10 septiembre 2026
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José Miguel Zamorano, el artista que pinta su tierra

El artista que, desde Hinojosa del Duque, convierte sus raíces, la cartelería y el muralismo en un lenguaje propio.

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(c) Sevilla Buenas Noticias.com periódico digital de noticias de la provincia de Sevilla

Carmen González. Hay artistas que buscan inspiración lejos de casa. José Miguel Zamorano la encuentra precisamente allí donde creció. En Hinojosa del Duque, en Los Pedroches, en sus fiestas, sus iglesias, sus paisajes y en todas aquellas imágenes que forman parte de su memoria desde niño.

Su trabajo transita entre la cartelería, la pintura, el muralismo y el arte sacro, aunque él mismo reconoce que nunca le ha gustado demasiado encasillarse. «Nunca me ha gustado mucho encasillarme en una sola cosa», explica.

Esa variedad no es casual. Sus obras nacen de encargos, investigaciones personales, tradiciones, referencias contemporáneas y recuerdos. Pero hay algo que permanece: la mirada de un artista que ha convertido su entorno en una de sus principales fuentes de inspiración.

«Para mí Hinojosa del Duque lo es todo», afirma. No hay muchos lugares en los que diga que es de allí antes que de Córdoba. Y basta escucharle hablar de su trayectoria para entender por qué.

Un artista que nunca vio otro camino

No existe un momento concreto en el que José Miguel Zamorano decidiera que quería dedicarse al arte. Más bien fue una elección que se fue construyendo de manera natural.

Su primer paso llegó en el Bachillerato de Artes. La decisión tuvo incluso un componente anecdótico. «Quise hacer el Bachillerato de Artes un poco por pura envidia», recuerda entre risas. Veía a los alumnos de cursos superiores con sus asignaturas artísticas y quería hacer lo mismo que ellos.

Después llegó la formación en Artes Aplicadas al Muro. La elección estuvo relacionada con su interés por la pintura mural y con las posibilidades plásticas de aquella enseñanza.

Aquella etapa también dejó alguna experiencia inesperada. Entre ellas, unas prácticas relacionadas con la decoración de un espectáculo de Lola Índigo en un festival.

«Son cosas que en ese momento igual no valoras tanto, pero que luego recuerdas y dices: pues mira, también he pasado por ahí».

Más tarde decidió completar su formación con Bellas Artes en Sevilla. Allí descubrió que el mundo artístico ofrecía muchos caminos y que encontrar el propio también formaba parte del aprendizaje.

Hinojosa como punto de partida

Hinojosa del Duque no es únicamente el lugar donde nació. Es una parte fundamental de su imaginario.

Uno de sus grandes referentes es la Parroquia de San Juan Bautista, conocida como la Catedral de la Sierra. «Para mí es casi una musa», reconoce.

La ha dibujado, pintado y recreado de numerosas maneras. Y todavía considera que le quedan posibilidades por explorar.

Pero su imaginario no se limita a la iglesia. También están las ermitas, la fuente del Pilar, la Semana Santa, el Carnaval y las fiestas del municipio.

«Haber crecido rodeado de la Catedral de la Sierra, de todas las ermitas, la fuente del Pilar, de las fiestas y de toda esa estética tan particular hace que, al final, tengas una forma de mirar bastante condicionada por lo que has visto desde pequeño».

A ello se suma una característica que también reconoce con humor: su gusto por aquello que tiene un punto más recargado.

Entre todos esos referentes aparece además La vaquera de la Finojosa, una obra de teatro popular que lleva años investigando desde una perspectiva artística.

La cartelería como una puerta de entrada

Aunque hoy su trabajo abarca muchos formatos, la cartelería ocupa un lugar especial en su trayectoria.

Todo comenzó en 2015, cuando realizó el cartel del Carnaval de Hinojosa por encargo del Ayuntamiento. A partir de ahí empezó a experimentar con diferentes lenguajes y técnicas.

