José Giraldo, un marchenero con el Corpus en la sangre

En 50 años ha recibido muchos premios y es conocido por el afán que pone en sus montajes.

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Carmen González. De nombre, José Giraldo Rueda, 83 años. Es de Marchena y ha sido toda su vida encalador. Pero por lo que lo conocen en su pueblo es porque ha montado durante medio siglo, sin faltar ni un año, un altar diferente durante la celebración del Corpus Christi en la fachada de su casa, situada en la calle Carrera. Dice que ya no puede sin ayuda, pero guarda cientos de objetos, alfombras, cuadros de imágenes, flores y colgaduras para no repetir ni un año.

Joselito, como se le conoce en el pueblo, va con un andar renqueante porque “ya no puedo con las piernas”. Sin quitarse ni un momento la mascarilla, habla del tiempo que lleva montando los altares. Su antigua casa tiene una patio y un corral, un pozo, cuadras y habitaciones para varias familias y hasta un lavadero con dos pilas de cuando su madre y su tía lavaban a mano.

 

José Giraldo Rueda junto a las plantas que cuida todo el año para poder utilizarla en el altar del Corpus Christi.

Acompañado por cientos de recuerdos

“Mi padre y mi tío tenían seis bestias cada uno”, dice orgulloso. La casa tiene un caño en el pasillo que lleva al corral por donde antiguamente corría el agua hacia la calle, el centro de la solería de la vivienda se dibuja a cuadros pequeños y servía de paso a los los animales para no resbalar. Cada habitación está tal como era cuando José no levantaba un palmo del suelo. Ahora vive solo o más bien acompañado por cientos de recuerdos que se amontonan en el espacio donde habita y en el “soberao” de la casa.

Y allí te lleva para enseñarte todo lo que acumula después de años de trabajo y de montaje de altares. De joven se dedicaba a encalar las casas solariegas de Marchena y sus propietarios le hacían regalos. Veladores antiguos, almireces (casi 60), cuadros con todo tipo de imágenes y marcos, candelabros, jarrones, platos y fuentes de cerámica, pequeñas esculturas religiosas, flores de plástico, al menos 40 alfombras, jarrones de todos los tamaños, velas, espejos, fuentes de cobre o de otro tipo de material, muchos hubieran acabado en la basura y ahora se reparten por estanterías, cómodas y mesas.

Y también tiene muchas plantas, como las que se veían en los patios de las casas antiguas, aspidistras, cintas, helechos. “Cuidar las plantas es mi andar”, puntualiza, una manera de mantenerse en forma porque, insiste, “de las piernas estoy fatal”. Este jueves llegaba andando muy despacio con su bastón hasta el altar de la Hermandad de la Santa Vera-Cruz. Les había prestado las plantas para que lo decorasen.

Premios para sus altares

En estos 50 años ha recibido muchos premios y es conocido por el afán que pone en sus montajes. “Cuando vivía mi tía y mi prima lo decorábamos juntos pero ahora ya solo me cuesta más trabajo, si alguien me echa una mano, seguiré poniéndolo”. Por falta de ganas no es, pero físicamente necesita la ayuda de su bastón. Mientras va por la calle camino de su casa cuenta con añoranza cómo era Marchena años atrás. “Aquí había un caño de agua (se refiere a la calle Jamalla) que las mujeres limpiaba a mano cuando llegaban las fiestas”.

Al final de esa calle, pasando la recoleta plaza de San Isidro, te encuentras perpendicular con la calle Carrera, donde está su casa. La fachada aparece en decenas de fotos colgadas en el interior de las habitaciones que habita José y en ellas está acompañado de su familia en todos los altares que ha decorado para el Corpus Christi de Marchena.

La pandemia por coronavirus y las piernas, han impedido que este año sea la más admirada de su calle, “si no la pongo yo, no lo hace nadie”. Cuando se le pregunta si al año que viene montará el altar, responde: “ojalá alguien me pueda ayudar”.

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