Carmen González. Hay tradiciones que se mantienen vivas porque forman parte de la memoria de un barrio. En Triana, una de las imágenes más esperadas de la Velá de Santa Ana no tiene lugar sobre un escenario ni en una caseta, sino sobre las aguas del río Guadalquivir. Allí, cada verano, decenas de participantes intentan recorrer un largo palo cubierto de grasa con un único objetivo: alcanzar la bandera situada en el extremo antes de caer al agua. Es la cucaña, uno de los concursos más antiguos y populares de las fiestas trianeras.
Aunque hoy se vive como una competición divertida y repleta de risas, la cucaña hunde sus raíces en una tradición centenaria que llegó a España desde otros países europeos y que acabó encontrando en las localidades marineras y portuarias el escenario perfecto para celebrarse. En Sevilla, Triana la convirtió en una de sus señas de identidad.
Un juego con siglos de historia
La palabra «cucaña» hace referencia a un juego popular documentado desde hace varios siglos. Su mecánica es sencilla, pero llevarla a la práctica resulta mucho más complicado. Sobre el río se instala un largo tronco o poste horizontal, perfectamente engrasado, que sobresale desde un embarcadero o plataforma.
En el extremo se coloca una bandera o un premio simbólico. Los participantes deben avanzar poco a poco sobre la superficie resbaladiza intentando mantener el equilibrio. La mayoría termina cayendo al agua antes de llegar a la meta, lo que convierte el concurso en uno de los momentos más divertidos para quienes participan y para quienes lo contemplan desde la orilla.
Precisamente esa mezcla de habilidad, equilibrio y humor ha hecho que la cucaña siga despertando el interés del público generación tras generación.
Una de las imágenes más icónicas de la Velá de Santa Ana
Cada mes de julio, Triana celebra la Velá de Santa Ana, considerada la fiesta popular más antigua de Sevilla. Durante varios días, el barrio se llena de actuaciones, casetas, actividades deportivas y propuestas culturales. Sin embargo, pocas concentran tanta expectación como la tradicional cucaña.
Desde primera hora, vecinos y visitantes se acercan al entorno de la calle Betis para ocupar un buen sitio desde el que seguir la competición. No importa la edad. Niños, jóvenes y mayores esperan las inevitables caídas al Guadalquivir, que suelen ir acompañadas de aplausos, carcajadas y alguna que otra ovación cuando un participante consigue avanzar unos metros más que el resto.
El ambiente convierte la prueba en mucho más que un concurso. Es uno de esos momentos que resumen el carácter festivo y cercano del barrio de Triana.
Mucho más que fuerza
A simple vista podría parecer que todo depende del equilibrio, pero quienes han participado coinciden en que la estrategia también resulta fundamental. Algunos intentan avanzar de pie hasta donde pueden. Otros optan por agacharse o desplazarse lentamente sentados para ganar estabilidad.
La grasa que recubre el palo hace que cada movimiento deba calcularse al detalle. Un pequeño error basta para acabar en el río. Precisamente esa dificultad es la que mantiene intacta la emoción año tras año.
Cuando algún concursante logra alcanzar la bandera, el público suele celebrar el momento como si se tratara de una auténtica hazaña.
Una tradición ligada al Guadalquivir
La cucaña no tendría el mismo significado fuera de Triana. El río forma parte esencial de esta costumbre y refuerza el vínculo histórico del barrio con el Guadalquivir.
Durante siglos, Triana vivió de cara al agua. Marineros, alfareros, pescadores y comerciantes compartían un espacio donde el río era protagonista de la vida cotidiana. La cucaña mantiene viva esa relación y recuerda el pasado portuario del barrio de una manera festiva y participativa.
Patrimonio popular que sigue conquistando al público
En una época marcada por las nuevas formas de ocio, la cucaña continúa demostrando que las tradiciones populares siguen teniendo un enorme poder de convocatoria. No hacen falta grandes escenarios ni sofisticados montajes para atraer a cientos de personas. Basta un palo engrasado, el río y las ganas de pasarlo bien.
Quizá ese sea el secreto de su éxito. La cucaña conserva la esencia de los juegos populares de toda la vida y mantiene vivo un espíritu que combina competición, humor y convivencia.
Cada verano, cuando los primeros participantes se preparan para desafiar el equilibrio sobre las aguas del Guadalquivir, Triana vuelve a recordar que algunas de sus tradiciones más queridas siguen tan vivas como el primer día. Porque caer al río puede ser inevitable, pero formar parte de la cucaña es, para muchos, un auténtico orgullo trianero.
Fotografía de Alicia Arce




1 comentario en «La cucaña de Triana: la tradición que desafía el equilibrio de los trianeros»
¡Qué interesante! No sabía que se hacía la cucaña en la Velá de Santa Ana.