Reyes Sosa, la sevillana que se enamoró del Parque del Amor de Lima

Este tiempo está suponiendo para ella un enriquecimiento personal difícil de explicar. "He de confesar que me vine llorando por dejar Sevilla y estoy convencida de que derramaré más de una lágrima cuando deje Lima".

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Ha conseguido superar muchos retos y se llevará muchas experiencias en la mochila de vuelta.

Rosa Brito.  Reyes Sosa Coca (40 años) se encuentra en Lima por motivos profesionales de su marido, que se han trasladado para implantar su despacho de abogados, abriendo la primera oficina de Perú. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, Reyes es Gerente de proyectos de Consultoría de RRHH. Desde que está allí, está haciendo colaboraciones como Coach ejecutivo con una consultora y acaba de iniciar un proyecto con una ONG para fomentar el talento local en el ámbito del Data Science.

Define Lima como un ciudad con mucho encanto. “Es cierto que el tráfico es caótico, pero su malecón y el ruido del pacífico son maravillosos. Hacer deporte o pasear por allí es una de mis actividades preferidas”.  Está enamorada de sus rincones, especialmente en el Barrio de Barranco, que tiene un aire muy especial, melancólico y bohemio. “Su centro histórico tiene una arquitectura muy sevillana. También hay restaurantes en los que se come una comida de fusión realmente rica, parques muy bonitos. Animaría a cualquiera a pasar aquí una temporada”.

Su lugar favorito es el Parque del Amor, en el Malecón. Reyes lo describe como un sitio especial. Frases y esculturas relacionadas con el amor ambientan un lugar diferente en el que es un placer tomarse un café mirando al mar. “Me enamoré nada más verlo”.

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Vivir allí es bastante diferente a Sevilla. “Depende un poco de la situación de cada uno. “Nosotros tenemos todo muy cerca, y hacemos mucha vida caminando o en bicicleta. Se parecería más a una vida de barrio o pueblo pequeño que de una gran ciudad. Nos movemos en dos distritos fundamentalmente, San Isidro y Miraflores. Amanecemos mucho antes, y también nos vamos a la cama muy temprano. Como diferencia fundamental con España, y en particular con Sevilla, diría que se hace mucha más vida en las casas que en la calle, recibiendo amigos permanentemente”.

En general, la gente es muy amable. Aunque a Reyes le ha costado un poco adaptarse a los ritmos, que son distintos. “No hay tanta inmediatez cuando quieres resolver algo. Pero esa tranquilidad se acaba contagiando y también tiene su parte positiva”.

Como todo viajero, tiene la maleta llena de anécdotas. Entre ellas está las dificultades que tuvo con su primera gran compra en el supermercado. “Los nombres de los alimentos cambian más de lo que pensamos (zapallo, kion, palta, choclo, camote, menestra) y además, para mi sorpresa, no tenían servicio de reparto a domicilio. En cambio, venía un empleado del súper contigo hasta tu casa ayudándote. Fue una experiencia divertida, incluso para mis hijas que me acompañaban”.

Reyes hace un balance es positivo al 100%. Ha conseguido superar muchos retos y se llevará muchas experiencias en la mochila de vuelta. “Quizás también he tenido un poco de suerte, porque he encontrado personas en el camino que me han ayudado muchísimo, que son maravillosas. Algunos españoles que llevaban años aquí nos han abierto muchas puertas y nos han hecho sentir en casa. También he conocido gente de Perú, Colombia y  Argentina que permanecerán en mi vida aun cuando vuelva a España”. Aprovecha así este pequeño espacio para agradecerles cómo le han acogido.

Cruzar el puente de Triana dando un paseo, la vida en la calle, la luz del sol en primavera, o las comidas es lo que más echa de menos, además de a sus familiares y amigos. “No imaginaba que me gustara tanto la caña de lomo y el jamón”.

Reyes está segura de que si algún sevillano decide dar el paso de irse al extranjero no se arrepentirá. “La decisión inicial de marchar es lo más complicado pero, una vez que la tomas, lo demás viene casi solo. Está claro que hay que abrirse a nuevas personas, nuevas culturas, nuevos sitios. Hay que entrenar la mirada para recibir todo lo nuevo en positivo. Si pones foco permanentemente en lo que te falta es imposible disfrutar la experiencia. Este tiempo está suponiendo para mí un enriquecimiento personal difícil de explicar. He de confesar que me vine llorando por dejar Sevilla y estoy convencida de que derramaré más de una lágrima cuando deje Lima”. A esta ciudad y a muchas de las personas que he conocido aquí siempre les pertenecerá un trocito de mi corazón”.

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