ¿Cómo es vivir en Australia?
– Sydney es la sede económica de Australia, donde más oferta de trabajo encuentras y donde el ritmo de vida es quizás más agitado. Especialmente la playa donde viví parte de mi estancia, Bondi Beach, es una zona donde se respira un aire muy sano y deportista, donde se impone el culto al cuerpo, a la cocina vegana y vegetariana y sobre todo al surf, de hecho hay más ambiente a las 6 de la mañana en el mar que en cualquier bar.

– ¿Cómo te defiendes ahora con el inglés?
– Bastante bien. Lo escucho, veo y leo todo en inglés, tengo íntimas amigas de habla inglesa. Entrevistas, trabajos, estudios… todo en inglés. En ese sentido, durante mi segundo año en Sydney no tuve apenas relación con ninguna persona de habla hispana, solo tenía amigos anglo parlantes. El inglés es una lengua que forma parte ya de mi vida. También hablaba francés, aunque hace ya tiempo que no lo practico. No obstante, en mis ratos libres siempre aprovecho para aprender nuevos idiomas, ya sea desde casa o desde el móvil camino al trabajo.
– ¿Cuáles son los principales obstáculos que te has encontrado en el tiempo que llevas fuera?
– El mero hecho de llegar a un país totalmente diferente al tuyo, con otro modo de vida, costumbres, cultura, idioma… hace que el ir al médico, a la compra o la búsqueda de trabajo suponga un reto mucho mayor. Así, aunque el proceso de adaptación normalmente se prolongue, no deja de ser emocionante.
En relación a mi estancia en Asia, uno de los principales problemas con los que me topé fue el desconocimiento del inglés por parte de numerosos habitantes de países como Vietnam o Camboya, lo que convertía la comunicación entre unos y otros en un auténtico reto, casi una verdadera Torre de Babel…

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido.
– Como anécdota, recordar que mi anhelado curso de buceo en Koh Tao -una isla sureña de Tailandia- tuvo que ser sustituido por una estancia todo incluido en un hospital tailandés durante cuatro días debido a una infección de estómago. Gracias a Dios, aquello pasó, pero en aquel momento y a más de 15.000 kilómetros de mi país, fue algo más que un sustillo.
– ¿Cómo es que ahora te dedicas a viajar por Asia?
– Como ya he dicho anteriormente, el segundo año en Australia sabía que entre mis prioridades estaba la de viajar, ya que si no lo hacía entonces… pues quién sabe, ¿no? Asia es un continente muy hermoso y además accesible económicamente, por lo que se convierte en atracción turística ineludible para backpackers como yo.
Ahorré lo suficiente y comencé el viaje aterrizando en Hanoi (Vietnam). Inicié mi aventura en este país recorriendo el norte en moto (aún me tiemblan las piernas por lo desafiante que fueron los itinerarios…). Recorrí Vietnam de norte a sur para luego irme a Camboya y visitar las famosas ruinas de Angkor Wat, estructura religiosa declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Mi aventura continuó por Tailandia, donde permanecí durante tres semanas, para finalizar mi viaje por Asia en el país nipón. He de admitir que es un destino fascinante: su cultura, su gente, su filosofía de vida y sus geishas me cautivaron desde el primer momento. Sin duda, volveré, a pesar de tifones, ciclones y terremotos que me rondaron durante mi estancia allí.
– En Asia, ¿qué imagen tienen de España?
– Precisamente a los japoneses les encanta España y los españoles, y si además te arrancas por bulerías… ¡se enamoran! Por mi experiencia, considero que los españoles gozamos de muchas simpatías fuera de nuestro país, ya que allá donde vamos nos valoran muy positivamente nuestra capacidad de trabajo y adaptación, además de que tendemos a enfrentar los contratiempos de la vida con mucho sentido del humor. ¿Será verdad que nos quieren más los extranjeros que entre nosotros mismos?

– ¿Cuáles son tus planes ahora?
– Pues en cuanto a mi futuro a corto plazo, comenzaré a presentar CV, tanto dentro como fuera de España y a ver qué pasa… Allá donde encuentre trabajo, me instalaré.
– ¿Qué es lo que más echas de menos de Sevilla?
– No nos vamos a engañar… ¡las tapas y el jamón! Familia y amigos también, pero la cocina española… ¡es para echarla de menos! También se añora la cercanía, la hospitalidad y la gracia tan característica del sur de España. Además, cuando vives fuera, aprendes a valorar la relación calidad/precio existente en nuestro país.

– Para terminar, un resumen o mensaje sobre tu experiencia.
– Considero que una de las mejores decisiones que he tomado fue aquella de agosto en 2016, la de partir a las Antípodas. Ha sido un proceso de crecimiento y superación personal en toda regla, lidiando con situaciones y obstáculos en otro idioma que, a veces, no ha sido fácil.
Me gustaría mostrar mi empatía a aquel que se fue de España, que está en proceso o que lo hará en un futuro. A mí me ha atribuido la capacidad de (ad)mirar la vida con nuevos ojos y enfrentarme a nuevos retos con valentía y madurez. Viajar no es la única vía para salir de tu zona de confort, pero sí una de ellas. Viajando he creído en el ser humano más que nunca, en su bondad y humildad. He aprendido a saborear los pequeños placeres que la vida regala y que a veces no he sabido apreciar.
No he visto la perfección, pero he encontrado mucha belleza en lo imperfecto.
Muchas gracias Guadalupe.