Universidad de Sevilla

Un buzo se sumerge en agua residual para reparar la depuradora de La Ranilla

Había que realizar a ciegas una compleja operación de mantenimiento en la planta, que el buzo ha logrado culminar con éxito cargado con un equipo de más de 50 kilos.

El buzo ha tenido que trabajar bajo seis metros de profundidad de agua residual.

Redacción. La Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de La Ranilla, en Sevilla, ha sido escenario de una compleja operación de mantenimiento en el pozo de gruesos, la primera parte de la instalación a la que entra el agua fecal sin recibir aún ningún tipo de tratamiento de limpieza previa.

Este pozo, rectangular y de unas grandes dimensiones (6 x 5 metros aproximadamente), va acumulando en su interior todos los residuos que se reciben en la depuradora a través de la red de alcantarillado, y unas potentes bombas los impulsan después hacia la siguiente fase para comenzar el proceso de limpieza del agua.

A una de estas bombas, instalada en el fondo a seis metros de profundidad, se le había soltado una parte que era necesario recuperar para su reparación. Para hacer esto habría sido necesario vaciar el pozo de gruesos, lo que habría afectado al funcionamiento normal de la planta.

Es por esto que Aqualia, empresa encargada de la gestión y mantenimiento de la planta para Emasesa, decidió realizar esta operación a través de la inmersión de un buzo especializado sin parar el funcionamiento de la instalación.

El equipo de esta intervención ha estado formado por cuatro personas.

El equipo estaba formado por cuatro personas más, entre las que se encontraba otro buzo igualmente equipado preparado para socorrer a su compañero en caso de que hubiera cualquier incidencia durante la inmersión.

Cargado con un equipo de más de 50 kilos, el especialista trabajó durante más de dos horas en el fondo del pozo de gruesos hasta dar con la pieza que se había soltado de la bomba y a tientas atornilló los cuatro anclajes a una cadena con la que se pudo subir dicha pieza mediante una grúa hacia la superficie para proceder a su reparación. Después se encargó de instalar la nueva bomba en el fondo.

El buzo consiguió realizar este trabajo sumergido en las aguas residuales, a seis metros de profundidad y sin ningún tipo de visibilidad, solo ayudado por el tacto y guiándose por las indicaciones de voz que recibía de los técnicos de Aqualia mediante el equipo de comunicaciones.

La operación contó en todo momento con un estrecho control de las medidas de seguridad necesarias y se completó de manera exitosa evitando cualquier daño humano y/o medioambiental.





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