«¡Puff! No lo sé ni yo, y tampoco sé si quiero saberlo, jajaja», responde cuando se le pregunta si se considera muralista, pintor o cartelista.

Su trayectoria tampoco le ha obligado a elegir.

La idea del cartel folclórico continúa muy presente en sus composiciones. Algunas de sus obras incluso funcionan visualmente como carteles aunque no hayan sido creadas para anunciar ninguna celebración.

«Supongo que soy un poco de todo y que también depende del momento».

En 2019 llegó uno de los momentos más importantes de esa evolución, cuando ganó el cartel de las Fiestas de San Agustín.

Para él, el atractivo del cartel está en su capacidad para trascender su función inicial.

«El cartel tiene que llamar la atención, pero también tiene que conseguir que el público se sienta identificado con lo que está viendo».

Cuando lo consigue, deja de ser simplemente una pieza publicitaria y empieza a formar parte de la memoria de una comunidad.

Cuando un cartel acaba en las casas de los vecinos

Trabajar para Hinojosa tiene un significado especial. Allí no representa una celebración que conoce únicamente a través de documentación: forma parte de ella.

Eso también significa exponerse directamente a la opinión de los vecinos.

«Para mí, trabajar para Hinojosa es trabajar en casa, pero también supone que lo que haces va a estar expuesto delante de todo el mundo y que, quieras o no, la gente va a opinar».

Con el paso del tiempo, además, ha descubierto que algunos de sus carteles han adquirido una vida propia.

Continúa encontrándolos en casas particulares, incluso enmarcados.

«Eso me parece bastante gratificante, sobre todo porque habla de que el cartel ha tenido cierta perduración y no se quedó simplemente en anunciar unas fiestas durante unos días».

La cartelería también ha ido creciendo fuera de su pueblo. Ha trabajado para otras localidades y celebraciones, entre ellas la Semana Santa de Granada, además de realizar encargos completamente diferentes, como carteles para una media maratón.

Llevar la mirada propia a un encargo

Trabajar por encargo obliga a encontrar un equilibrio. Zamorano reconoce que no siempre es sencillo responder a las expectativas de otra persona y mantener al mismo tiempo su propia identidad.

Su método comienza escuchando. Primero intenta comprender qué busca quien realiza el encargo y después explora cómo puede llevar esa idea a su lenguaje.

«Creo que el equilibrio está un poco ahí, en saber adaptarte sin dejar de hacer algo que sientas tuyo».

En muchas ocasiones, además, quienes recurren a él ya conocen su obra. Eso establece desde el principio un punto de partida común.

Su proceso creativo también ha evolucionado. Antes era más impulsivo. Ahora suele comenzar con un problema o una cuestión que quiere resolver.

Después llegan los bocetos, tanto digitales como en sus libretas, que lleva consigo habitualmente. Pero todavía deja espacio para la improvisación.

«Me gusta que haya una parte que no esté completamente controlada, porque creo que precisamente eso es lo que hace que las cosas mantengan más personalidad y no parezcan tan calculadas».

La Romería de la Antigua y el encuentro entre dos ideas

El cartel de la Romería de la Antigua de 2024 es un buen ejemplo de esa forma de trabajar.

La Junta de Gobierno de la Cofradía de la Antigua contactó con él para desarrollar la propuesta. En aquel momento, Zamorano estaba investigando las superficies de madera natural, sus vetas y sus texturas.

A partir de la idea inicial de la Cofradía comenzó a realizar diferentes bocetos, tanto digitales como físicos, hasta encontrar una solución compartida.

El objetivo era dar protagonismo al rostro de María desde la mirada de los fieles durante el camino de vuelta a Hinojosa.

El resultado nació, por tanto, del encuentro entre lo que necesitaba representar la celebración y la manera personal de trabajar del artista.

Cuando trabaja para otros municipios ocurre algo parecido, aunque existe una diferencia fundamental.

«Lo único que cambia realmente es el sentimiento de pertenencia», explica. En Hinojosa conoce de primera mano aquello que representa. Fuera de su pueblo necesita investigar la historia y comprender qué significa esa celebración para quienes la viven.

