“Somos unos privilegiados: pudimos elegir trabajo y dónde vivir”

La empresa de Dani, el marido de Marta Comesaña Casado, lo destinó a Helsinki durante cinco años. La estancia se quedó en la mitad, y les supo a poco. En cuanto regresaron a Alcalá de Guadaíra, buscaron la fórmula para volver a vivir en el extranjero.

Marta con Dani, su pareja, en Brujas.

C.P.G. Helsinki (Finlandia), donde llegaron empujados por la empresa de su marido, Dani, pero entusiasmados, les motró lo enriquecedor que es vivir en el extranjero y, en particular, a Marta Comesaña Casado (Alcalá de Guadaíra, 1979) la de desarrollar su carrera profesional como fotógrafa: “Me enfoqué sobre todo en la fotografía artística, hice varias exposiciones y vendí algunas fotografías”. La experiencia duró menos de lo previsto: dos años y medio. Y al poco de regresar a España tuvieron claro que querían volver a vivir fuera. Eligieron Gante (Bélgica), por el trabajo de Dani y por las opciones para Marta: “En Gante he trabajado con la Concejalía de Servicios Sociales e Integración del Ayuntamiento para la publicación de dos libros relacionados con la inmigración. Uno de ellos para solicitar ayudas europeas para aquellos en riesgos de exclusión o de difícil inserción. Y el otro en el que se cuentan historias de inmigrantes ya totalmente integrados”.

-Nacida en Alcalá de Guadaíra, ¿cómo era tu relación con Sevilla?
-Recuerdo mi infancia casi siempre en Alcalá, en casa de mis abuelos, haciendo planes con mis primos en nuestras casas y picnics en el campo, jugando en la calle de atrás de mi casa con los vecinos… El colegio Cervantes, donde iba a Primaria, lo recuerdo con mucho cariño. Allí hice muchos amigos, y algunos siguen siendo imprescindibles para mí hoy día. Tengo poca conciencia de ir mucho a Sevilla de pequeña. Eso sí, a menudo íbamos a casa de mi tío Jesús, en pleno corazón de la ciudad, y eso lo disfrutaba mucho. A la capital le he ido cogiendo más cariño con el tiempo y con la edad, sobre todo, desde que vivo fuera. Últimamente digo mucho que, si volviésemos, me gustaría ir a vivir allí, cerca de mi hermana.

-¿Por qué decidiste irte fuera?
-Al poco tiempo de terminar las prácticas como fotógrafa en El Correo de Andalucía, periódico donde trabajaba entonces mi hermana mayor, a Dani, mi marido, le ofrecieron trabajar en un proyecto que duraría unos cinco años en Helsinki y no nos lo pensamos dos veces, ¡estábamos entusiasmados con la idea! Tan entusiasmados que los dos años y medio que pasamos allí al final se nos quedaron cortos. Nos volvimos antes de lo esperado porque a Dani lo promocionaron. Después de unos meses de nuevo en Alcalá, lo teníamos claro: queríamos volver a irnos fuera a vivir. Dani empezó a buscar trabajo y justo un año después de volver nos estábamos mudando a Bélgica.

Marta, con Eric, en Werregarenstraat, más conocida como la calle de los grafitis, en Gante.

-¿Por qué elegisteis Bélgica?
-Entre las ofertas de trabajo que Dani tenía entre manos, la de Bélgica fue la que más nos convenció, teniendo en cuenta el lugar donde viviríamos y, sobre todo, el trabajo que Dani desempeñaría. Tuvimos la suerte de poder esperar y elegir el destino que más nos interesara en función también del trabajo de Dani. Teniendo en cuenta toda la gente que tuvo y que tiene que emigrar por falta de trabajo en sus lugares de origen, nosotros fuimos y somos unos privilegiados.

-¿Cómo es Gante?
-Esta ciudad nos encanta, fue todo un acierto elegirla porque lo hicimos totalmente a ciegas, teniendo en cuenta además que el trabajo de Dani estaba en otra ciudad, Kortrijk, a unos 50 kilómetros, sin conocer a nadie por aquí ni tampoco a nadie que hubiese estado antes. Dani se vino un par de meses antes que yo y así pudo ver que Kortrijk no le convencía para mudarnos allí, sobre todo pensando en mi desarrollo, tanto social como profesional. Es una ciudad bastante más pequeña y mucho más cerrada, donde no todo el mundo

Marta, con sus hermanas, Iria y Aurora, y su cuñado, en Gante.

habla inglés. Así que la búsqueda de casa se centró desde el principio en Gante y desde entonces vivimos aquí.

-¿Cómo fueron tus primeros días allí?
-No recuerdo especialmente mis primeros días aquí, así que supongo que no fueron demasiados malos. Yo estaba entusiasmada con todo, nueva casa, nueva ciudad, nueva VIDA. No tenía tiempo que perder para poner todo en cauce.

