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La Asociación de Enfermos de Alzheimer del Aljarafe se mueve al ritmo de la biodanza

Es otra manera de sensibilizar a la población sobre la enfermedad y romper barreras interactuando mano a mano en una actividad con las personas afectadas.

Este tipo de colaboración es otra manera de sensibilizar a la población sobre la enfermedad.

Redacción. El pasado jueves 25 de abril trabajadores y trabajadoras de Mapfre integrantes del voluntariado corporativo participaron y colaboraron en la sesión de Biodanza que lleva más de un año impartiendo Marisa Clavijo cada jueves en la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras demencias del Aljarafe, en San Juan de Aznalrafache.

El ritmo acelerado de trabajo no nos permite abrir los ojos a otras realidades que por cualquier circunstancia permanecen más ocultas. Este tipo de colaboración es otra manera de sensibilizar a la población sobre la enfermedad y romper barreras interactuando mano a mano en una actividad dirigida con las personas afectadas.
La experiencia por parte de algunos voluntarios de la Fundación Mapfre ha sido recopilada con los siguientes testimonios.

“Mi experiencia personal ha sido muy especial, me dio una enorme dosis de alegría y cariño, hay verdadero amor y dulzura en ellos.Muy positiva. Muchas gracias a Mapfre por hacerme participe de tal experiencia”, dijo Sebastián Repiso Capilla.




“La jornada comenzó con nervios, sobre todo por no saber la manera en la que afrontar la situación con un colectivo de personas que sufren esta enfermedad que es el Alzheimer y que ni conoces ni te conocen. Fue muy importante comprobar, desde el principio, que el servicio que prestan está gestionado y supervisado por auténticos profesionales que nos lo pusieron muy fácil en todo momento”.

Contemplar este tipo de actividad en las empresas es una forma muy positiva de unir lazos entre los trabajadores y de hacer una actividad solidaria.

Y prosigue el testimonio: “A medida que la clase se va desarrollando (juegos, bailes, y muchas risas) compruebo como todos los usuarios, tanto enfermos como voluntarios, vamos abriéndonos a los demás, pero es especialmente significativo en el caso de los pacientes. Parece como si salieran de esa oscuridad en la que esta puñetera enfermedad los tiene sumidos, y gracias a estas terapias salen a relacionarse “sin miedo” con los que le rodean y, en alguna medida, a reencontrarse con su personalidad, su “antiguo” yo.  Suelen ser personas de edad avanzada, personas que lo han dado todo a lo largo de su vida y han contribuido a que nuestra sociedad sea lo que es. Por eso considero que se lo debemos; le debemos tanto. Que ahora nos toca a nosotros apostar porque este tipo de terapias puedan llegar al mayor número de enfermos posible. El día de mañana nos tocará a nosotros y lo peor es que se nos habrá olvidado hasta que pudimos hacer algo por mejorarlo.vSin duda doy las gracias a los miembros de la Asociación por la labor que hacen y a la Fundación Mapfre por darnos la oportunidad de conocer su trabajo y colaborar con ellos”, manifestó José Antonio Velázquez Rodríguez.




“Fue una experiencia inolvidable que me permitió apreciar como dedicando un poco de mi tiempo a colaborar con ellos, se lograse cambiar el semblante de algunos antes de empezar la jornada. Me llegó profundamente a mi interior como Lola, que estaba encerrada en sí misma, después ante las preguntas de qué íbamos a hacer, contestó “tonterías” y finalizó la jornada con una sonrisa en sus labios. Como Rosario a pesar de sus impedimentos para bailar se unió en muchas ocasiones a nosotros por petición de ella. En resumen la foto del final donde todos estábamos juntos y se podía ver una sonrisa en sus caras, han sido simplemente dos horas de mi vida dedicadas a acompañar a esos grandes profesionales que trabajan con ellos todos los días, que tienen un valor incalculable a nivel personal y si mi mente lo permite, procuraré no olvidar jamás”, expresó Antonio Miguel Pérez Vega.

“La jornada de voluntariado en el taller de biodanza con personas con Alzheimer fue muy emotiva. Para mí era la primera vez que participaba en esta tarea, y lo cierto es que me pareció tremendamente enriquecedora para ambas partes. Cuando al inicio nos explicaron en qué consistiría la actividad, no pensé que la misma tuviera tanta repercusión como vi durante su desarrollo. Bailamos, cantamos, aplaudimos, y poco a poco todos nos fuimos llenando de energía positiva, sonreíamos, nos movíamos…Lo cierto que es que me emocioné, me alegré de poder participar de ese ratito de biodanza y compartir con todos las emociones. Quizás ellos hoy no se acuerden de mí, pero tengo la completa seguridad de que por un rato han sido felices, y yo intentaré acordarme de este momento tan emotivo todo el tiempo que pueda. De hecho, me encantaría poder repetir”, dijo Florencia Brenes Falcón.



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