Carmen González. Hay historias que desaparecen porque nunca llegaron a escribirse. Otras, en cambio, permanecen ocultas durante décadas entre archivos, biografías y libros donde lo más importante quedó deliberadamente silenciado. La historia de muchas mujeres lesbianas y bisexuales pertenece, en buena medida, a ese segundo grupo. Aunque fueron importantes escritoras, artistas, activistas o intelectuales en su tiempo, su orientación sexual quedó relegada a un plano secundario, cuando no directamente borrada del relato oficial.
Frente a ese vacío nació La GOLFA, un proyecto sevillano que ha convertido la divulgación cultural en una herramienta para recuperar referentes, reconstruir una memoria colectiva y crear espacios donde esa historia pueda compartirse de forma cercana y accesible. Lo que comenzó hace apenas tres años como una iniciativa impulsada por María y Elena es hoy una comunidad que reúne a muchas personas alrededor de la literatura, el cine, el cómic, la historia y la conversación.
Ellas mismas definen La GOLFA como el Grupo Organizado de Lesbianas Frívolas y Añejas, una descripción que refleja el tono desenfadado con el que comunican, aunque detrás de esas siglas hay un trabajo constante de investigación y una profunda reflexión sobre la memoria, la cultura y los espacios de encuentro lésbico.
Su biografía en redes sociales apenas necesita tres palabras para resumir la esencia del proyecto: «safismo y diversión». Sin embargo, basta escuchar a sus creadoras para comprender que esa aparente ligereza esconde una propuesta mucho más amplia. «Nos interesaba rescatar la vida y las actividades de lesbianas divertidas de la historia. Un poco para cambiar el relato de que ser sáfica es algo triste», explica María. No se trata de ignorar las dificultades que han atravesado generaciones de mujeres, sino de cuestionar por qué durante tanto tiempo las historias del colectivo parecían condenadas a narrarse únicamente desde el sufrimiento.

Una memoria que también explica el presente
Cada publicación de La GOLFA comienza mucho antes de aparecer en una pantalla. Detrás hay horas de lectura, búsqueda de documentos y un trabajo de investigación que les permite rescatar nombres prácticamente desconocidos para buena parte del público.
«Encontrar historias nuevas y los entresijos vitales de mujeres increíbles me hacen caer en un hoyo de horas y horas de lectura», reconoce Elena. María resume esa misma sensación con una palabra: «euforia». Porque descubrir a esas mujeres no significa únicamente incorporar un nuevo nombre a una lista de referentes; supone recuperar piezas de una historia que nunca estuvo completa.
En sus publicaciones aparecen figuras como Lotte Hahm, una activista alemana que impulsó espacios culturales para mujeres lesbianas durante la República de Weimar, o Lucía Sánchez Saornil, poeta, anarcosindicalista y fundadora de Mujeres Libres. La GOLFA transmite que lo importante no es únicamente quiénes fueron, sino entender por qué durante tanto tiempo sus vidas quedaron reducidas a notas a pie de página o directamente desaparecieron de los relatos oficiales.
Durante décadas, gran parte de las historias protagonizadas por mujeres lesbianas o bisexuales llegaron al cine, la literatura o la televisión envueltas en tragedias, finales amargos o personajes condenados al sufrimiento. La GOLFA decidió darle la vuelta a ese relato. Porque, como resume María con el humor que caracteriza al proyecto, «las lesbianas y bisexuales somos, ante todo, guarras». Una frase que provoca la sonrisa, pero que también esconde una reivindicación: las mujeres sáficas también tienen derecho a ser contadas desde el deseo, el humor y el disfrute.
Para María y Elena, mirar hacia el pasado nunca ha sido un ejercicio de nostalgia ni de desgracia. Es, sobre todo, una forma de comprender el presente. «Las personas queer del pasado nos ofrecen ya estrategias para TODO», afirma María. Tras sus palabras aparece una idea que atraviesa todo el proyecto: conocer la historia permite entender que los derechos actuales son el resultado de muchas vidas anteriores y que ninguna conquista surge de la nada.

