Carmen González. Sevilla vivió ayer una de sus tradiciones más antiguas y singulares con la celebración de las Lágrimas de San Pedro, una ceremonia que, con motivo de la onomástica de San Pedro y San Pablo, volvió a llenar de solemnidad el entorno de la Catedral. Como cada 29 de junio, el sonido de los clarines resonó desde la Giralda para recordar uno de los episodios más conmovedores del Evangelio y mantener viva una costumbre que forma parte de la memoria histórica de la ciudad desde hace más de cinco siglos.
La tradición comenzó en la medianoche del 28 al 29 de junio y volvió a repetirse durante la mañana de ayer, a las 9:30 y a las 12:00 horas. En las tres interpretaciones, numerosos sevillanos y visitantes se congregaron en los alrededores de la Catedral para presenciar un acto que, aunque discreto, continúa despertando una enorme emoción entre quienes conocen su significado.
En esta edición, fueron seis clarines de la Banda de Nuestra Señora del Sol los encargados de interpretar las tradicionales Lágrimas de San Pedro desde la Giralda. Antes de cada toque, los alabarderos de la formación desfilaron por las gradas de la Catedral hasta situarse en la Puerta de Palos, mientras el repique de campanas anunciaba el inicio de una ceremonia que apenas ha cambiado con el paso de los siglos.
Una tradición con más de 500 años de historia
Las Lágrimas de San Pedro hunden sus raíces en el siglo XV y constituyen una de las tradiciones más antiguas que conserva la Catedral de Sevilla. Su origen espiritual hace referencia al arrepentimiento de San Pedro tras negar tres veces a Jesús antes de la crucifixión. Según relatan los Evangelios, el apóstol rompió entonces a llorar al tomar conciencia de lo ocurrido, unas lágrimas que en Sevilla se transformaron simbólicamente en el sonido de los clarines.
Con el paso de los siglos, aquella representación musical ha sobrevivido al tiempo hasta convertirse en uno de los actos más singulares del calendario litúrgico sevillano. Lejos de las grandes celebraciones multitudinarias que caracterizan a la ciudad, esta ceremonia mantiene un carácter íntimo y solemne que invita al recogimiento y a la contemplación.
Un sonido que forma parte de la identidad de Sevilla
Aunque muchas personas descubren esta tradición por primera vez cada año, las Lágrimas de San Pedro constituyen una de las manifestaciones más especiales del patrimonio inmaterial sevillano. Durante apenas unos minutos, el sonido de los clarines sustituye al bullicio habitual del centro histórico y convierte la Giralda en protagonista de una ceremonia que ha pasado de generación en generación.
La imagen de los músicos interpretando la pieza desde lo alto de la torre, acompañados por el repique de las campanas y el desfile previo de los alabarderos, volvió a ofrecer una estampa cargada de simbolismo que conecta la Sevilla actual con la de hace más de quinientos años.
En una ciudad donde las tradiciones siguen ocupando un lugar fundamental, las Lágrimas de San Pedro demostraron una vez más que algunos de los momentos más emocionantes no siempre son los más multitudinarios. A veces basta con detenerse unos minutos, levantar la vista hacia la Giralda y dejarse envolver por un sonido que sigue recordando, siglo tras siglo, una de las páginas más humanas y conmovedoras de la historia cristiana.
Fotografía de María Jesús Benítez Bonilla.




2 comentarios en «Las Lágrimas de San Pedro emocionan a Sevilla de nuevo»
Y ojalá que nunca nos olvidemos de nuestras tradiciones. ¡Espectacular momento el vivido ayer en Sevilla!
Uno de los silencios que “suenan” en Sevilla durante el año…