Ocho décadas celebrando la poesía inmortal de Antonio Machado

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero…”, el poeta Gerardo Diego manifestó que Machado «hablaba en verso y vivía en poesía», nada más cierto.

80 años de la muerte del poeta sevillano.

Adriana Ciccaglione. Escudriñar la vida de un poeta, es sin duda una de las tareas más difíciles. Sólo si te desnudas y dejas que la poesía se pliegue a tu piel, puedes comprender los versos más allá del estilo.

La pluma de Antonio Machado siempre es oportuna recitarla y más aún celebrarla. En este 80 aniversario de su muerte, una recomendación llega a mi WhatsApp: “Un día de estos azules, como decía Machado con sol de infancia, te vas a la puerta del Palacio de Dueñas pierdes tu mirada en tan magnífico palacio y recitas esos versos de Antonio Machado del Retrato, esos versos alejandrinos de mi infancia de un patio de Sevilla, es magnífico”.

David Villaraviz es el responsable de esta sugerencia impregnada de la más absoluta poesía. No puede ser de otra forma, él es docente y es poeta, conjuga la palabra para enseñar y crear, un estilo completamente machadiano.




“A orillas del Duero” un poema de Machado que ya tiene 102 años de haber sido escrito.

Machado nació en Sevilla en plena fiesta de Santa Ana, el sol de la capital andaluza, aparece en su poesía como una evocación constante. El 22 de febrero de 1939 partió a la inmortalidad. Hoy, ocho décadas después de que su obra quedara registrada en poesía, prosa, teatro e investigación, sigue más vigente, para recordarlo y como no, para plegarse a esa sabiduría ancestral con la que dejó un legado.

Un poeta popular. Para comprender la obra de Antonio Machado, se ha unido a nosotros un cómplice. Sí ese es el adjetivo, porque sólo los cómplices pueden ayudar y dar su voz comprometida, para este tipo de casos.

Pero es que además, en la poesía más que estudiosos, hay cómplices, como los amantes, como los pájaros que en su trinar le cantan al día, como los niños que se esconden en su juego.

Es profesor y un amante de la poesía de Machado. Ha sido el cómplice para entender el perfil del poeta sevillano.

Manuel Muñoz Navarrete, profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Diamantino García Acosta, se dispuso en tiempo y colaboración, para responder algunas interrogantes, que nos ayudan a descubrir el perfil del poeta sevillano Antonio Machado. Él al igual que David Villaraviz, enarbola la bandera de la educación y la poesía, como una forma de fomentar el arte y que se convierta en un vínculo en la vida de niños, niñas y jóvenes de Sevilla.

– ¿Cuál es la fuerza literaria en la poesía de Antonio Machado?

– Una fuerza portentosa. Se inicia en el modernismo, pero muy pronto rompe con esa estética y se inclina por una poesía de corte más simbolista, existencial y hasta comprometida. Incluso se deja contagiar por los jóvenes del 27 y las vanguardias, pero siempre pasándolas por un prisma personalísimo e insobornable. Además, no es una poesía minoritaria a lo Juan Ramón, sino una lírica con gran arraigo popular. La fuerza de los símbolos de Machado es bien conocida: el camino, el limonero, el olmo, la fuente, el mar, la tarde…

– La generación del 98 dejó una huella tanto en materia política como literaria. ¿Cree que actualmente es necesario un movimiento de este tipo?

– Una generación de este tipo no es algo que pueda forzarse ni “decretarse”. La genialidad de estos autores no surgió de la nada; más bien formó parte de un impulso histórico más amplio, de un afán de renovación que sacudió a la nación entera, profundizándose más tarde con los autores del 27. Con todo, hay críticos que relativizan la existencia de esta generación y resaltan la evolución ideológica opuesta de escritores como Valle-Inclán o Machado, en contraste con “el grupo de los tres” (Azorín, Baroja, Maetzu). Antonio Machado acabó en posiciones nítidamente republicanas yantifascistas; fue “un revolucionario tranquilo”, como dice su biógrafo Ian Gibson.

– ¿Es acaso el exilio un ingrediente que se refleja en los poemas de Antonio Machado?

– Machado murió nada más cruzar la frontera francesa, en Colliure, huyendo de las tropas franquistas en una caravana junto a miles de republicanos. Así pues, no hubo ocasión de plasmar el exilio en su poesía, como sí hicieron otros autores españoles desgarradoramente, como Alberti o Cernuda. Durante su vida, había abandonado Andalucía, pero siempre mostró en sus poemas un gran aprecio por las tierras de Castilla en las que residió. No en vano la que quizá podamos considerar su obra magna se tituló Campos de Castilla.

– En sus autorretratos, Antonio Machado hizo críticas a España, sobre todo al comportamiento de los españoles, ¿qué piensa al respecto?