Cuando la cultura se convierte en un lugar de encuentro
La GOLFA nació en internet, pero nunca quiso quedarse allí.
Muy pronto, María y Elena comprendieron que compartir contenido en redes sociales no era suficiente. También hacía falta generar espacios físicos donde las personas pudieran encontrarse, conversar y construir vínculos fuera del algoritmo.
Ese deseo respondía, además, a una realidad que ellas conocían bien: la progresiva desaparición de espacios específicamente dirigidos a mujeres sáficas en Sevilla. Elena resume «Fue más bien un ‘si no existe, pues alguien tendrá que hacerlo'».
A partir de esa idea comenzaron a organizar clubes de lectura, cinefórums, encuentros, charlas y podcasts en directo. Actividades que hoy forman parte del corazón del proyecto y que han permitido crear una comunidad estable donde muchas personas encuentran algo que iba mucho más allá del propio evento.
«En los eventos hemos hecho vínculos de verdad y tenemos nuevas amigas que han salido de estos espacios», explica Elena. María coincide en que esos encuentros sirven para «crear redes y poder encontrar a otras personas con nuestros intereses».
El primer Encuentro Sáfico Bollero, organizado con motivo del Día de la Visibilidad Lésbica en Sevilla junto a otras asociaciones feministas y LGTBIQA+, o los cinefórums son algunos de los ejemplos de esa voluntad de sacar la cultura de las pantallas para convertirla en una experiencia compartida. No se trata únicamente de organizar actividades, sino de generar lugares donde las personas puedan verse reflejadas, compartir experiencias y sentirse parte de una comunidad que, durante mucho tiempo, apenas tuvo espacios propios.
Luces, cámara y acción
Lejos de limitarse a una proyección cinematográfica, estos encuentros convierten cada película en una oportunidad para dialogar sobre la memoria, la representación y la historia del colectivo. María recuerda con especial emoción el cinefórum organizado en el CICUS en torno a la película Te estoy amando locamente. «Fue muy guay rescatar la historia del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de Andalucía en Sevilla y contar luego con la participación de las actrices Lola Buzón y Carmen Orellana. Fantasía, la verdad», explica. Aquella cita permitió no solo profundizar en uno de los episodios más importantes del activismo andaluz, sino también acercar al público a quienes habían dado vida a esa historia en la gran pantalla.
Pero si ese encuentro simboliza el crecimiento del proyecto, Elena guarda un recuerdo muy diferente de los comienzos. El primer cinefórum que organizaron, celebrado en el Rectorado de la Universidad de Sevilla, fue mucho más modesto. «Vinieron nuestros amigos y poco más, y yo hablé solamente de ser una lesbiana en un colegio de niñas», recuerda entre risas. Aquella pequeña reunión refleja el camino recorrido desde entonces: de unos primeros encuentros casi íntimos a una programación cultural capaz de reunir a decenas de personas interesadas en compartir reflexiones, experiencias y referentes.
Ese crecimiento no ha cambiado la esencia del proyecto. Cada cinefórum sigue siendo un espacio donde el cine actúa como punto de partida para conversar sobre identidad, memoria y derechos, demostrando que la cultura puede convertirse en una poderosa herramienta para fortalecer los vínculos entre quienes participan. Es precisamente esa capacidad para transformar una proyección en una experiencia colectiva la que ha convertido a La GOLFA en uno de los proyectos culturales más singulares del panorama sevillano.

Por los pueblos y la lesbiandad
Esta filosofía de crear comunidad les ha llevado también a desarrollar actividades fuera de la capital, como en el Orgullo de Los Palacios y Villafranca. Para María, natural de Cañada Rosal, esta apuesta tiene un significado muy especial. «Yo misma soy de un pueblo enano y sé lo mucho que se agradece en estos espacios la celebración de eventos queer. Además, nosotras siempre nos hemos sentido súper acogidas y hemos notado las ganas de la gente de asistir a estas celebraciones o actividades y reivindicar su identidad como parte del pueblo y también del colectivo», explica.
La reflexión conecta con una realidad que a menudo pasa desapercibida: la idea de que la vida del colectivo LGTBIQ+ se desarrolla casi exclusivamente en las grandes ciudades. Elena, que creció en San Fernando, cuestiona esa percepción: «parece que el colectivo se limita a la urbe y es obvio que no es así. (…) Creo que es necesario que haya espacios donde la gente queer pueda hacer sus reivindicaciones para poder tener una existencia plena en el pueblo. No todo el mundo se quiere mudar a la ciudad y tener que hacerlo porque es la única forma de habitar tu identidad es una mierda», afirma.
Sus palabras ponen sobre la mesa una cuestión que va más allá de la programación cultural. Llevar un club de lectura, un podcast o un cinefórum a un municipio supone reconocer que las personas LGTBIQ+ también construyen comunidad fuera de las capitales y que el acceso a espacios seguros, donde compartir experiencias y referentes, no debería depender del lugar en el que una persona haya nacido o decida vivir. Esa convicción ha convertido a La GOLFA en un proyecto que entiende la cultura no solo como una herramienta de divulgación, sino también como una forma de tejer redes allí donde durante demasiado tiempo apenas existieron puntos de encuentro.

