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Lo que una banda de música une, que no lo separe nadie

Es una historia de amor que acabó en boda entre Jaime Antequera y Rosario Antequera, un músico de Villanueva del Ariscal y una joven de Arahal que se conocieron por las redes sociales.

Jaime estuvo casi dos años haciendo 78 kilómetros, de Villanueva del Ariscal a Arahal.

Fermín Cabanillas. Es una historia de amor que acabó en boda entre Jaime Antequera y Rosario Antequera, un músico de Villanueva del Ariscal y una joven de Arahal que se conocieron por las redes sociales. Hace apenas dos semanas decidieron casarse con el uniforme de la Agrupación Musical Santa María Magdalena, es la primera vez que ocurre en esta localidad y sólo se debe a su pasión por esta emblemática banda. 

Para Jaime ha sido todo una sucesión de coincidencias. Su familia es la única de Villanueva del Ariscal cuyo apellido es Antequera. Un día, hace casi siete años, decidió buscar por las redes sociales a personas con su mismo apellido, la primera que salió fue Rosario y le escribió por privado para conocerla, aunque ella, en principio, se mostró reacia. Poco después le pidió amistad y saber que era de Arahal fue un punto a favor de la historia de esta pareja.

Era el mismo pueblo de la banda que fue para él un descubrimiento desde que su tía lo llevó con tan solo cinco años a ver al Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad de La Hiniesta, un Domingo de Ramos en Sevilla. «Entonces pensaba que solo las bandas de cornetas y tambores podían ir detrás de un crucificado y, cuando vi a una agrupación como la Santa María Magdalena, para mi fue una revelación».




Ese día tocaban La Piedad, su marcha preferida. «Hasta contándotelo en los vellos se me pueden colgar perchas ahora mismo», dice emocionado Jaime Antequera. 

Por eso estuvo casi dos años haciendo 78 kilómetros, de Villanueva del Ariscal a Arahal, casi a diario para tocar con la Agrupación Musical Santa María Magdalena.




La boda ha sido todo un acontecimiento.

Fue aquí donde quiso estar en cuanto supo que Rosario era de Arahal. Percusionista -tocaba el bombo en su pueblo en la Banda Municipal de San Antonio- no dudó en hablar con David Rodríguez, el director, para formar parte de esta gran familia.

Después de unos meses, y de ver que su pasión suponía un importante sacrificio, sobre todo por la falta de tiempo, arrastró también a su mujer para que entrara en la agrupación. El último Domingo de Ramos llevó la bandera abriendo paso a la música cofrade por excelencia. «Era una forma de pasar más tiempo juntos», dice. 

Por eso, cuando llegó la hora de dar el sí quiero, Jaime y Rosario no lo pensaron. Pidieron permiso a David Rodríguez, y al director de la Santa María Magdalena, no sólo le pareció una buena idea, sino un honor. En el Juzgado de Paz de Arahal, la bandera de la Agrupación presidía el acto y fue testigo del enlace de dos componentes unidos por unas cuantas de coincidencias.



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