– Es una temática constante en el autor, que también puede observarse en los “Proverbios y cantares”, en “El mañana efímero”, en Juan de Mairena… Pero lo que Machado criticaba era “la España de charanga y pandereta”, a la vez que mostraba un gran aprecio a “otra España que nace”: “la España de la rabia y de la idea”. Creo que su poema “He andado muchos caminos” clarifica bien su posición: el autor explica que en todas partes ha visto a “mala gente que camina y va apestando la tierra” y también a “buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan”. Machado no odia a España, sino a los que la mantienen en el atraso, a la vez que muestra su amor por los trabajadores y los sectores populares oprimidos de su país, su admiración y su ternura hacia los que laboran “sus cuatro palmos de tierra”.

– ¿Cómo es la influencia del folklore en la obra de Machado?

– Demófilo, el padre de Antonio y Manuel Machado, era un estudioso del cante flamenco. Esta influencia del “cante hondo” es más fuerte quizá en Manuel. Pero también los “Proverbios y cantares” y el Juan de Mairena de Antonio, entre otras obras, registran interés por este tipo de folklore. Ahora bien, hay otro tipo de folklore, de lírica popular y tradicional española, que tiene una hondísima influencia en Machado: el romance. Como en Lorca. Además, Machado introdujo variantes y siguió la estela de Bécquer, con la denominada silva arromanzada, que combina endecasílabos con heptasílabos.

– En cuanto a Sevilla, ¿Cómo sentía el autor su ciudad? ¿La consideraba como tal?

– Machado no era para nada un “sevillanito”, como se dice hoy día. Su famosa “Saeta” esconde en realidad mucho de crítica y de defensa jacobina de una religiosidad más interiorizada: “No puedo cantar ni quiero /a ese Jesús del madero/ sino al que anduvo en la mar”. Son conocidos también sus versos “Oh, maravilla, / Sevilla sin sevillanos”. Yo diría que lo de Machado con Sevilla era una relación de amor- odio. Muchos de sus compatriotas lo comprendemos a la perfección en esto.

– ¿Cómo sienten los sevillanos a Machado?

Machado es, como ya vimos, un poeta popular en su localidad y en Andalucía en general. Es habitual estudiar y memorizar sus poemas en los Institutos de Educación Secundaria. Y muy recurrente utilizar su “Caminante, no hay camino” para enseñar a los alumnos la métrica de versos. Todos los años, en Semana Santa, se canta su “Saeta”, pese a la paradoja apuntada antes. Probablemente Machado es más estudiado y recordado que otros grandes poetas de la ciudad, como Herrera, Bécquer, Cernuda o Aleixandre.

– Se cumplen 80 años de su muerte, ¿por qué es necesario recordar a Machado en este aniversario?

– Por aquello que decía Borges: una biblioteca es un lugar mágico, donde podemos hablar con las personas más sensibles, inteligentes y fascinantes que han existido en la historia. Y porque quien entrara en una biblioteca y no se pasara por la M para buscar las obras de este poeta… se perdería algo único. Por su personalidad: porque no sabía vestir bien y era extremadamente introvertido. Porque no era un producto de marketing lanzado por una editorial, sino un verdadero genio introspectivo, triste y solitario. Porque, como todo auténtico poeta, le puso palabras a lo que muchas veces sentimos pero no sabemos sacar fuera. Decía Machado “a distinguir me paro las voces de los ecos”. Desde luego él creó una voz única e inimitable.

– ¿Cuál considera que es el poema más íntimo de Machado?

– Siempre he tenido en la memoria y me ha impactado “Allá en las tierras altas…”. Este breve poema se inicia con una sobria descripción, para sumergirnos repentinamente en un sueño. Y, de pronto, un verbo sorprendente en segunda persona se dirige a Leonor y le pide que le dé la mano. Leonor Izquierdo era la jovencísima esposa de Machado, que había muerto solo tres años después de casarse. En el poema, Machado parece caminar con Leonor por el campo. Pero de pronto se da cuenta de que solo lo está imaginando, de que su esposa ha muerto y el poema se cierra diciendo: “Por estos campos de la tierra mía, / bordados de olivares polvorientos, / voy caminando solo, / triste, cansado, pensativo y viejo”.

La exposición en la Fundación Cajasol, tendrá sus puertas abiertas hasta el 24 de mayo, Foto: Fermín Cabanillas.

Entre poemas y exposiciones. ‘Antonio Machado en el recuerdo. 80 aniversario de su muerte’, es el título del homenaje que desde la Casa de los Poetas y las Letras han planificado. Para el 22 de febrero, está previsto que a las 12.30 horas, en la calle Dueñas se haga una lectura pública de sus poemas. La actividad está organizada por David Eloy Rodríguez.

El 22 de febrero a las 20.00 horas en el Salón de Actos de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, se realizará una sesión de homenaje a Antonio Machado en el 80 aniversario de su fallecimiento, con lectura comentada de alguna de sus obras.

Mientras que en la Fundación Unicaja, han abierto la muestra expositiva Los Machado vuelven a Sevilla. Con esta exhibición Unicaja abre las puertas a su centro cultural. En la misma, los sevillanos podrán apreciar más de cien piezas del fondo documental de la familia Machado. La exposición estará abierta hasta el 24 de mayo.



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