Redacción. La Hermandad del Cerro vuelve a convertir su barrio en uno de los grandes focos del Martes Santo sevillano. El Nazareno del Cerro concentra buena parte de la emoción de la jornada. Además, representa el alma de una corporación muy unida a su gente. Su sello combina devoción, identidad de barrio y una personalidad muy reconocible.
La hermandad tiene su sede en la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en el Cerro del Águila. Desde allí ha consolidado un estilo propio dentro de la Semana Santa de Sevilla. Con el paso de los años, la cofradía ha ganado presencia y también prestigio. Por eso, hoy ocupa un lugar muy destacado en el Martes Santo.
Fundada en 1945, la corporación fue creciendo de forma constante. Su primera estación de penitencia a la Catedral llegó en 1989. Desde entonces, la hermandad ha vivido una evolución muy significativa. Ese crecimiento se reforzó con la incorporación de Nuestro Padre Jesús de la Humildad. La imagen fue realizada por Juan Manuel Miñarro. Desde 2019, este paso de Nazareno abre la cofradía y añade una fuerte carga devocional al conjunto.
El Nazareno del Cerro avanza con una impronta muy cercana al barrio. La imagen muestra a Jesús portando la cruz al hombro. La estampa transmite recogimiento y también serenidad. Todo encaja con el carácter de la corporación. Además, el hábito de los nazarenos aporta una imagen muy reconocible. La túnica y la capa son blancas. El antifaz es burdeos. Ese contraste deja una de las estampas más visibles de la jornada.
Junto al Nazareno, la hermandad pone en la calle el paso del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono. También procesiona el palio de Nuestra Señora de los Dolores. La dolorosa fue coronada canónicamente en 2002. De este modo, la cofradía ofrece una visión completa de su identidad. Hay austeridad, barrio y una profunda devoción mariana.
No es casualidad que la corporación reúna a numerosos nazarenos cada año. Tampoco sorprende su peso dentro del Martes Santo. Su recorrido despierta una gran expectación en Sevilla. Por todo ello, la Hermandad del Cerro sigue dejando una huella especial. El Nazareno del Cerro simboliza la madurez de una cofradía que ha crecido sin perder su raíz. En torno a su paso, el barrio se reconoce, se emociona y vuelve a mostrar su forma de vivir la fe.