El arte sacro como parte de su propia historia

Las imágenes religiosas ocupan también un espacio importante en su producción. La explicación está, una vez más, en sus raíces.

«Desde pequeño, mi relación con el arte ha sido ver tallas religiosas en las calles, carteles en los locales, iglesias, procesiones… Todo eso ha formado parte de mi día a día mucho antes de que yo pensara siquiera en dedicarme al arte».

Por eso, cuando trabaja con imágenes religiosas, no siente que esté entrando en un universo ajeno.

Su intención es reinterpretarlas desde su propio lenguaje, pero teniendo en cuenta el significado que tienen para quienes las reconocen como propias.

«Algo que repito mucho es intentar ir abriendo mentes».

Para conseguirlo, considera importante partir de una imagen reconocible y respetar aquello que representa. Después llega su propia mirada.

No busca cambiar una imagen por el mero hecho de transformarla. Quiere conseguir que alguien pueda contemplarla desde una perspectiva diferente y, quizá, acercarse así a otros lenguajes artísticos.

Tres imágenes de Cristo para Visus Christi

Esa libertad creativa está especialmente presente en Visus Christi, una obra dedicada al Cautivo de Torreblanca.

La Hermandad de los Dolores de Torreblanca se puso en contacto con él para participar en una exposición en el Ayuntamiento de Sevilla. Le propusieron crear una obra relacionada con la temática de la hermandad, pero con libertad suficiente para que pudiera funcionar dentro de aquella muestra.

A partir de ahí comenzó a trabajar con la imagen del Cautivo.

El resultado fueron tres imágenes de Cristo dentro de un mismo lienzo, construidas mediante la repetición y una composición de carácter gráfico.

«En este caso sí que había una idea más personal desde el principio», explica.

La pieza conserva además esa influencia del cartel que atraviesa su producción. Sin embargo, en esta ocasión la obra surgió principalmente de su propia investigación visual.

Y no pretende que exista una única lectura.

«Me gusta más que cada persona pueda llevarse la obra a su terreno y hacer su propia interpretación».

«Mi pueblo es Hinojosa, pero mi ciudad es Sevilla»

Si Hinojosa es el origen, Sevilla es una parte esencial de su formación artística.

Siempre tuvo claro que quería estudiar allí. La ciudad le ofrecía algo que buscaba y que iba más allá de la formación académica.

«Mi pueblo es Hinojosa, pero mi ciudad es Sevilla».

La capital andaluza le permitió acercarse a galerías, exposiciones, artistas y formas de creación contemporánea que hasta entonces conocía en menor medida.

«En Sevilla aprendí realmente qué era el arte».

Hasta ese momento había estudiado historia, técnicas y referentes. En Sevilla descubrió también cómo funcionaban las vanguardias y los procesos artísticos actuales.

Esa experiencia terminó influyendo en la manera en la que regresó a Hinojosa y en cómo empezó a construir su propio espacio dentro del mundo artístico.

Andalucía sin quedarse en el tópico

Zamorano trabaja constantemente con elementos asociados a Andalucía. Sin embargo, es consciente del riesgo de caer en imágenes demasiado evidentes.

Reconoce que los tópicos pueden resultar útiles en determinados concursos de cartelería porque permiten comunicar rápidamente una idea. Pero la clave está en cómo se utilizan.

Su mirada intenta acercarse también a la Andalucía contemporánea y a la forma en la que el folclore está siendo reinterpretado.

Entre sus referencias menciona a Califato 3/4 y María José Llergo, tanto por su música como por la estética visual que rodea sus proyectos.

«Creo que ahí hay una forma de coger cosas que reconocemos como andaluzas y llevarlas a un sitio más actual, sin necesidad de renunciar a ellas».

Como ejemplo cita el taller de Palomo Spain en Posadas, una muestra de que no es necesario vivir en una gran capital para desarrollar una mirada propia.

