Carmen González. En la plaza de San Martín de Porres, junto al mercado de San Gonzalo, existe una atracción que forma parte de la memoria sentimental de Triana. No aparece en las guías turísticas ni suele protagonizar las postales de Sevilla. Sin embargo, para miles de vecinos es uno de los rincones más queridos del barrio. Se trata de las populares Calesitas de Triana, también conocidas como el Tío Vivo de Triana, un carrusel histórico que lleva décadas acompañando la infancia de varias generaciones.
Mientras la ciudad ha cambiado a su alrededor, este pequeño tiovivo ha permanecido prácticamente en el mismo lugar. Su presencia ha convertido la plaza en un punto de encuentro donde abuelos, padres e hijos han compartido la misma ilusión con décadas de diferencia.
Una historia ligada a la familia León
El origen de las Calesitas está unido a la familia León, dedicada desde hace generaciones al mundo de las atracciones de feria. La licencia de la familia para instalar este tipo de atracciones se remonta a 1936, aunque el carrusel quedó fijado de forma permanente en la actual plaza de San Martín de Porres a comienzos de la década de 1960.
Desde entonces, el tiovivo ha sobrevivido a la transformación del barrio. Cuando comenzó su actividad, el entorno era muy distinto al actual. Poco a poco fueron creciendo nuevas viviendas, el mercado de San Gonzalo y los servicios que hoy forman parte de esta zona de Triana. Mientras todo cambiaba, las Calesitas seguían girando cada tarde.
Un carrusel que conserva piezas de distintas épocas
Uno de los aspectos que hacen especial a esta atracción es que no responde al modelo de los modernos carruseles comerciales. Sus vehículos pertenecen a épocas muy diferentes y cada uno cuenta parte de su propia historia.
Entre las figuras más conocidas destacan el tradicional carruaje de caballos, considerado una de las piezas más antiguas del conjunto, el popular camión de bomberos con su característica campana o una antigua lancha incorporada hace varias décadas. Algunas piezas han sido sustituidas con el paso del tiempo, mientras otras continúan formando parte del carrusel desde hace muchos años.
Ese carácter artesanal convierte cada restauración en un auténtico desafío. Muchas piezas ya no se fabrican y deben repararse manualmente para mantener viva una atracción que conserva buena parte de su aspecto tradicional.
Mucho más que una atracción infantil
Las Calesitas de Triana representan mucho más que unos simples «cacharritos». Para numerosos vecinos simbolizan una parte de la identidad del barrio. Son muchas las familias que recuerdan haber acudido de pequeños y que, años después, regresan con sus hijos o sus nietos.
Esa continuidad ha hecho que el tiovivo sea conocido como un lugar donde varias generaciones comparten el mismo recuerdo. Pocos espacios de Sevilla pueden presumir de haber acompañado la infancia de tantas personas durante tanto tiempo.
Un símbolo que ha superado numerosas dificultades
La permanencia de las Calesitas no siempre ha estado asegurada. A lo largo de su historia han afrontado distintos desafíos, desde proyectos urbanísticos que planteaban su traslado hasta las dificultades derivadas del mantenimiento de una atracción con tantos años de funcionamiento.
Más recientemente, el tiovivo sufrió un grave acto vandálico que dañó varias de sus figuras y parte de su instalación eléctrica. A pesar de ello, la atracción volvió a abrir pocos días después gracias al esfuerzo de sus responsables. El episodio despertó una importante muestra de apoyo vecinal y puso de manifiesto el valor sentimental que las Calesitas tienen para Triana.
Un pequeño patrimonio del barrio
Aunque no cuenta con la protección oficial de un monumento, muchos vecinos consideran que las Calesitas forman parte del patrimonio popular de Triana. Su valor no reside únicamente en su antigüedad, sino en la memoria colectiva que han construido durante más de medio siglo.
Cada vuelta del carrusel reúne historias diferentes. Algunos recuerdan su primer paseo en el caballo de madera. Otros conservan fotografías familiares tomadas junto al camión de bomberos o el carruaje. Son recuerdos sencillos que, con el paso del tiempo, han convertido esta atracción en uno de los símbolos más entrañables del barrio.
Un rincón donde el tiempo parece detenerse
En una ciudad que cambia constantemente, las Calesitas de Triana representan una excepción. Siguen ocupando su espacio en la plaza de San Martín de Porres y continúan atrayendo cada tarde a nuevas familias.
Quizá ese sea su verdadero secreto. No destacan por su tamaño ni por la tecnología de sus atracciones. Lo hacen porque conservan algo mucho más difícil de mantener: la capacidad de despertar la misma ilusión en los niños de hoy que despertaron hace décadas en sus padres y abuelos. En una Sevilla cada vez más moderna, el viejo tiovivo de Triana sigue girando al mismo ritmo que los recuerdos de quienes alguna vez se subieron a él.




2 comentarios en «Las Calesitas de Triana: el tiovivo que ha hecho girar la infancia de muchas generaciones»
No conocía la historia de las calesitas, qué interesante!!
Qué buen artículo, Carmen. Da alegría saber que todavía quedan restos de autenticidad y singularidad únicos en Sevilla.