Carmen González. Quienes caminan cada día por la Plaza de la Pescadería difícilmente imaginan que, bajo sus pies, se conserva una de las infraestructuras hidráulicas más antiguas de Sevilla. Oculta bajo el trazado actual de la ciudad, una cisterna de época romana recuerda que mucho antes de la Sevilla medieval ya existía una compleja red destinada a garantizar el suministro de agua en la antigua Híspalis.
La presencia de esta estructura demuestra el avanzado desarrollo urbano que alcanzó la ciudad durante la dominación romana. El abastecimiento de agua era una necesidad fundamental para la vida cotidiana. También lo era para el funcionamiento de edificios públicos, termas, fuentes y viviendas.
Las cisternas desempeñaban un papel esencial dentro de ese sistema. Su función consistía en almacenar agua para garantizar el suministro cuando era necesario. Algunas recogían el agua de lluvia. Otras recibían el caudal procedente de conducciones y acueductos que abastecían distintos puntos de la ciudad.
La cisterna conservada bajo la Plaza de la Pescadería constituye uno de esos ejemplos. Aunque permanece fuera de la vista del público, su descubrimiento permitió ampliar el conocimiento sobre la organización urbana de la Híspalis romana y sobre las infraestructuras que hicieron posible el crecimiento de la ciudad hace casi dos mil años.
Los estudios arqueológicos han mostrado que este tipo de construcciones se levantaban con una notable calidad técnica. Sus muros incorporaban materiales impermeables que evitaban las filtraciones. Además, muchas disponían de sistemas para facilitar tanto la recogida como la conservación del agua.
La existencia de esta cisterna también ayuda a comprender la importancia que tuvo el agua en el desarrollo de Sevilla. Mucho antes de la construcción de las grandes obras hidráulicas medievales, la ciudad ya contaba con soluciones de ingeniería capaces de responder a las necesidades de una población en constante crecimiento.
Como ocurre con numerosos restos arqueológicos sevillanos, la cisterna quedó enterrada durante siglos. Las sucesivas transformaciones urbanas fueron ocultando estas estructuras bajo nuevas edificaciones y pavimentos. Solo las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar parte de ese legado.
La Plaza de la Pescadería ocupa una zona donde distintas civilizaciones dejaron su huella. Romanos, musulmanes y cristianos transformaron el espacio a lo largo del tiempo. Cada etapa añadió nuevas construcciones sobre las anteriores, creando el complejo subsuelo que caracteriza al centro histórico de Sevilla.
Hoy, la cisterna no forma parte de los recorridos turísticos habituales. Sin embargo, representa una pieza fundamental para entender cómo funcionaba la antigua Híspalis. Su valor no reside únicamente en su antigüedad. También permite conocer la capacidad técnica y organizativa de una ciudad que ya contaba con avanzadas infraestructuras hidráulicas.
Este tipo de hallazgos recuerda que buena parte del patrimonio sevillano permanece bajo tierra. Cada intervención arqueológica aporta nuevos datos sobre una ciudad que ha crecido durante más de dos mil años sobre sus propios cimientos.
Aunque permanezca oculta bajo la Plaza de la Pescadería, la antigua cisterna romana sigue formando parte de la historia de Sevilla. Es uno de esos vestigios silenciosos que ayudan a comprender la complejidad de la Hispalis romana y la extraordinaria riqueza arqueológica que aún conserva el subsuelo de la ciudad.