Leer para reconocerse
Entre todas las iniciativas impulsadas por La GOLFA, los clubes de lectura ocupan un lugar especial.
Lejos de entender la lectura como una actividad individual, María y Elena la convierten en una conversación colectiva donde cada obra abre nuevas preguntas sobre la historia, la identidad o la representación cultural.
Especialmente llamativo resulta su club dedicado al cómic. Un género que muchas personas siguen asociando exclusivamente al entretenimiento y que ellas reivindican como un formato capaz de abordar cuestiones sociales, políticas y emocionales con enorme profundidad. «Hay mucha gente que no acostumbra a leer cómics porque los relaciona con Spiderman o con el manga, pero siempre animamos a todas a que prueben», explica Elena.
Antes de cada encuentro realizan un intenso trabajo de documentación para contextualizar las obras y enriquecer el debate posterior. No buscan únicamente recomendar lecturas, sino generar herramientas para mirar esos relatos desde nuevas perspectivas.
La selección de títulos tampoco responde a etiquetas rígidas.
Cuando les preguntan por qué a veces eligen obras escritas por autores que no pertenecen al colectivo, María responde entre risas: «El criterio es el de nuestro t*oto». Después matiza que simplemente escogen aquellos cómics que consideran interesantes y que tienen ganas de compartir con el grupo. Una respuesta que resume perfectamente la personalidad del proyecto: rigor cuando hace falta y mucho sentido del humor para todo lo demás.

Más que divulgación
Con el paso del tiempo, María y Elena descubrieron que muchas personas no solo acudían a La GOLFA para conocer historias olvidadas.
Algunas comenzaron a escribirles para contarles que habían encontrado en el proyecto un espacio donde comprender mejor su propia identidad.
«Varias personas nos han dicho que La GOLFA llegó en un momento complicado y que les ayudó a mirarse desde un prisma más tierno y reafirmante», recuerda Elena. Son mensajes que han ido dando una dimensión inesperada a un trabajo que ambas compaginan con sus respectivas profesiones y que continúan desarrollando de forma prácticamente altruista. «Nos han llamado la Santa Justa y la Santa Rufina de las lesbianas», bromea María.
Ese impacto también ha reforzado su compromiso con el rigor. Aunque rechazan la idea de sentirse responsables de las decisiones personales de quienes las siguen, sí insisten en la importancia de documentar cuidadosamente todo aquello que publican. La responsabilidad, explican, no está tanto en convertirse en referentes como en ofrecer información veraz y bien investigada.

Cultura, memoria y resistencia
El contexto social de los últimos años también ha transformado el proyecto.
La proliferación de discursos de odio, la desinformación y la creciente polarización han hecho que parte de sus contenidos adquieran un carácter más político. No porque hayan abandonado la divulgación cultural, sino porque consideran imposible separar ambas dimensiones.
«Somos sáficas, mujeres y obreras. Somos el objetivo de la reacción», afirma Elena. María amplía esa reflexión recordando que las preocupaciones del proyecto también pasan por cuestiones como el acceso a la vivienda, el racismo, el machismo o la precariedad laboral. Para ellas, la defensa de los derechos LGTBIQ+ forma parte de una conversación mucho más amplia sobre el tipo de sociedad que quieren construir.
Aun así, rechazan la idea de que el activismo deba expresarse únicamente desde el conflicto permanente. Si algo caracteriza a La GOLFA es precisamente su voluntad de demostrar que la celebración, el afecto y la cultura también pueden convertirse en formas de resistencia.

Un lugar donde sentirse parte de algo
Cuando se les pregunta qué esperan que encuentre alguien que descubra hoy La GOLFA por primera vez, ninguna de las dos habla de cifras, seguidores o crecimiento.
María desea que quien asista a uno de sus clubes de lectura, a un cinefórum o simplemente vea uno de sus vídeos se marche «con la sensación de haber encontrado un grupo de personas en el que ser libre». Elena lo resume con otra idea igual de sencilla: que quienes lleguen tengan ganas de formar parte de esa comunidad.
Quizá ahí resida la verdadera aportación de La GOLFA al panorama cultural sevillano. No solo en recuperar historias que durante demasiado tiempo permanecieron ocultas, sino en demostrar que la memoria cobra sentido cuando deja de ser únicamente un ejercicio de investigación para convertirse también en un espacio compartido.
Porque rescatar el pasado no consiste solo en recordar a quienes estuvieron antes. También significa ofrecer a quienes llegan ahora la posibilidad de reconocerse en esa historia y descubrir que nunca estuvieron tan solas como les hicieron creer.





3 comentarios en «La GOLFA: el proyecto sevillano que recupera la memoria sáfica para construir comunidad desde la cultura»
!!adelante con vuestro proyecto!!!
Ahora mas que nunca nos necesitamos
Mucha suerte!!!
Entrevista de 10 a la altura de las entrevistadas. ¡Enhorabuena!
Increíbles. Qué suerte tenemos de existir a la vez que tremendas diosas de la cultura la gracia y la alegría.