Sevilla, la paz de los líderes del mundo a principios del siglo XVIII

El Tratado de Sevilla del año 1729 se firmó en el Alcázar como acuerdo internacional entre España, Francia y Gran Bretaña, poniendo fin a la guerra angloespañola.

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Virginia López. La Historia Universal está cuajada de grandes tratados que han pasado precisamente a eso, a la Historia; y que en las enseñanzas básicas todos hemos estudiado. Las grandes guerras, los conflictos bélicos más importantes, todo acontecimiento bélico por muy cruento o sangriento que fuera, finalizaba en un tratado. Terminar en tablas es cosa solo del ajedrez.

Tablilla que contiene el Tratado de Qadesh entre Ramsés II y los hititas en 1259 a.C. Es uno de los tratados de paz más antiguo que se conserva.

En un tratado se estipulan las condiciones de rendición, de paz, las indemnizaciones – la de Alemania tras la Primera Guerra Mundial finalizaba en 1983 –, como quedan las nuevas delimitaciones geográficas – la población de Alsacia-Lorena lleva más siglos de alemana que de francesa que es lo que es ahora –, etc, siendo deseable que se incluyan puntos relativos a resolver o prevenir futuros conflictos.

Un conflicto o una guerra pueden acabar, en uno o varios tratados de paz que al firmarse en una localidad concreta, ésta lo bautiza. De tal manera que hay tratados célebres por la guerra que cierran o por su ubicación.

Sevilla, grabado de Joris Hoefnagel (año 1588).

La Historia de España está cuajada de contiendas allende las fronteras, los mares y en nuestro propio territorio. Qué decir, si los más pesimistas ven nuestro país cainita y guerracivilista – con ocho a sus espaldas –, pero de todas las batallas libradas en nuestro país, hay una que afecta a Sevilla.

Tapiz de la Catedral de Lérida con la Boda de los Reyes Católicos (s. XVI).

Y no es una gran batalla pero siendo destacable el triunfo por nuestro lado y sobre todo, cómo nos atañe, merece que le dedicáramos un artículo, justo el día que se conmemoraba, fíjense en el pintoresco nombre, la Batalla de Triana.

Pues bien, hay dos Tratados que llevan precisamente el nombre de nuestra ciudad, por firmase aquí, uno de índole interna y el otro es internacional.

No son grandes tratados pero a la vez son muy desconocidos entre los sevillanos, de ahí que vayamos a conocerlos:

Grabado de Pedro Tortolero con la Entrada de Felipe V en Sevilla en 1729.

El Tratado de Sevilla del año 1500 se firmó en el Alcázar de Sevilla entre los Reyes Católicos y el Reino de Navarra. Fue en realidad un acuerdo que propició la paz entre ambas partes. Navarra se comprometía a mantener su neutralidad entre Francia y la monarquía hispana y a cambio las guarniciones castellanas, acantonadas allí desde 1495, salieron.

Asedio de Gibratar en 1727.

También fueron perdonados los Beaumonteses, el bando creado por el rey navarro Carlos III “El Noble” que desde el siglo XV estaba enfrentado al bando de los Agramonteses, creando un ambiente de división social y militar según los apoyos externos que recibían, especialmente de las coronas castellanas y francesas.

Doce años después, el Tratado de Blois entre Navarra y Francia fue la excusa del rey Fernando V el Católico para iniciar la conquista militar del reino navarro, con ayuda del Papa mediante bula, pues era enemigo de Francia.

Así que el acuerdo firmado en Sevilla fue un corto balón de oxígeno.

 

Resulta curioso ver que un documento del Tratado de Sevilla (1729) se ha venido en la web Todocolección.

Como curiosidad histórica, el último monarca navarro fue Juan III pero el Rey Juan Carlos I enterró a su padre, el Conde de Barcelona, como Juan III, esto es, como sucesor de Juan II de Castilla – padre de Isabel La Católica – y de Juan II de Aragón – padre de Fernando El Católico – y rey consorte de Navarra por su matrimonio. Pero el enlace no supuso anexión territorial.

El Tratado de Sevilla del año 1729 se firmó igualmente en el Alcázar y se trata de un acuerdo internacional entre España, Francia y Gran Bretaña. También pone fin a una guerra, la angloespañola que transcurrió entre 1727 y 1729.

Esta guerra se produjo por el descontento entre la potencias europeas del acuerdo firmado entre España y el Imperio austríaco (Tratado de Viena, 1725) que amenazaba a Italia y el equilibrio formado por la Paz de Utrecht. En realidad, casi tres quinquenios después, coleaba el tema de Gibraltar que se intentó recuperar mientras los ingleses lo intentaron con Portobelo (en Panamá).

La familia de Felipe V (1723), obra de Jean Ranc. El infante Carlos es el que sostiene el retrato de su hermana Mariana Victoria.

Detengámonos en el caso de Gibraltar, según el historiador Salvador Albareda:

“Para obligar a que Felipe V desistiera de su proyecto revisionista de lo pactado en Utrecht, Gran Bretaña desplegó su flota por el Mediterráneo y el Atlántico, capturando barcos españoles sin que hubiera habido una declaración de guerra. Como las reclamaciones ante el gobierno de Londres por los apresamientos por barcos británicos, a los que la corte de Madrid consideraba piratas, no surtieron ningún efecto, el nuevo grupo de consejeros que había sustituido a Ripperdá apoyaron la decisión de Felipe V de conquistar Gibraltar.

El Infante Carlos, futuro Carlos III, en 1731, obra de Piane.

Así en enero de 1727 el embajador español ante la corte de Jorge I de Gran Bretaña presentó un escrito en que consideraba sin valor el Tratado de Utrecht por el que se cedía Gibraltar, alegando los incumplimientos del mismo por parte de Gran Bretaña —había ocupado tierras en el istmo, no había garantizado el mantenimiento del catolicismo y había permitido la presencia de judíos y musulmanes—.

El asunto fue llevado al parlamento y allí se comprometió a que nunca se entregaría Gibraltar sin el consentimiento expreso del mismo, lo que supuso la declaración de guerra a la Monarquía de España. ​

El Tratado fue firmado el 9 de noviembre y el 21 se adhirieron los Países Bajos. Gran Bretaña conservó Gibraltar y el dominio del puerto de Mahón – hasta 1782 no se recuperó Menorca entera, ¿se imaginan un Rafa Nadal inglés? – e indirectamente España se vio beneficiada pues el infante Carlos, futuro Carlos III, tenía el camino despejado en Italia.

Fragmento del texto del Tratado de Sevilla (1729).

La historia es caprichosa pues Carlos III era rey de Nápoles y de Sicilia y se convirtió en Rey de España a la muerte sin descendencia de su hermano Fernando VI.

El Tratado de Sevilla fue esgrimido en varias ocasiones por las potencias afectadas y allanó el camino a la paz, pues pese a las reticencias austríacas de que hubiera un Borbón español en Italia, no hubo otro conflicto armado.

Hasta el próximo como fue la llamada Guerra del Asiento, otro conflicto anglohispano (1739-48), esta vez en el Caribe y que se originó por la famosa Oreja de Jenkins. Pero eso ya es… otra historia.

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