Manuela Grau, la ingeniera de La Puebla del Río que trabaja a orillas del Danubio

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“Lo que más echo de menos es mi gente, aunque también algunas comidas como el jamón”

Rosa Brito. Manuela Grau nació en La Puebla del Río, tiene 24 años y está graduada en Ingeniería de las Tecnologías Industriales por la Universidad de Sevilla. Su experiencia en el área de energías renovables y aeronáutica la llevó a Ulm, una ciudad alemana fundada en la época medieval. Estuvo hace cuatro años haciendo unas prácticas en una empresa y hace unos meses volvió para quedarse. Regresará a Sevilla en algún momento, pero “no en breves”.

– ¿Cómo es Ulm?
–Ulm es una ciudad pequeña ubicada en el sur de Alemania, a orillas del Danubio, en la frontera entre las regiones de Baviera y Badem Wurtemberg. Tiene un estilo centroeuropeo, con casitas de techo a dos aguas y con vigas de madera especialmente en el casco antiguo. Ulm tiene la Catedral más alta del mundo y zonas muy bonitas de pasear, como el paseo del Danubio y el barrio de los pescadores, donde hay canales con callecitas laberínticas. Además, tiene una localización muy buena para visitar otras zonas de interés, como la Selva Negra, el lago Constanza o Múnich.

“Aprender alemán es algo que a los ingenieros nos viene muy bien”

– ¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España? ¿Y los habitantes?
– Sí, es bastante diferente, los horarios son muy distintos, las comidas, los edificios sin aire acondicionado, no hay piscinas (o muy pocas) al aire libre, aquí cualquier contrato va con permanencia ¡hasta el gimnasio!, el tema de la basura es otro mundo. No hay contenedores en las calles, cada uno tiene el suyo, en un cuarto de la basura que tienen los edificios y lo recogen una vez al mes. Aquí es obligatorio reciclar. La sanidad no está centralizada, puedes ir al médico que quieras, si no te gusta, cambias, pero no hay sistema centralizado en el que guarden tu historial.

Los habitantes, hay de todo, hay gente encantadora, con sentido del humor, gente más seria pero también hay gente que es bastante desagradable. La verdad es que esto en verano se parece bastante a las terracitas de bares que tenemos en España, solo que aquí en vez de montadito de lomo con jamón y queso, pues tienen Spetzlekäse.

– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Yo tenía ganas de desenvolverme en otro idioma, y aprender alemán es algo que a los ingenieros nos viene muy bien. Además, en Alemania hay muchísima industria. En Ulm, hay especialmente empresas de electrónica y software.

– ¿Cuál es tu lugar favorito de Ulm?
– En Ulm me gusta mucho el paseo del Danubio y el barrio de los Pescadores. En zonas alrededores, Friburgo es una de mis ciudades favoritas de Alemania, también me gusta mucho Lindau, a orillas del lago Constanza, Triberg y Titissee en la Selva Negra.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia.
– Para mí, al principio, lo que más me costó eran las compras en el supermercado. Me pasé un mes y medio lavándome la cabeza con jabón del cuerpo.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?
–La instalación aquí ha sido bastante difícil, encontrar piso es muy complicado. Yo solicité unos sesenta pisos, de esos, solo cuatro me ofrecieron una visita. El set up de la casa también ha sido bastante difícil, ya que todo el papeleo se hace en alemán, la luz, la basura y unos impuestos obligatorios que hay aquí para la televisión.

“La verdad es que esto en verano se parece bastante a las terracitas de bares que tenemos en España, solo que aquí en vez de montadito de lomo con jamón y queso, pues tienen Spetzlekäse”.

– ¿Cuál era tu nivel de idiomas cuando saliste de España?
– Cuando vine para hacer las prácticas sólo tenía el B1 de inglés, ni idea de alemán. Al principio me daba un poco de miedo no poder comunicarme, pero luego te das cuenta de que con entusiasmo e interés no hay problema.

– ¿Cuál es tu balance de la experiencia hasta ahora?
– Irse fuera es duro, pero creo que se aprende muchísimo. Irse fuera para convivir con otras culturas y con otros estilos de vida siempre es enriquecedor. Se aprende a respetar, a valorar lo que tienes, a vivir y ver con tus propios ojos, a no prejuzgar y a parar los prejuicios que tanto daño hacen.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
– Lo que más echo de menos es mi gente, aunque también algunas comidas como el jamón, las gambitas y los caracoles, el pescado, buena fruta e ir a la playa.

Para terminar: un mensaje a los sevillanos.
– ¡Viva Sevilla, su gente y su ambiente! El olor a azahar y los caracoles en primavera, y en cualquier época un paseo por la Avenida de la Constitución. Vive fuera para aprender a echarlo de menos. 

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