La “esquina de la positividad” de Arahal, mucho más que un Cuponero

Se ha ganado a pulso su fama de buena gente y su saber estar complementa la historia de una calle de comercios, de gente que va y viene, de paso de procesiones, de bares emblemáticos.

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Carmen González. Tres meses después de que el Gobierno decretara el estado de alarma, en Arahal vuelve a tener vida la esquina de la positividad. Así es como la llama el protagonista de este espacio que ha hecho suyo con el único objetivo de devolverlo cada mañana con más alegría si cabe. Se trata del cuponero Juan Carlos García Gil, que desde las 7 de la mañana anda pregonando que la vida es maravillosa y de esta salimos “sí o sí”.

Pero no todo ha sido alegría en los dos últimos meses de este vendedor de cupones. Como le pasó al resto de la plantilla de la ONCE y a la de muchas empresas de España, de golpe, sin esperarlo, tuvo que paralizar su actividad. “Imagínate, de pronto sin trabajo, sin poder salir y muriendo tantas criaturas”, dice Carlos “el granaito”, apodo familiar que lo identifica sin remedio.

Juan Carlos García Gil, Carlos “el granaito”, atendía esta mañana a los clientes, después de tres meses sin trabajar.

Mascarillas y picaresca

La esquina de la calle Madre de Dios, con Óleo, Cruz y Barriete, es un fluir de vecinos y vecinas, con mascarillas, que llegan a saludarlo. Daba igual que no tuvieran intención de comprar un cupón, desde lejos, cruzando cualquiera de los tres semáforos cercanos, en la puerta de unos de tantos bares de la zona, de repente alguien gritaba: “Carlosssss”. Y él, casi sin mirar, distraído atendiendo a su clientela, levantaba la mano. “Ayyy” y, seguidamente preguntaba “¿Cómo estás, Manuel?”. No le hace falta ver a quién saluda. Carlos conoce y es conocido.

Ataviado con una pantalla -el símbolo de la ONCE grabado a la altura de la frente- y, además, una mascarilla se quejaba amargamente del calor. Como es hombre de recursos, se había colgado un ventilador portátil a modo de collar para darle un respiro al cuello que ya a las 8 de la mañana tenía empapado en sudor.

Nada podía molestar en este día de reencuentros, en el que la calle Madre de Dios vuelve a latir al ritmo de las voces y risas de Carlos. Pero si se paran un momento a observarlo, podrán comprobar que “el granaito” tiene la habilidad de darles a todo su espacio, dejando entrever a ratos su bonhomía o su picaresca, en la medida justa para sacarte una sonrisa con sólo pasar a su lado.

Es “oro molio”

Juan Carlos García Gil vive apenas a diez metros de su lugar de trabajo, donde cada mañana, a partir de hoy, monta una pequeña mesa de aluminio blanco con una sombrilla cruzada de cuerdas a modo de tenderete. Y allí cuelga los números de la suerte, estampas de santos, o apoya una planta que acaba de regalarle cualquiera de sus clientas.

Con su presencia ocupa algo más que el espacio físico que se le presupone, porque la obesidad mórbida ha sido siempre su batalla. “El granaito” es “oro molio”,  razón por la que la esquina lo nombra sin necesidad de que se escriba en el callejero.

Se ha ganado a pulso su fama de buena gente y su saber estar complementa la historia de una calle de comercios, de gente que va y viene, de paso de procesiones, de bares emblemáticos. Una calle en definitiva llena de historia y vecindad que él no deja de proclamar a los cuatro vientos, feliz de haber pertenecido a ella siempre.

La esquina late de nuevo

Ahora esa esquina late de nuevo con sus bromas, sonrisas y hasta miradas misericordes, con su socarronería. Vuelve a ser la esquina de la positividad, momento en el que hace falta más que nunca. Durante los tres meses que ha durado el vacío, se le ha echado mucho de menos, sin querer, al pasar los vecinos, buscaban con la mirada su puesto de cupones de la ONCE.

Carlos vende algo más que esperanza y hasta las plantas que lo rodean parecían esta mañana henchidas de entusiasmo porque llegó de nuevo su defensor, el que las mima y guarda para que nadie ose romperlas o robarlas, algo que ha ocurrido en más de una ocasión.

Con él la ONCE no reparte suerte. Carlos va más allá. Si no lo crees, pasa por la esquina de la positividad y comprobarás que sus boletos llevan siempre premio.

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