Los prematuros del Sagrado Corazón cuentan con ‘Los pulpitos de la vida’ para su recuperación

Son unos pequeños octópodos tejidos a ganchillo que "les proporcionan seguridad y tranquilidad emulando el cordón umbilical de sus madres".

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Redacción.  Los prematuros de la unidad de neonatología de Quirónsalud Sagrado Corazón de Sevilla cuentan ahora con ayuda extra en su recuperación, ya que, además de la alta tecnología, así como el conocimiento y formación de sus profesionales, tienen a ‘Los pulpitos de la vida’, unos pequeños octópodos tejidos a ganchillo que “les proporcionan seguridad y tranquilidad emulando el cordón umbilical de sus madres”.

La neonatóloga de la unidad de neonatología del hospital, Myriam Alcantarilla, “cuando nace un bebé antes de tiempo, sus órganos deben completar su maduración fuera del útero materno, lo que, en ocasiones, y sobre todo cuando el bebé es un prematuro extremo, conlleva el desarrollo de complicaciones”. “Aunque no existen estudios científicos al respecto, lo que si se ha podido comprobar es que los grandes prematuros están más tranquilos y seguros al abrazarse al pulpito”, ha añadido.

En esta línea, ha concluido que “parece que la morfología de los tentáculos continúa, les recuerdan al cordón umbilical de su mamá y les proporciona bienestar, además mejora su respiración, ayudan a estabilizar el ritmo de su corazón y evita que agarren los cables a los que están conectados, por lo que se reducen las incidencias en el funcionamiento del aparataje, concluye”.

La entidad ha indicado que los pulpos son elaborados con materiales naturales, cien por cien algodón, que permiten lavarlos a altas temperaturas para que sean seguros para su uso por los bebés.

Los pulpos de la vida

Los pulpos de la vida es un grupo de personas capitaneadas por Tony Cayero, unidas con el fin de tejer estos pulpos de forma altruista y donarlos a las unidades de prematuros de los hospitales de Sevilla y alrededores, para contribuir a la recuperación de estos bebés durante su estancia, a veces larga, en las mismas.

Esta iniciativa nació en 2012 en Dinamarca cuando un padre de una pequeña prematura encargó a una tejedora danesa que hiciera un pulpito para que acompañara a su bebé en la incubadora durante su recuperación, la niña lo acogió y se aferraba a los tentáculos del pulpo en lugar de a los cables y tubos de la incubadora, reduciendo incidentes y tranquilizando a la pequeña, dando origen a Danixh Octo. A partir de ese momento se generó un movimiento masivo que se encuentra activo en numerosos países del mundo.

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