Y cuando piensa en futuros trabajos, tampoco tiene necesariamente un personaje concreto en mente.

Está más interesado actualmente en elementos, objetos y escenas de la Andalucía rural. Son imágenes cotidianas que, en su opinión, pueden tener suficiente capacidad narrativa sin necesidad de convertirlas en un personaje.

Aunque hay una excepción que continúa apareciendo en su obra.

«Aunque, eso sí, nunca me canso de hacer cosas con Curro, el de la Expo jajaja».

 

El mural: pintar directamente sobre el espacio

José Miguel también ha trabajado en proyectos de gran formato y pintura mural. En este caso, la diferencia respecto a un lienzo o una tabla empieza por algo tan básico como el propio espacio en el que se desarrolla la obra.

«Es bastante diferente, sobre todo porque en un mural no partes solamente de una superficie, sino de un espacio. Tienes que tener en cuenta la arquitectura, la escala, dónde está situado y cómo lo va a ver la gente. Eso hace que la forma de plantearlo sea distinta a la de un lienzo o una tabla».

Hasta ahora, sus murales se han realizado mayoritariamente en Villanueva del Duque, otro pueblo de la comarca. Se trata habitualmente de encargos del Ayuntamiento que parten de una idea bastante definida y que después él adapta a su manera de trabajar.

«A partir de ahí toca darles una vuelta y buscar cómo llevarlos a mi terreno».

Precisamente acaba de terminar dos trabajos dedicados a la Virgen de Guía y a San Jacinto, con una estética que él define como «bastante trianera e inspirada en los azulejos tradicionales».

Pero hay otra característica del muralismo que le interesa especialmente: su relación directa con la calle.

«Y creo que ahí está también lo que más me gusta del mural: es una obra mucho más efectista y que está directamente en la calle. No necesitas entrar en una galería ni acercarte a un cuadro para verla, te la encuentras. Y además tiene esa posibilidad de quedarse ahí durante años, formando parte del propio espacio».

Pensar primero en el lugar

Cuando una obra va a integrarse directamente en un espacio arquitectónico, el lugar pasa a ser el primer elemento que tiene en cuenta.

«En este caso pienso primero en el lugar. Al final, cuando trabajas directamente sobre un espacio arquitectónico, no puedes separar una cosa de la otra. Tienes que ver dónde va a ir, qué tiene alrededor, las dimensiones, los colores, cómo se va a ver desde lejos…».

Después comienza a plantear la obra. La diferencia respecto a un lienzo está en que, en este último caso, trabaja sobre una superficie cuyas medidas controla.

En un espacio arquitectónico, en cambio, tiene que adaptarse a una realidad que ya existe.

«No es lo mismo hacer algo para un lienzo, donde tienes unas medidas y una superficie que controlas, que llegar a un espacio que ya tiene su propia personalidad y tener que adaptarte a él. Creo que precisamente esa parte de adaptación es la que hace más interesante trabajar en espacios arquitectónicos».

El cansancio, el calor y pintar a gran escala

Trabajar sobre grandes dimensiones también implica dificultades prácticas. En su caso, una de las principales tiene que ver con la propia técnica que utiliza.

«Lo más complicado, ahora que he estado pintando, han sido los horarios y el propio cansancio. Yo trabajo con pintura, no con sprays como podría ser en el graffiti, y eso hace que el proceso sea bastante más lento. Además, el calor adelanta el secado y la pintura es mucho menos flexible, así que terminas bastante más cansado. Pero bueno, cuando lo acabas y ves el resultado, compensa».

A pesar de ello, no tiene actualmente un espacio público concreto en el que sueñe con pintar. Sí guarda una experiencia especialmente buena junto a Nerea Lobo, su compañera y amiga.

Ambos realizaron un mural inspirado en una fotografía de Sirli Raitma que tuvo una buena acogida. Desde entonces, según cuenta, ha surgido en varias ocasiones la posibilidad de volver a trabajar juntos.