-¿Cuál era tu nivel de idiomas al llegar?
-Bueno, yo lo pasé muy mal con eso en Helsinki porque el inglés que llevaba era un poco más que el que dí en el instituto y de esa época había pasado mucho. Y obviamente de finlandés, ni hablamos. Pero al final conseguí darle rodaje y eso me facilitó mucho la llegada a Bélgica. Otra cosa que agradecer a nuestra primera experiencia viviendo fuera. Ahora ando batallando con el holandés, pero eso es otra historia… Es difícil aprender un idioma local cuando todo el mundo se defiende perfectamente en inglés, aunque asumo totalmente mi responsabilidad. Ahora estoy en un punto en el que entiendo bastante pero todavía no he dado el salto para hablarlo, solo cosas simples y básicas del día a día. Aunque me temo que con un niño de dos años y medio que acaba de empezar en el colegio voy a tener que ponerme las pilas muy rápido ¡o me alcanzará pronto!

-¿Cuál es tu balance de la experiencia?
-Muy positivo, aunque no todo es bueno. Es muy duro estar lejos de las personas que quieres, sobre todo cuando las cosas se tuercen, ya sea a mí o a las personas que quiero.

Marta, de excursión por las ardenas flamencas.

– ¿Cuáles son, a tu parecer, los pros y contras de vivir en el extranjero?
-Pues eso creo que depende mucho de la mentalidad con la que vayas. Nosotros estamos viviendo esta experiencia porque lo elegimos así, entonces todo lo afrontamos con ilusión y positivismo. Y también supongo que depende del lugar adonde emigres…
Por ejemplo, cosas obvias como la falta de sol y los días tan cortos en inviernos te hacen preguntarte a veces el porqué estás aquí.
Otro hándicap importante cuando llegas y para encontrar trabajo es el idioma, aunque en mi caso es más por frustración personal y por sentirme yo incómoda que porque no haya podido adaptarme.
Y algo a lo que me está costando adaptarme es a la maternidad. Obviamente, el hecho de ser madre es ya un desafío en sí mismo, pero vivirla estando lejos de los tuyos hace que a veces sientas que te falta el aire.
En cuanto a cosas positivas, son muchas. Por ejemplo que aquí vamos a todos lados en bicicleta, son un medio de transporte generalizado y eso es calidad de vida. Gante no es una ciudad demasiado grande, ni con grandes desniveles, así que es fácil desplazarte de un lado al otro de la ciudad de este modo.
Otra ventaja es que abres tu mente a todo tipo de situaciones y estilos de vida. Para empezar tienes que adaptarte a una cultura y a un modo de vida diferente y debes tratar de ser lo más amoldable posible. Por otro lado, por el hecho mismo de ser extranjero, es fácil que conozcas y te relaciones también con personas de otros países, razas y culturas,

Marta, junto a sus hermanas, celebrando el cumpleaños de su hermana Aurora en Bruselas con gofres.

por lo que tu visión global se expande casi sin pensarlo. Esto ocurre vivas donde vivas, supongo.

-¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?
-Para mí, sin duda, el cáncer que padeció mi madre. Vivir todo aquello en la distancia me generaba mucha angustia y frustración. Tanto, que decidí volverme a Sevilla a vivir con ella los que fueron sus últimos meses de vida.

-¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España?
-Es diferente, sí. Las rutinas, tal y como las entendía antes, ya no existen. Aquí se almuerza sobre las 12 horas y se cena sobre las 18 o las 19 horas durante la semana. Los almuerzos son mucho más ligeros que las cenas. Las cafeterías cierran como muy tarde a las 18 horas. Las tiendas y supermercados, a las 19 horas. Los planes con amigos se suelen hacer con bastante antelación, aquí no se lleva el “¿nos tomamos luego un cafelito?” porque normalmente ya habrán quedado o, simplemente, eso les descuadra lo que ya tengan en mente hacer. No les va mucho eso de improvisar.

-Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia.
-Voy a contar una cosa que me impactó mucho cuando vivimos en Helsinki sobre el civismo: la gente que llega a trabajar más temprano aparca más lejos para dejar los sitios más cercanos a los que van llegando más tarde. Y como eso, allí, todo. Imaginaos si todos pensásemos en los demás con gestos así, tan simples como prácticos.

-¿Y sus habitantes, cómo son?
-Aquí en Gante la gente es bastante simpática a primera vista, pero profundizar en relaciones con ellos, a veces, no es sencillo, es difícil pillarles el punto. Son directos, honestos y reservados. Eso sí, si pienso en mis amigos belgas, siento que lo van a seguir siendo para toda la vida, incluso si algún día dejamos de vivir aquí, porque también son leales e incondicionales.

Marta, con su hijo Eric, en Brujas.

