Mapache, el grupo de música sevillano que une rock, poesía y lenguaje cinematográfico

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Su primer trabajo, un LP, es Danza Salomé.
La banda se presentó el 22 de marzo de este año. / Foto: Nicolò Guasti.

Victoria G. Mora. Comienza la música. Una guitarra, un bajo, una viola y una batería suenan formando envolventes melodías. El público espera que comience la canción, pero, en su lugar, una contundente y atractiva voz femenina recita al son de las notas. Es Marta, la cantante de Mapache, un grupo de música sevillano, que en marzo de este mismo año, se estrenó sobre los escenarios con su singular propuesta de rock, poesía y lenguaje cinematográfico.

Danza Salomé es el primer trabajo de este ecléctico grupo de cuatro artistas que proponen nueve temas entre el rock, el blues, el folk, lo experimental… pero, sobre todo, la poesía. “Estamos en un momento de ebullición donde las etiquetas están desapareciendo“, explica Marta, vocalista y compositora del grupo. Y así lo reflejan sus espectáculos, musicales, poéticos, atrevidos y emocionantes. Una suerte de performance que atrapa al espectador, despertando en él nuevas inquietudes y reflexiones acerca de los géneros musicales.

Con Alberto Pielfort a la guitarra y la viola; Leo García al bajo; Marcos Fernández a la batería; y Marta Fernández dando vida a los poemas, Mapache llega esta noche del viernes 20 de diciembre a la Sala Malandar, con un concierto a partir de las 21.00 horas. Hablamos con Marta, la vocalista y compositora del grupo.

-¿Cómo surge el grupo?
-Había muchas ganas de seguir creando después de la experiencia con Fiebre, otra banda en la que habíamos estado trabajando los 4 ó 5 años anteriores. Llevé a Leo (bajista) un puñado de bocetos de nuevas canciones al local y me dijo: “¡Ea! pues ya tenemos otro lío, Marta”. Luego buscamos más músicos para terminar de armar la cosa y la verdad es que año y medio después tenemos un equipo muy sólido, vamos a una en lo musical y en todo, que no es nada fácil. Llegamos al estudio con 9 temas bastante trabajados pero sin nombre. Javi Mora, el ingeniero de sonido, nombró el proyecto Mapache, antiguo mote que me persigue desde hace años. Los chicos finalmente tomaron este apellido artístico.

Marta, vocalista y compositora del grupo. / Foto: Mauricio Buhigas.

-Háblanos un poco de los componentes.
Alberto Pielfort, guitarra y viola, viene del mundo clásico, es profesor del Conservatorio Superior de Música de Sevilla y ha tocado en la Orquesta Joven de Andalucía y posteriormente en la Orquesta de Cámara Andaluza. Pero tiene otra carrera paralela como músico dentro de la escena rockera sevillana, viene de bandas como Mr. Spock o Strange Fruits, entre otras. Usa la viola electrificada con la que experimenta sacando nuevos sonidos con pedales y efectos. Yo lo llamo clásico anticlásico, o “un valor seguro”, como dicen por ahí otros amigos músicos. Luego está Marcos Fernández a la batería, que ha tocado con bandas desde el jazz, latino, rock, hasta algo más indie como The Fake. De ahí ha ido sacando su sello propio de baterías nerviosas y originales. Por último, Leo García, el bajista, estábamos juntos en la banda anterior, donde aprendimos a encajar el ritmo con los poemas. Leo es autodidacta y perro viejo en los escenarios, anda siempre en muchos proyectos enredado, actualmente en Arañas de Marte o Avanti con Silvio, anteriormente Bambulee, Heredians… Es tal vez el más rockero de los cuatro, aunque también le gusta la psicodelia o lo latino. Y yo –Marta Mapache– soy poeta, metida a otras cosas. He publicado varios trabajos y experimentado sobre todo con la fusión de la poesía con otras artes. En mi otra vida trabajo de profesora y coordinadora de programas universitarios. Mi doble vida, como muchos artistas.

Leo García al bajo. / Foto: Mauricio Buhigas.

-Os presentáis públicamente a principios de año, ¿cuál ha sido la respuesta del público?
-Hemos recibido comentarios muy positivos, creo que a la gente le sorprende y normalmente le gusta. Habrá gente a la que no, ¡pero esos no nos llegan! Es curioso que, como el formato se sale de los típicos estilos de música, mucha gente viene a hablarnos y a contarnos qué le parece, qué sienten, o a darnos consejo. También muchos nos dicen que no sabían que les gustaba la poesía. Eso es estupendo. Es bueno que la gente se sienta parte del proceso, nos ayuda a hacer este ejercicio de definirnos, además es muy divertido, es como una terapia colectiva. Tal vez lo más difícil sea crear escucha en los círculos de los propios programadores, prescriptores, eventos consolidados, espacios donde se cuece música y espectáculos en general. Público hay, pero es difícil abrirse camino en esta maravillosa ciudad nuestra, siendo sinceros.