«De hecho, siempre acaba saliendo la conversación de volver a juntarnos, buscar alguna zona y desarrollar otro proyecto juntos, pero un lugar concreto como tal nunca me lo he planteado».

Crear delante del público

El mural también le ha permitido familiarizarse con otra forma de creación: el Live Art, donde el público presencia directamente el proceso.

«Últimamente estoy bastante familiarizado con ello. Pintar un mural en la calle es, en cierta manera, una experiencia muy parecida: la gente va viendo cómo haces la obra, se para, te pregunta, comenta lo que estás haciendo… y tienes que acostumbrarte a trabajar con ese movimiento alrededor».

Además de su proyecto artístico personal, José Miguel cuenta con WDetails, enfocado al mundo nupcial. Desde ahí le llegan propuestas para trabajar en directo durante diferentes eventos.

«Al final cambia un poco el contexto, pero la idea es la misma: la gente no solo ve el resultado, sino que también forma parte del momento en el que se está creando».

La presencia del público no le afecta de la misma manera en todos los contextos.

«En eventos no, jajaja. Ahí estás bastante más pendiente de que todo salga bien».

En los murales, sin embargo, sí nota esa presencia.

Mientras estaba pintando la cara de la Virgen de Guía, llegó a tener a varias personas detrás observando y comentando su trabajo.

«Y, aunque al principio puede imponer un poco, cuando los comentarios son positivos termina siendo bastante motivador».

También describe esa situación como algo curioso: estar completamente concentrado en la obra y, al mismo tiempo, recibir directamente las reacciones de quienes la están viendo nacer.

Una personalidad que sigue evolucionando

Cuando compara sus primeros trabajos con los actuales, José Miguel cree que el cambio más importante no está únicamente en la técnica.

«De vez en cuando desempolvo las carpetas y les echo un ojo, y seguramente hay cosas que ahora mismo no sería capaz de replicar, jajaja. Pero creo que lo que más ha evolucionado ha sido la personalidad».

Esa evolución ha sido progresiva. Ha ido probando, quitando elementos y quedándose con otros hasta encontrar una manera de trabajar que empieza a reconocer como propia.

Y hay una señal que para él resulta especialmente significativa.

«Y para mí es muy buena señal cuando alguien ve algo y te dice: “Es tan tú”. Creo que llegar a eso es de las cosas que más valoro».

Sin embargo, todavía no siente que haya llegado al final de esa búsqueda.

«¡Qué va! Creo que sí tengo un lenguaje artístico por el que seguir indagando, pero tampoco siento que esté cerrado ni mucho menos».

Entre sus referencias actuales están Miguel Gómez Losada, especialmente por el contexto y la estética, y Ana Barriga, cuya obra le interesa por su parte más jovial y divertida.

José reconoce incluso que puede llegar a obsesionarse con determinados artistas hasta el punto de preocuparse por parecerse demasiado a ellos.

Su manera de enfrentarse a esas influencias pasa por observar y absorber, pero tratando de encontrar qué puede hacer él con todo aquello.

«Supongo que al final todo eso también forma parte de la búsqueda: mirar mucho, absorber cosas y luego intentar encontrar qué hago yo con todo eso sin dejar de ser yo».

Las redes como galería digital

Las redes sociales también forman parte de su trayectoria profesional.

Para José Miguel, su papel es fundamental.

«Ahora mismo las redes sociales son la galería digital por excelencia y, quieras o no, es una de las principales formas de enseñar lo que haces y llegar a gente que de otra manera probablemente no conocería tu trabajo».

Sin embargo, no todo lo que crea termina publicado.

«Eso sí, no subo ni un 10% de lo que creo».

Prefiere que una persona pueda encontrarse primero con una obra físicamente antes de verla convertida en una fotografía en redes.

También reconoce que no tiene una relación especialmente fluida con estas plataformas.

«No me llevo especialmente bien con las redes, jajaja, aunque entiendo perfectamente lo importantes que son y sé que ahora mismo forman parte del trabajo».

