Carmen González. En la calle Laraña, en pleno centro de Sevilla, se encuentra un edificio que guarda varias historias dentro de sus muros. La Iglesia de la Anunciación es uno de los grandes ejemplos del Renacimiento sevillano, pero también está ligada de manera inseparable a la historia de la Universidad de Sevilla.
Su pasado comienza con los jesuitas. Después se convirtió en capilla universitaria y, bajo su suelo, terminó reuniendo los restos de algunos de los personajes más destacados de la historia de Sevilla. Entre ellos se encuentra Gustavo Adolfo Bécquer.
A todo ello se suma una vertiente más misteriosa. La cripta y los espacios de la antigua Casa Profesa han alimentado durante décadas historias de apariciones, ruidos y fenómenos extraños. La Anunciación es así uno de esos lugares donde la historia documentada y la leyenda sevillana han terminado caminando juntas.
Una iglesia nacida con los jesuitas
La historia del templo comienza en el siglo XVI. La primera piedra se colocó el 2 de septiembre de 1565, dentro del proyecto de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla.
El primer proyecto estuvo relacionado con el jesuita Bartolomé de Bustamante. Sin embargo, el diseño acabaría siendo modificado por Hernán Ruiz II, uno de los arquitectos fundamentales del Renacimiento sevillano. Las obras concluyeron en 1579.
El templo presenta una característica planta de cruz latina, con una amplia nave y un crucero rematado por una cúpula. La arquitectura exterior resulta relativamente sobria, pero el interior sorprende por la riqueza de sus retablos, pinturas y esculturas.
La iglesia formaba parte de un complejo mucho mayor. La Casa Profesa contaba con dependencias destinadas a la comunidad jesuita y a su actividad educativa. Aquel conjunto llegó a convertirse en uno de los principales focos intelectuales de la Compañía de Jesús en Sevilla.
De hecho, Miguel de Cervantes dejó una referencia a los estudios de los jesuitas sevillanos en «El coloquio de los perros», una de sus Novelas ejemplares. La antigua calle de la Compañía, denominación que tuvo Laraña, conserva también el recuerdo de aquella presencia.
El gran cambio: llegan los jesuitas, llega la Universidad
La historia de la Anunciación dio un giro decisivo en 1767, cuando Carlos III decretó la expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios de la monarquía.
La Casa Profesa quedó entonces disponible. Las autoridades sevillanas vieron en aquel enorme complejo una oportunidad para transformar la enseñanza superior de la ciudad.
El protagonista de aquella operación fue Pablo de Olavide, asistente de Sevilla y una de las figuras más importantes de la Ilustración española. Por Real Orden de 1768 se concedió el antiguo conjunto jesuita para la Universidad Literaria, y la cesión se hizo efectiva en 1771.
La antigua Casa Profesa se convirtió así en la sede de la Universidad de Sevilla.
La iglesia adquirió entonces una nueva función. Dejó de ser únicamente el templo de los jesuitas para convertirse en la capilla universitaria y en escenario de actos académicos y solemnes.
Durante casi dos siglos, la historia del templo y la de la Universidad quedaron unidas.
La antigua Universidad ya no existe, pero la iglesia permanece
Hay una curiosidad que suele pasar desapercibida cuando se observa la actual Facultad de Bellas Artes.
La iglesia es prácticamente el único elemento que permanece de aquella antigua Casa Profesa. El resto del complejo fue transformándose con el tiempo y sobre buena parte de su antiguo solar se levantó posteriormente la actual Facultad de Bellas Artes.
La Universidad mantuvo allí su sede hasta el siglo XX.
El traslado progresivo de la institución a la Real Fábrica de Tabacos cambió la relación física de la Universidad con la calle Laraña. El nuevo Rectorado comenzó a funcionar en el antiguo edificio industrial y, a mediados del siglo XX, la antigua sede universitaria dejó de ser el centro principal de la institución.
Sin embargo, la Anunciación siguió vinculada a la Universidad.
Y esa relación continúa hoy.
La iglesia continúa acogiendo actos académicos, aperturas de curso, investiduras honoris causa, conciertos y actividades culturales organizadas por la Universidad de Sevilla.
Es decir, la Anunciación no es únicamente un monumento que pertenece al pasado universitario. Sigue formando parte de la vida académica de la institución.
Un museo de arte renacentista y barroco
Entrar en la Anunciación supone encontrarse con una concentración extraordinaria de arte sevillano.
Uno de sus elementos más destacados es el retablo mayor, realizado por Alonso Matías. El templo conserva además obras relacionadas con artistas fundamentales de la escultura sevillana, entre ellas Juan Martínez Montañés.
El retablo dedicado a San Juan Bautista, por ejemplo, está relacionado con Montañés y con el pintor Juan de Uceda.
También destacan las imágenes de santos vinculados a la Compañía de Jesús. Todo el conjunto permite entender la importancia que tuvo el templo durante la etapa jesuita.
La riqueza artística de la iglesia explica también su protección patrimonial. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931 y cuenta actualmente con la máxima protección como Bien de Interés Cultural.
Bajo la iglesia: el Panteón de Sevillanos Ilustres
Pero si existe un espacio que ha contribuido especialmente a alimentar la fascinación por la Anunciación, ese se encuentra debajo del templo.
La antigua cripta jesuita alberga actualmente el Panteón de Sevillanos Ilustres.