Mapache llega esta noche a la Sala Malandar. / Foto: Nicolò Guasti.

-¿De dónde viene la idea de mezclar música y poesía?
-Del inicio, ¡de los griegos! Quiero decir, resulta original por ir al origen, pero no porque sea nada nuevo. Trato de llevar los poemas a escena a través de la música porque creo en la comunión natural que se produce, compartirlos de esta manera con el público es como terminar de escribirlos, cerrarlos, y esto ocurre de una manera diferente en cada espectáculo. La poesía ya es música de por sí, mezclándolas cobra todo más sentido.

-¿Cómo os definiríais musicalmente?
-Rock, poesía y lenguaje cinematográfico. Usamos #spokenrock a veces, pero me temo que no hay un género concreto. Realmente creemos que encajamos en eventos rockeros, bluseros, folkies o más experimentales. Estamos en un momento de ebullición donde las etiquetas están desapareciendo porque cada vez hay más diversidad en las propuestas de bandas. Así que no nos cerramos a un estilo en absoluto. Nuestro primer LP, Danza Salomé, tiene influencias evidentes de la música americana, algunos dicen que suena a road movie, aunque realmente es un disco muy ecléctico.

Marcos Fernández a la batería. / Foto: Mauricio Buhigas.

-¿Quién compone las letras?
-Yo, de momento nadie más ha salido a la palestra, mis poemas son un sello importante del proyecto, pero no descarto que se anime alguno un día, a mí me gustaría desde luego.

-¿Cuáles son vuestros principales referentes?
-Un buen mix. Patti Smith, Leonard Cohen, Tom Waits, Gil Scott-Heron… en general todos/as los/as grandes de la palabra. Particularmente a Leo le encanta lo que no va más allá del 73, Zappa, Pink Floyd, King Crimson, Weather Report… Alberto es más actual y experimental, trajo a la la banda influencias como la del músico Warren Ellis, que utiliza un lenguaje renovador y vanguardista, o formaciones como el cuarteto Kronos con sus interpretaciones de música minimalista. Marcos es un melómano que bebe de grandes compositores como John Zorn, Christian Scott y muchos otros, uno de sus bateristas fetiche es Richard Spaven. Admiramos mucho a Fernando Mansilla, Riverboy, Guadalupe Plata, Chencho Fernández, Pájaro, Havalina… nuestra escena sureña es muy interesante.

Alberto Pielfort a la viola. /Foto: Mauricio Buhigas.

-¿Tiene algo de performance vuestro espectáculo?
-Por lo que dice la gente el concierto pasa a ser una experiencia diferente, así que imagino que en ese sentido sí. Creo que todos en la banda tenemos una visión bastante global del proyecto porque en definitiva nos gusta jugar, y concebimos la creación artística como algo vivo y multidisciplinar. La poesía te da esa visión. El hecho de interpretar poemas con música en un escenario tiene ya mucho de performático, aunque dejamos que estas ideas fluyan y la performance no sea el fin último. Tanto Marcos con el grupo The Curators con Rubén Barroso, como yo en proyectos poéticos anteriores, hemos trabajado la performance en otras vías. En Mapache de momento nos gusta trabajar como banda al uso, aunque sin perder de vista esas otras posibilidades, que se van colando de forma natural mientras creamos.

Su primer trabajo, un LP, es Danza Salomé.

-¿Versionáis poemas de otros artistas?
-En general los poemas son todos originales, pero a veces tomo algunos versos, guiños a otros libros o autores que han inspirado la canción. En el disco hay algún verso de Arthur Cravan, Susana Thènon, Roque Dalton, Arturo Corcuera y una adaptación del discurso de Herodes en Salomé de Oscar Wilde, por ejemplo. Esta poética del derrumbe y este grito ante la desolación que se cuela en las letras está ya escrita por muchos otros desde luego. Me gusta crear esas capas de lectura más profunda. En lo musical hemos incluido también en este trabajo dos homenajes. La canción Patíbula que realmente es un reinterpretación de la canción popular Gallis Pole y Katie Cruel, pequeña lodo.

El grupo mezcla folk, rock, blues o música experimental. / Foto: Maurcio Buhigas.

-¿Tenéis un público definido?
-Variopinto diría yo. Gente entre 0 y 100 años (aunque la mayoría son treintañeros) a la que le gusta la música rock, la literatura o ambas cosas, y que tiene ganas aún de escuchar nuevas propuestas.

-Un mensaje para los indecisos que aún no saben si acudir esta noche a la Malandar…
-Vente a Malandar esta noche y nos comentas cómo terminar esta entrevista o la próxima… y por dónde seguir con esta banda. ¡Salud y poesía!

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