Eso sí, material no le falta.

«La galería de mi teléfono, por suerte, no habla, jajaja. No sabes la que tengo ahí liada».

Además, suele publicar trabajos antiguos en lugar de enseñar constantemente aquello que está haciendo en ese momento. Esa distancia le permite mostrar su producción sin sentir que tiene que estar pendiente de compartir siempre lo último.

Hinojosa también puede llegar lejos

Las redes han cambiado la relación entre los artistas que trabajan desde municipios pequeños y los grandes centros culturales.

José Miguel lo ha comprobado con su propia trayectoria.

«Yo todavía me quedo un poco loco cuando pienso que hay cosas mías en Londres, en Madrid e incluso prácticamente por todo el Valle de los Pedroches».

Para él, la distancia geográfica ya no supone necesariamente un límite.

«Al final, estés en Hinojosa o en cualquier otro sitio, tu trabajo puede salir de ahí y llegar muchísimo más lejos».

Sin embargo, esa facilidad para comunicarse digitalmente también tiene una contrapartida. José echa de menos el contacto directo entre las personas.

«Aunque también se echa de menos un poco el tú a tú, conocerse, conversar y que surjan cosas de manera más directa».

Un proyecto todavía pendiente: La vaquera de la Finojosa

Entre los proyectos que todavía quiere terminar hay uno especialmente relacionado con su pueblo: La vaquera de la Finojosa.

Si pudiera elegir ahora mismo cualquier encargo, esa sería su prioridad.

«Si pudiera elegir ahora mismo, sería terminar el proyecto que llevo tiempo desarrollando alrededor de La vaquera de la Finojosa, pero no solo de la obra en sí, sino de todo lo que hay alrededor: Hinojosa, el pueblo, la zona, su paisaje, su historia y todo ese imaginario».

Es una línea de trabajo que comenzó hace aproximadamente tres años y que todavía permanece abierta.

«Es una línea que empecé hace unos tres años y que todavía tengo inacabada, y ahora que acaba de terminar una nueva edición de la obra me vuelve a rondar mucho la cabeza».

Tiene material guardado y quiere convertirlo en algo más amplio que una sucesión de trabajos independientes.

«Tengo bastantes cosas guardadas y muchas ganas de darle una forma más amplia y coherente, que pueda convertirse en un proyecto artístico propio y no quedarse simplemente en trabajos sueltos».

Que una obra siga teniendo sentido

La entrevista termina con una mirada hacia el futuro. ¿Qué le gustaría que alguien reconociera dentro de veinte o treinta años al encontrarse con una obra suya?

José Miguel no tiene una respuesta completamente definida.

«No sé muy bien qué me gustaría que dijeran, la verdad».

Pero sí sabe qué vínculo le gustaría que permaneciera.

«Supongo que me gustaría que, al ver una obra mía, alguien pudiera reconocer de dónde viene: de mi pueblo, de Andalucía, de todo lo que me ha rodeado y de las cosas que me han interesado».

Y tampoco necesita mucho más.

«Y si dentro de veinte o treinta años esas obras siguen teniendo algún sentido para alguien, o consiguen despertar alguna conversación, pues creo que sería más que suficiente».

Quizá esa respuesta resume buena parte de todo lo que atraviesa la conversación.

José Miguel Zamorano ha encontrado en Hinojosa del Duque una fuente constante de imágenes, recuerdos y referencias. Sevilla amplió su mirada y su formación. La cartelería le abrió una vía profesional. El muralismo le llevó a trabajar directamente sobre el espacio. Las redes han permitido que sus obras viajen mucho más lejos.

Pero su búsqueda continúa.

Todavía quiere seguir probando, investigando y dando forma a proyectos que conecten su trabajo con aquello que conoce desde niño.

Y entre todos ellos, La vaquera de la Finojosa permanece como una asignatura pendiente: un proyecto sobre Hinojosa, su paisaje, su historia y todo ese imaginario que José Miguel todavía tiene mucho que contar.

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