HBN. Sevilla ha vuelto a rendirse a su noche más emblemática con una Madrugá que quedará para el recuerdo. La Esperanza Macarena, el Gran Poder, la Esperanza de Triana, Los Gitanos, El Silencio y El Calvario han recorrido la ciudad en una jornada multitudinaria y sin incidentes reseñables.
Uno de los momentos más emocionantes ha sido el reencuentro con la Esperanza Macarena tras su restauración. La Virgen regresaba a las calles con la devoción intacta y todas las miradas puestas en su rostro. Desde la medianoche, la Basílica de la Macarena abría sus puertas para dar paso a un cortejo de más de 4.300 nazarenos. La imagen lucía la Rosa de Oro concedida por el Papa Francisco, brillando en su paso ante miles de fieles.
La jornada ha estado marcada por la magnitud de los cortejos. Más de 15.000 nazarenos han formado parte de la Madrugá, superando los registros del pasado año. Este volumen ha provocado retrasos en la carrera oficial de hasta 44 minutos, una circunstancia considerada normal dada la dimensión de las cofradías.
El Gran Poder volvió a imponer su solemnidad desde la basílica de San Lorenzo. El Señor, obra de Juan de Mesa, avanzó con su clásica zancada entre un mar de silencio y recogimiento. Por su parte, la Esperanza de Triana desató el fervor desde la calle Pureza. Más de 3.200 nazarenos acompañaron a la cofradía en una de las salidas más esperadas de la noche.
La Campana volvió a concentrar algunos de los instantes más especiales. El paso del Señor de la Salud de Los Gitanos emocionó al público con sones dedicados a figuras históricas de la hermandad. También destacó la entrada del Cristo de las Tres Caídas en su capilla con la interpretación de la Marcha Real, en un ambiente cargado de sentimiento.
El Calvario mantuvo su esencia de sobriedad en la madrugada más larga del año, mientras que El Silencio volvió a marcar el contraste con su recogimiento característico. La jornada se prolongará hasta bien entrado el mediodía, cuando las hermandades regresen a sus templos. Sin apenas descanso, Sevilla se preparará para continuar con el Viernes Santo por la tarde. La Madrugá, una vez más, ha demostrado por qué es el corazón de la Semana Santa sevillana.



