Nicolás Alperiz, el arte a cambio de pan que ahora se recupera

Nicolás Alpériz (Sevilla, 1865-ibídem, 1928) fue un pintor costumbrista español de reconocida calidad y técnica ágil y precisa, algunas de cuyas obras se encuentran expuestas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, como "Cuento de Brujas”, premiada en 1898 en la Exposición Universal de París.

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Fermín Cabanillas. La Diputación de Sevilla dedica una de sus novedades editoriales de este año al pintor sevillano Nicolás Alpériz, residente durante amplios periodos vitales en Alcalá de Guadaíra y que, siendo reconocido por sus contemporáneos y descendientes como un artista principal, “tuvo que convertir la pintura en una vía de supervivencia o, como él mismo apuntó, hizo arte por pan”.

En un comunicado, la Diputación señala que se trata del libro titulado ‘Nicolás Alpériz. Arte por pan’, del periodista y guionista José Romero Portillo, una novedad editorial de próxima aparición, que el Servicio de Archivo y Publicaciones del Área de Cultura y Ciudadanía ha coeditado junto al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra.

Autorretrato del pintor sevillano.

De orígenes humildes, Alpériz (1865-1928) fue sastre antes que pintor, pocos artistas de la escuela sevillana conciliaron tanto aprecio como él, justo cuando se acentuaban las rivalidades entre pintores carentes ya de mecenazgos y pendientes de premios en exposiciones oficiales. Alpériz, sin embargo, se ganó el cariño permanente de sus compañeros, de marchantes y críticos, “quizá por su modestia o por haberse apartado de la competencia cainita”.

“Ninguna de estas circunstancias impidió que el artista fuera considerado una de las figuras principales de una época compleja y cambiante, en la que aún se apreciaba la tensión entre el academicismo y la vanguardia”, indica.

El autor cita entre las fuentes estéticas de las que bebió Alpériz a Eduardo Cano y José Jiménez Aranda y da relevancia como claves de su obra a la independencia creativa y a una acertada combinación de temas, entre los que se incluían composiciones históricas, retratos, ilustraciones para libros y, por encima de todo, las escenas costumbristas.

Fueron esas intrahistorias de tono literario, protagonizadas por gente humilde, especialmente niños, los contenidos que, según Romero Portillo, singularizaron a Alpériz, junto a los paisajes, género que proyectó con un renovado espíritu plenairista (pintura al aire libre), desde Alcalá de Guadaíra, su particular ámbito idealizado, donde residió durante largas temporadas e hizo de la pintura esa vía de escape o de necesidad.

Nacido en Alcalá de Guadaíra, en 1981, el autor de este estudio sobre Nicolás de Alpériz es periodista, guionista y doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Comenzó su trayectoria profesional en la sección de Cultura de ABC de Sevilla, en 2002, y un año después se sumó a la editorial Comunicación&Turismo, donde ejerció como redactor y coordinador de la ‘Enciclopedia General de Andalucía’, el ‘Anuario de Andalucía’ o la colección ‘Crónica de un sueño. Memoria de la transición democrática en Andalucía’.

Paralelamente, ha participado como guionista en ‘Andalucía es su nombre’ (Premio Andalucía de Periodismo, 2007) y ‘Andaluzas’ (Premio 28 de Febrero, 2009), programas emitidos por Canal Sur Televisión, y la trilogía de documentales centrados en la figura de Federico García Lorca.

Además, ha dirigido los trabajos ‘Murillo. Óxido y oro’ (2017) y ‘Menese’ (Premio Asecam del Cine Andaluz al Mejor Largometraje de No Ficción, 2020). Hasta la fecha, ha publicado los libros ‘Triunfo. Una revista abierta al sur’ (2002), ‘Víctor Márquez Reviriego. Cronista parlamentario de la Transición’ (2015) e ‘Ignacio Zuloaga en Sevilla’ (2015).

El pintor

Nicolás Alpériz fue un pintor costumbrista español de reconocida calidad y técnica ágil y precisa, algunas de cuyas obras se encuentran expuestas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, como “Cuento de Brujas”, premiada en 1898 en la Exposición Universal de París.

Su verdadero nombre era Nicolás Jiménez Caballero Alpériz, aunque firmaba sus obras solamente con el nombre y el último apellido, se formó en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, siendo sus maestros Eduardo Cano, Manuel Barrón y Jiménez Aranda.

Perteneció a la escuela paisajística de Alcalá de Guadaíra, localidad en la que vivió y cuyas gentes y entorno reflejó en muchas de sus obras.

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