– ¿Como es un día cualquiera de tu vida en el lugar donde vives ahora?
-La verdad es que mi vida y mis rutinas han cambiado mucho desde que vivimos aquí, por distintas circunstancias: cambios de trabajo de Dani, la enfermedad de mi madre, el nacimiento de Eric… Antes solía ser mucho más diversa y con una rutina más loca. Ahora es más sencilla e intento que más ordenada, pero mucho más intensa. La verdad es que suena contradictorio, pero así lo siento.
Por la mañana intento levantarme temprano para aprovechar antes de que Eric se despierte. Tengo ahora mismo un trabajo ideal que me permite llevarlo y recogerlo del colegio, eso es un privilegio. Cuando lo recojo, dependiendo del tiempo que haga, nos vamos a dar una vuelta o a una cafetería que hay en el barrio con sitio y juguetes para que los niños jueguen, visitamos a algún amigo o nos quedamos en casa jugando. Intentamos cenar pronto, sobre las 20 horas, para que Eric se vaya temprano a dormir (aún así, me temo que mucho más tarde que el resto de niños por aquí…). Uno o dos veces por semana voy a jugar al voleibol por la tarde/noche y, aunque intento levantarme temprano, no me suelo ir a la cama antes de las 23:30 horas para pasar un rato con Dani viendo una serie, leyendo u organizando el siguiente viaje juntos. Antes también iba a clases de holandés, pero ahora con el trabajo no tengo mucho tiempo.

-¿Cuál es tu lugar favorito de tu nueva ciudad? ¿Y de la provincia de Sevilla?
-Más que lugares favoritos, cada vez me importan más los momentos que paso con la gente que quiero, sean donde sean.

-¿Cuál es la imagen que tienen de España?
-Pues la verdad es que no estoy muy segura, no es algo que vaya preguntando. Lo que sí te preguntan ellos a ti es por qué vives aquí pudiendo hacerlo ahí, en Sevilla. Así que no deben de tener muy mala imagen de nosotros o les compensa todo por tener buen clima.

-¿Te has marcado algún nuevo objetivo o reto?
-Bueno, acaba de empezar el año, así que sí, me he marcado unos cuantos. Uno de ellos es el de tomarme la fotografía nuevamente como un hobby y quitarme de una vez la presión de tener que vivir de ella, porque eso me ha estado torturando un poco desde que llegué a Gante, especialmente desde que soy madre.

Esta es de la primera vez Marta y Dani salieron con Eric a dar un paseo después de nacer. Les acompañaron los padres de Dani, su tía Conchi y sus hermanas.

-¿Qué piensa tu familia y amigos de tu aventura?
-No sabría decirte, depende de a quién preguntes, supongo. Mi madre era feliz porque me veía feliz, pero estoy segura de que si le hubieran dado a elegir a ella, hubiese preferido que no me hubiese ido nunca. Los padres de Dani creo que un poco igual, siempre nos dicen que por qué nos hemos ido tan lejos si estábamos bien en Sevilla.
De todos modos, nosotros nos rodeamos de mucha gente que vive o ha vivido fuera. Uno de mis mejores amigos acaba de volver a Alcalá después de 10 años viviendo en Londres, con su mujer australiana a la que conoció allí, y con sus dos hijos. Y si echo cuentas, de los nueve primos con los que os contaba que he pasado gran parte de mi infancia, tres vivimos fuera, uno en Alemania, otro en Japón y yo en Bélgica, otra acaba de volver después de vivir en Chile y Argentina, otra está a punto de venirse también a Bélgica en los próximos meses y dos viven fuera de Sevilla… Vamos, que la situación de ser emigrante está normalizándose mucho a

mi alrededor en los últimos años.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
-De momento vivimos y estamos a gusto aquí. Creemos que para Eric es una oportunidad increíble vivir entre dos culturas, aprender diferentes idiomas… Al final, cuando tienes un niño, inevitablemente, todo pasa a girar en torno a él.

-¿Piensas volver a España, a Sevilla, en breve?
-De momento no, pero quién sabe… Una vez que te has ido, no una, sino dos veces a vivir fuera, es difícil saber donde estará escrito tu destino.

-¿Qué es lo que más echas de menos de Sevilla?
-A los míos. Las tostás de pringá. Y ya, luego, el sol.

Marta Comesaña con el grupo del curso de integración organizado por la ciudad de Gante.

-¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? ¿Por qué?
-Yo lo recomiendo porque para mí ha sido y está siendo una experiencia muy enriquecedora, de la que saco muchas más cosas positivas que negativas, por eso sigo aquí. Pero está claro que no siempre las circunstancias ayudan a tomar ciertas decisiones y que no todas las personas están preparadas para vivir las mismas aventuras. Lo que sí pienso es que cada persona debería estar viviendo la vida que elige, no la que se le impone. Si eso se cumple, todo vale.

 

One Response to "“Somos unos privilegiados: pudimos elegir trabajo y dónde vivir”"

  1. Pablo   1 febrero 2019 at 7:39 pm

    ¡Olé la gente GUAPA!

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