HBN. El océano desempeña un papel fundamental en la regulación del clima global al absorber parte del dióxido de carbono presente en la atmósfera. Sin embargo, conocer con precisión cuánto carbono llega realmente a las profundidades marinas sigue siendo uno de los grandes desafíos científicos.
En este contexto, una investigación liderada por la oceanógrafa de la Universidad de Sevilla, Elena Ceballos, ha analizado la fiabilidad de las cámaras submarinas conocidas como Underwater Vision Profilers (UVP), una tecnología ampliamente utilizada para estudiar este proceso.
El trabajo, financiado por la NASA, concluye que estas cámaras funcionan adecuadamente para detectar patrones generales a gran escala, pero presentan limitaciones significativas cuando se utilizan en condiciones oceánicas más complejas. El estudio señala que una representación incompleta del carbono que llega al océano profundo podría afectar a las proyecciones climáticas futuras.
Cómo funcionan estas cámaras submarinas
Las UVP son cámaras de alta resolución capaces de fotografiar partículas orgánicas suspendidas en el agua, conocidas como «nieve marina». Estas partículas se generan principalmente a partir del fitoplancton y transportan carbono desde la superficie hacia las profundidades del océano.
A través de imágenes que registran su tamaño y abundancia, los investigadores pueden estimar la cantidad de carbono que se está almacenando en el fondo marino. Su principal ventaja frente a otros métodos tradicionales es que permiten recopilar grandes cantidades de datos de forma continua y en amplias zonas oceánicas.
Un análisis basado en uno de los mayores proyectos oceanográficos
Para evaluar la precisión de esta tecnología, el equipo científico trabajó con datos obtenidos durante el proyecto internacional EXPORTS, financiado por la NASA. La investigación reunió durante seis semanas a cinco buques oceanográficos que realizaron más de 70 campañas de medición simultáneas en el Atlántico Norte y el Pacífico Norte.
Los resultados obtenidos mediante las cámaras submarinas se compararon con otras técnicas independientes ampliamente utilizadas por la comunidad científica, como las trampas de sedimentos y el trazador radiactivo torio-234.
Tres limitaciones principales detectadas
El estudio identifica varios factores que afectan a la precisión de las cámaras UVP. En primer lugar, presentan dificultades para detectar partículas grandes y poco frecuentes, aunque estas pueden transportar cantidades muy elevadas de carbono.
Además, el sistema pierde fiabilidad cuando la cantidad de nieve marina cambia rápidamente con el tiempo. Por último, las estimaciones resultan menos precisas en zonas donde existe una gran diversidad de partículas, ya que el método se basa principalmente en su tamaño y no tiene suficientemente en cuenta otras características físicas o biológicas.
Las conclusiones tienen especial relevancia porque los datos generados por estas cámaras se incorporan cada vez más a modelos globales sobre el ciclo del carbono y a herramientas utilizadas para proyectar escenarios climáticos futuros.
Los investigadores consideran que mejorar la precisión de estas mediciones permitirá comprender mejor la capacidad real del océano para absorber carbono y contribuir a la lucha contra el cambio climático.
Por ello, el equipo propone avanzar hacia nuevas metodologías que incorporen variables adicionales como la forma, la transparencia o la morfología de las partículas.
Hacia una nueva generación de herramientas oceánicas
El objetivo es desarrollar sistemas capaces de diferenciar mejor los distintos tipos de nieve marina y calcular con mayor exactitud la cantidad de carbono que permanece almacenada en las profundidades del océano.
La investigación supone un nuevo avance en el conocimiento de uno de los procesos naturales más importantes para la regulación del clima terrestre y sitúa a la Universidad de Sevilla en una línea de trabajo científica con impacto internacional.



