Redacción. «Comer es una acción cotidiana que realizamos todos los días de nuestra vida, por lo que la comida es un factor de alta importancia en nuestra salud en general. Todo lo que comemos impacta de mayor o menor manera en nuestro cuerpo«, afirma Javier García Pereda, profesor de Nutrición y Bromatología de la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla. García Pereda ha realizado estas declaraciones con motivo de la celebración del Taller ‘La vuelta al mundo de la alimentación saludable’, que dirige y que forma parte de la 23 edición de los cursos de verano de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.
El profesor ha analizado la relación directa e innegable entre lo que ingerimos y nuestra calidad de vida. Su análisis subraya que cada decisión en la mesa es un pilar fundamental en la construcción de una salud robusta y duradera. Sin embargo, el experto alerta sobre la polarización emocional que rodea a la comida en la sociedad contemporánea. «Gente que apenas presta atención a lo que come» convive con «personas que se obsesionan con su alimentación», creando una dicotomía que, según García Pereda, evidencia la urgente necesidad de un equilibrio para lograr una dieta sostenible y verdaderamente saludable.
En relación al papel que juega el conocimiento nutricional básico, el director es categórico: «Es lo más importante; cuanto más conocimiento, más capacidad de toma de decisiones». Esta afirmación destaca la imperiosa necesidad de empoderar a la población con información veraz para que puedan tomar las riendas de sus elecciones alimentarias de forma consciente e informada.
Respecto a la tan valorada dieta mediterránea, el profesor realiza una matización. «El concepto de este tipo de dieta quizás está sobrevalorado; cualquier dieta tradicional en cualquier parte del mundo puede aportar sabor y salud. Lo importante no son los alimentos que se comen, sino todos los productos ultraprocesados superfluos que se consumen como refrescos, dulces, etc.», explica. Así, para García Pereda, el verdadero enemigo no son los alimentos en sí, sino la avalancha de productos ultraprocesados. El desafío, por tanto, radica en educar y concienciar a la población frente a la arrolladora influencia de la comida rápida y procesada. «No hay otra vía», sentencia.



