Los Corrales vuelve a tener una imagen de su patrón, Santiago Apóstol

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La nueva figura del patrón corraleño, Santiago Apóstol.

Fermín Cabanillas. El escultor Andrés Zamora recuperará en unos días para su localidad, Los Corrales, uno de sus símbolos religiosos más importantes, su patrón. Este corraleño se propuso en su día terminar con el hueco existente en la iglesia desde hace más de 30 años, y ha conseguido sacar adelante toda una obra de arte. 

Los vecinos del municipio recuerdan que hace años en la iglesia había una imagen del patrón que terminó en alguna vivienda, sin saber cuál, aunque sí es verdad que era una imagen del típico “matamoros”, muy distinta del santo conciliador que ahora van a tener en su iglesia.

En la elaboración de la imagen ha colaborado la hermana del escultor, Olimpia, quien se ha encargado de la pintura, la ropa y los postizos, con doble mérito, ya que ambos son autodidactas. 

Ambos son hermanos de la cantante Ana Reverte, con lo que el arte parece servido a raudales en esta familia. “Son autodidactas, pero artistas al fin y al cabo”, explica Ana a esta redacción, citando que se hará el traslado a la iglesia en breve.

Andrés Zamora, escultor corraleño autor de la obra. 

“Memoria etérea e inconsistente”. La cuarta parte de esta historia la firma el cuarto hermano, Antonio Zamora, escritor y fotógrafo, que ha glosado la figura y el trabajo de sus hermanos, destacando la importancia de su trabajo a la hora de aportar este patrimonio al pueblo, porque “todos sabemos en el fondo que la memoria es etérea e inconsistente como la niebla, de la que extraemos imágenes más o menos nítidas que interpretamos para dar un sentido lineal a nuestra existencia”. 

Zamora recuerda, sobre la antigua imagen, “la acción beligerante de un Santiago montado en su caballo blanco, tan agresivo como su dueño, ensartando a un moro con su lanza después de arrollar a dos moros más. La rabia en la cara del santo y de su caballo y el horror en el rostro de las víctimas, cimentó un recuerdo impregnado de una sensación desasosegante que aún habita fragmentado en algún lugar de los páramos difusos de mi memoria”.

“Sabía que en los últimos tiempos lo habían cambiado de sitio un par de veces según convenía a la parroquia, pero aquella vez lo busqué con los ojos en las tres naves sin encontrarlo. Y alguien de aquella reunión de personas, después de mirar con fugacidad a los que tenía alrededor, dijo: ‘Santiago se fue'”. 

Olimpia Zamora, encargada de la pintura, la ropa y los postizos.

Unos 40 años después. El hermano del escultor explica que unos 40 años más tarde “empecé a oír rumores sobre su vuelta. ‘¿Quién viene? ¿Santiago? ¿Santiago vuelve?’, pregunté extrañado. Y la respuesta, igual de contundente que aquella otra que anunció su partida, aunque más extensa y detallada, no se hizo esperar. Sí, vuelve, pero curado de su agresividad”.

“El viaje de regreso del apóstol ha durado unos buenos tres meses, mientras tanto se ha especulado mucho sobre su forma humana y, sobre todo, sobre su forma de ser”, explica en un texto mucho más amplio, preludio de la vuelta a la iglesia de la localidad de un patrón más humano y menos agresivo.

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