Su historia comenzó en el siglo XIX. La desamortización y los daños sufridos por numerosos conventos e iglesias durante la ocupación francesa pusieron en peligro numerosos enterramientos. Las autoridades universitarias impulsaron entonces el traslado de restos y lápidas de personajes destacados hacia la iglesia.
La cripta que vemos actualmente fue acondicionada entre 1970 y 1972, cuando se amplió y protegió el espacio original.
Allí descansan personajes de épocas muy diferentes. Entre ellos se encuentran Benito Arias Montano, Alberto Lista, Rodrigo Caro, Fernán Caballero, Valeriano Bécquer y Gustavo Adolfo Bécquer.
La ubicación de este panteón explica buena parte del carácter especial de la Anunciación. Sobre la iglesia se encuentra uno de los templos históricos más importantes de la ciudad. Bajo ella, una cripta reúne a escritores, artistas, religiosos, humanistas y personajes vinculados a la historia sevillana.
Bécquer y su regreso a Sevilla
La presencia de Gustavo Adolfo Bécquer está rodeada también de una historia propia.
El poeta murió en Madrid en 1870 y sus restos permanecieron inicialmente en el cementerio de San Isidro. A finales del siglo XIX comenzaron las gestiones para conseguir su traslado a Sevilla.
La primera iniciativa importante surgió en 1884, cuando la Sociedad Económica de Amigos del País quiso que los restos de los hermanos Bécquer fueran enterrados en la capilla universitaria de la Anunciación. El proyecto no prosperó entonces por la oposición del claustro universitario.
Finalmente, las gestiones encabezadas años después por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, con José Gestoso al frente, consiguieron que Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer regresaran a su ciudad natal.
En 1913, sus restos llegaron a Sevilla y fueron depositados en el Panteón de Sevillanos Ilustres.
La historia tiene un componente especialmente simbólico. Bécquer había expresado en sus escritos su deseo de descansar en Sevilla.
Su tumba quedó finalmente bajo la iglesia que había sido durante décadas la capilla de la Universidad y en un panteón rodeado de otros nombres esenciales de la cultura sevillana.
Las historias de fantasmas de la Anunciación
Y es precisamente aquí donde comienza la parte más legendaria.
La combinación de una iglesia antigua, una cripta subterránea y decenas de personajes enterrados en ella ha convertido a la Anunciación y a la cercana Facultad de Bellas Artes en uno de los lugares asociados a los relatos paranormales de Sevilla.
A lo largo de los años se han contado historias sobre pasos, ruidos, voces y supuestas apariciones en las zonas próximas al panteón. Algunas publicaciones dedicadas a los misterios de la ciudad han relacionado estos relatos con la antigua cripta y con los espacios de la Facultad de Bellas Artes.
Incluso se ha hablado de un supuesto «triángulo» de fenómenos paranormales en esta zona del centro, con la Facultad de Bellas Artes y el Panteón como uno de sus puntos.
Pero conviene separar la leyenda de la historia.
No existe evidencia histórica que permita afirmar que la iglesia esté encantada ni que las supuestas apariciones tengan un origen sobrenatural. Son relatos que forman parte del imaginario contemporáneo asociado al edificio.
Precisamente por eso resultan interesantes. La leyenda no sustituye a la historia, pero ayuda a explicar la fascinación que este lugar ha despertado entre generaciones de sevillanos.
Una iglesia que también fue refugio
La Anunciación tuvo además un papel particular durante la Guerra Civil.
En 1936, la Esperanza Macarena permaneció escondida durante un tiempo en un domicilio de la calle Orfila. Posteriormente, el 4 de octubre de aquel año, fue trasladada en secreto hasta la Iglesia de la Anunciación, que había sido cedida por el rector de la Universidad. Allí permaneció durante parte del conflicto.
La historia añade otra capa a la memoria del templo.
La Anunciación no fue solamente una iglesia jesuita, una capilla universitaria o un panteón. También formó parte de algunos de los episodios más delicados de la historia contemporánea de Sevilla.
Una historia que continúa bajo la Universidad
Hoy la Iglesia de la Anunciación sigue ocupando un lugar peculiar dentro de Sevilla.
Está junto a una facultad universitaria, pertenece al patrimonio de la Universidad de Sevilla y mantiene su uso académico y cultural. Al mismo tiempo, conserva su función religiosa y es sede de la Hermandad del Valle.
Además, continúa siendo objeto de trabajos de conservación. La Universidad ha desarrollado diferentes fases de restauración de sus cubiertas, cúpula, fachadas y otros elementos del edificio.
Todo ello convierte a la Anunciación en un edificio singular.
Su historia comienza con los jesuitas, continúa con la Universidad y termina, por ahora, con una mezcla de patrimonio, cultura, religión y memoria.
Y bajo sus pies existe todavía otro capítulo.
La cripta donde descansan Bécquer, Arias Montano, Alberto Lista y otros personajes de la historia sevillana explica que el templo haya adquirido ese aire de lugar secreto que tanto atrae a quienes buscan la Sevilla menos conocida.
Quizá por eso la Iglesia de la Anunciación sea mucho más que una joya renacentista de la calle Laraña. Es uno de esos lugares de Sevilla donde cada puerta parece conducir a una historia diferente: la de los jesuitas, la de la Universidad, la de sus artistas, la de sus enterramientos y, finalmente, la de las leyendas que el paso del tiempo ha ido construyendo alrededor de sus muros.




