Carmen González. Con solo 28 años, un bebé prácticamente recién nacido, estudios universitarios en marcha y un negocio que gestionar, pocos dirían que a María, esta joven sevillana, le queda tiempo para pensar en nuevos proyectos. Sin embargo, detrás de La Emperatriz Music Bar hay precisamente una historia de valentía, reinvención personal y ganas de demostrar que en los barrios también pueden surgir propuestas de ocio con personalidad propia. 
Ubicado en Sevilla Este, La Emperatriz nació con una idea clara: ofrecer algo diferente a lo que tradicionalmente ha existido en la zona. Un espacio donde el diseño, la música, la coctelería y el ambiente se combinan para crear una experiencia que va más allá de tomar una copa.
«Es un pub pensado para cambiar el rollo de Sevilla Este a base de buen diseño, copas y trato», resume su fundadora.
Un cambio de vida convertido en proyecto empresarial
La historia del local está estrechamente ligada a un momento de transformación personal. Tras atravesar varias etapas importantes en su vida, decidió dar un giro radical y apostar por una idea propia.
Aunque el emprendimiento siempre había estado presente en su entorno familiar, especialmente vinculado al sector de las bebidas, abrir un local de ocio nocturno no formaba parte inicialmente de sus planes. Sin embargo, las circunstancias y el contacto cada vez más frecuente con profesionales de la hostelería acabaron despertando una oportunidad que decidió aprovechar.
«Junté lo que sabía del sector con las ganas de comerme el mundo en una etapa nueva», explica.
La elección de Sevilla Este tampoco fue casual. Lejos de buscar una ubicación céntrica, apostó por el barrio donde vivía y al que conoce perfectamente.
Según cuenta, detectó que existía una demanda de nuevas propuestas de ocio y que muchos vecinos tenían que desplazarse al centro para encontrar determinados ambientes o conceptos de local.
Su objetivo era demostrar que un barrio también puede albergar espacios modernos, cuidados y con identidad propia.


El origen de una emperatriz
El nombre del negocio tiene una historia muy personal detrás. Procede de una etapa anterior de su vida vinculada al mundo del motor.
Su familia contaba con un equipo en el Mundial de Superbikes llamado Emperador Racing Team y, debido a su papel dentro de la estructura, comenzó a recibir un apodo que acabaría marcando su trayectoria.
«Me llamaban La Emperatriz y cuando abrí el bar decidí quedarme con ese nombre porque representa mis raíces, pero también significa ser la jefa de mi propia vida», recuerda.

Mucho más que un bar de copas
Desde el principio tuvo claro que no quería abrir un establecimiento más. La propuesta se basa en cuidar cada detalle para generar una atmósfera concreta.
La iluminación, la selección musical, la decoración y la oferta de bebidas forman parte de una misma filosofía: crear un lugar donde los clientes se sientan cómodos y quieran quedarse.
«Queremos que la gente entre y piense: qué buen rollo de sitio, de aquí no me muevo», afirma.
La música ocupa un papel protagonista dentro de esa experiencia. No solo como acompañamiento ambiental, sino también a través de una programación de eventos que incluye conciertos y sesiones de DJs.
La empresaria apuesta por propuestas con personalidad propia, alejadas de fórmulas excesivamente comerciales. Busca artistas capaces de conectar con el público y generar una identidad reconocible para el local.

Romper costumbres y ganar confianza
Como ocurre con muchos negocios innovadores, los comienzos no fueron sencillos.
Uno de los principales retos consistió en convencer a los vecinos de que La Emperatriz ofrecía algo diferente. Cambiar hábitos de consumo arraigados y abrirse paso en un entorno con una oferta ya consolidada exigió paciencia y constancia.
Sin embargo, asegura que la respuesta ha ido mejorando progresivamente y que gran parte de los nuevos clientes terminan convirtiéndose en habituales.
Ese respaldo es precisamente uno de los aspectos que más valora del proyecto.


Emprender mientras se aprende a ser madre
Si gestionar un negocio en el sector de la hostelería ya supone un desafío importante, hacerlo al mismo tiempo que se afronta la maternidad multiplica las dificultades.
Recientemente convertida en madre, reconoce que ha tenido que reorganizar completamente su día a día. En esta nueva etapa, el papel de su pareja, Alberto, ha resultado fundamental para mantener el equilibrio entre familia y empresa.

Mientras él se ocupa de la gestión diaria del local, ella coordina desde casa la estrategia y la planificación del negocio.
«Hacemos un equipo increíble tanto en la vida como en el bar», asegura.
Precisamente una de las lecciones más importantes que está aprendiendo es la de delegar responsabilidades, algo que reconoce que todavía le cuesta debido al fuerte vínculo emocional que mantiene con el proyecto.
Mirando al futuro
A corto plazo, su objetivo es consolidar La Emperatriz como uno de los espacios de referencia del ocio en Sevilla Este. A largo plazo, no descarta seguir desarrollando nuevas ideas empresariales.
«La cabeza no me para nunca», reconoce entre risas.
Por ahora, toda su energía está centrada en un proyecto que define con tres palabras: personalidad, estilo y autenticidad.
Tres conceptos que resumen la filosofía de un negocio nacido de una apuesta personal y que aspira a seguir creciendo junto a uno de los barrios más dinámicos de Sevilla.





