
MCLópez. La Feria de Abril de Sevilla, uno de los acontecimientos festivos más reconocibles de España, hunde sus raíces en una iniciativa económica que poco hacía presagiar el esplendor que alcanzaría con el paso del tiempo. Lo que hoy es un despliegue de luz, música, color y tradición nació en 1847 como una feria ganadera destinada a dinamizar la actividad comercial de la ciudad.
La propuesta partió de dos figuras pioneras fundamentales: José María Ybarra, empresario y concejal de origen vasco asentado en la ciudad, y Narciso Bonaplata, industrial catalán. Ambos impulsaron la creación de un espacio de encuentro para la compraventa de ganado, convencidos de que una feria de estas características favorecería el desarrollo económico local. La iniciativa fue aprobada por la reina Isabel II y tuvo su primera edición en el Prado de San Sebastián, a las afueras de Sevilla.
Aquella primera feria, celebrada entre los días 18 y 20 de abril de 1847, contó con la participación de numerosos tratantes y ganaderos. Aunque su carácter era estrictamente comercial, desde el inicio comenzaron a surgir elementos que apuntaban hacia una evolución festiva. Las primeras casetas, concebidas como refugios para el descanso y la negociación, fueron clave en este proceso de transformación.

En esos primeros años, miembros de la burguesía y de las élites locales comenzaron a instalar casetas no solo como espacios funcionales, sino también como lugares de convivencia. En ellas se compartían comidas, vinos y conversaciones, generando un ambiente que iba más allá de lo estrictamente mercantil. Este cambio marcó el inicio de la dimensión social de la feria.
Con el paso de las décadas, la feria fue incorporando nuevas dimensiones. A finales del siglo XIX, la presencia de familias sevillanas y visitantes transformó el evento en una celebración popular. La música, el baile y la gastronomía fueron ganando protagonismo, consolidando una identidad festiva que superaba ya claramente su origen ganadero.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la Feria de Abril se afianzó como un símbolo de identidad cultural andaluza. Figuras del ámbito artístico, como Pastora Imperio, contribuyeron a popularizar la estética y el ambiente asociados a la feria, especialmente en lo relativo al baile y la indumentaria. El traje de flamenca, que había evolucionado desde la vestimenta de las trabajadoras del campo, se convirtió en un icono inseparable de la celebración.
Tras el paréntesis impuesto por la Guerra Civil, la feria resurgió con fuerza en la posguerra. La implicación de instituciones locales y de numerosas familias sevillanas permitió recuperar y reforzar las tradiciones, consolidando el modelo de casetas —muchas de ellas de carácter privado— que caracteriza hoy al evento.
Un momento clave en su historia reciente tuvo lugar en 1973, cuando la feria se trasladó a su actual emplazamiento en el barrio de Los Remedios. Este cambio respondió a la necesidad de contar con un espacio más amplio y organizado, capaz de acoger el crecimiento constante del número de asistentes. El nuevo recinto, conocido como el Real de la Feria, permitió modernizar infraestructuras sin perder la esencia tradicional.
En la actualidad, la Feria de Abril es un fenómeno cultural de proyección internacional. Su inicio viene marcado por el tradicional “alumbrado”, en el que la portada —estructura efímera que cada año presenta un diseño diferente— se ilumina dando comienzo a una semana de celebración. Durante esos días, Sevilla se transforma en un escenario donde conviven tradición, música, gastronomía y encuentro social.
Pese a su evolución y crecimiento, la feria mantiene viva la huella de sus pioneros. La visión de José María Ybarra y Narciso Bonaplata fue determinante para sentar las bases de una celebración que ha sabido reinventarse sin perder su identidad.
Más de siglo y medio después, la Feria de Abril sigue siendo un reflejo del carácter de Sevilla: una ciudad capaz de transformar una iniciativa comercial en una de las fiestas más universales, donde tradición y modernidad se dan la mano año tras año.



