La lucha para competir con dignidad de una campeona del mundo

La vida de esta luchadora es tan intensa que toda su dedicación pasa por atender el surtidor de gasolina en el que trabaja y machacarse en el gimnasio a diario para mantener su nivel.

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Fermín Cabanillas. Este fin de semana se ha estrenado el documental ‘El sueño y los asaltos de Lara Fernández’, un trabajo de 12 minutos de duración que refleja el trabajo de la campeona del mundo de Muay Thai en categoría K1-LSKA y Muay Thai WBC, la joven afincada en Coria del Río (Sevilla), que el pasado invierno se puso en manos de un equipo de grabación para contar cómo es su lucha diaria por seguir siendo referente nacional en un deporte minoritario.

Su caso se conoció tras un mensaje en Twitter el pasado 28 de octubre en el que citaba que “las futbolistas féminas profesionales, quejándose porque no cobran igual que los hombres profesionales. Y yo me quejo porque el mes que viene disputo el título del Mundo, entreno todos los días y directamente no cobro ni un duro, me cuesta el dinero”.

Días después ganaba el título mundial en la categoría de menos de 59 kilos en los Mundiales de Bruselas, en una final a combate único ante la belga Kelly Denoiko, aunque a pesar de eso no ha podido encontrar patrocinadores que financien su carrera, y, como refleja el documental, llegó un domingo por la noche de competir en China y a las cinco de la madrugada del día siguiente estaba en la gasolinera en la trabaja para sobrevivir. Con las horas justas de sueño para descansar algo, de la gasolinera se marcha al gimnasio, y así sigue día a día intentando mantener la forma y que alguien se fije en ella para conseguir representar a su país en las mismas condiciones que cualquier deportista de cualquier deporte.

Realizado por Bonus Studio y producido por Chabuca & Co, el documental ha sido rodado en distintos lugares de su localidad natal, Cebolla (Toledo), tanto en escenarios naturales como sus calles, contando, entre otras cosas, la idea que ha tenido un bar de su pueblo ‘Cervecería Hermanos Ruiz’, que ha creado una hamburguesa con los ingredientes favoritos de la pizza de la luchadora, con la idea de entregarle parte de lo que se recaude con su venta para apoyar su carrera. Se llama ‘La Diavola’, y es uno de los reclamos que tiene ella para poder tener algo de apoyo a la hora de mantenerse en forma.

Como ella misma explica, la pizza es la comida que elige para ingerir hidratos de carbono cuando lo necesita, lo que controla estrictamente antes de cada torneo y en su vida diaria, y ahora esa idea gastronómica original supone también una forma de ayudarle a competir.

El equipo al completo, con Lara en el centro.

Como explican los responsables del documental, Lara Fernández “no solo lucha contra su oponente en el ring, sino que lo hace también con cada una de las barreras que se encuentra en el camino”, con condicionantes como la menor duración de los combates con respecto a los masculinos o que en una velada haya peleas femeninas en muy baja proporción a las masculinas.

Con todo, relata su complicado día a día, incluso los problemas que tiene para competir en un Mundial: “Si mis compañeras no me hubieran cambiado los turnos, no podría haber sido campeona del Mundo”, y lanza un mensaje que casi lo resume todo: “Yo quiero que mi deporte sea mi trabajo, igual que un futbolista, su deporte es su trabajo, yo también quiero dedicarme plenamente a esto”.

“Los patrocinadores buscan deportistas que sean rentables, y para serlo el Muay Thai necesita más visibilidad”, señala Lara Fernández, mientras cuenta cómo llegó a las artes marciales por casualidad, conoció a su actual entrenador y encontró en Coria del Río las condiciones para prepararse físicamente en un deporte tan exigente como el suyo. 

La vida de esta luchadora es tan intensa que atender a la prensa le supone perder horas de trabajo. Toda su dedicación pasa por atender el surtidor de gasolina y machacarse en el gimnasio a diario para mantener su nivel.

Su mirada está siempre pendiente de repetir una imagen: la de la ella misma recogiendo un trofeo con la camiseta del Real Betis, una tradición que ha instaurado poco a poco y que ha paseado por competiciones de medio mundo.

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